| Pedro
Roque*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La migración en un fenómeno natural de supervivencia en
el mundo animal. Los pájaros nacen con el instinto de volar miles
de kilómetros de unos lugares del planeta a otros en busca del
calor, pues sus plumajes no soportan el frío del invierno y morirían.
Es maravilloso cómo se organizan y ordenadamente vuelan en las
direcciones que tienen programadas en sus cerebros, para llegar a los
lugares donde pasarán el siguiente verano. Gustavo Adolfo Becker
nos dejó el poema: ìVolverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar, pero aquellas… Si se acuerda,
hoy domingo, recítela para su cónyuge.
En España existe la transhumancia del ganado bovino de las dehesas
del invierno a las del verano y en África los ñus y las
cebras migran por cientos de kilómetros en busca de pastos, atravesando
las planicies donde los esperan las manadas de leones, hienas y leopardos
que matan y se comen a los débiles, pero siguen y cruzan los ríos
caudalosos plagados de cocodrilos, que también cobran su peaje,
devorando a otro gran número de animales.
En el mar, los peces y los mamíferos marinos migran en busca de
aguas cálidas para aparearse o como las ballenas y las focas, dar
a luz. Los salmones nadan desde el mar río arriba y a pesar que
osos y pescadores les esperan, la mayoría consigue sobrepasar.
En la escuela aprendimos que el hombre en su primera época, durante
miles de años, fue nómada, hasta que descubrió el
fuego y aprendió a cultivar la tierra.
Supuestamente el hombre proviene de África, de ahí paso
a Europa y luego por el estrecho entre Rusia y Alaska llegó a América,
la fue poblando y bajó hasta Sur América.
También se asegura que a Sur América el hombre llegó
de Asia en barcas que navegaron sobre corrientes oceánicas, de
ahí que en el Tibet o en Mongolia, se encuentren rasgos muy semejantes
a los de Perú, Bolivia y Ecuador.
Los europeos migraron para conquistar y colonizar toda América,
gran parte de África, la India y parte de Asia y en los tres últimos
siglos, Estados Unidos y Canadá. Del este partieron para conquistar
el oeste americano. En Centro América, no sabemos por qué,
las tribus migraron dejando ciudades monumentales abandonadas.
Ahora, en nuestro tiempo, tenemos el fenómeno creciente de la “emigración”
de los países pobres hacia los países ricos, buscando oportunidades
de trabajo, de sobrevivir de los países en guerra o bien huyendo
de dictaduras.
En El Salvador la emigración se ha convertido en una nueva forma
de vivir, convivir y sobrevivir a pesar de la desintegración de
las familias, y hoy todos los salvadoreños tenemos algún
pariente en Estados Unidos, Canadá, Australia o Europa. Parece
que ya se desarrolló el “gen salvadoreño de la emigración”
y a muchos niños los bautizan con nombres en inglés.
Lo negativo de nuestra emigración es que en su mayor parte es ilegal
y tiene su raíz en el descontrol del aumento poblacional y la
falta, desde hace años, de políticas y programas industriales
y sociales que la frenen, ofreciendo aquí las oportunidades que
la gente espera hallar y encuentra en otros países.
¿Qué o quién hace algo para frenar la emigración?,
me preguntó un salvadoreño, ya ciudadano americano y establecido
en Los Ángeles. Que yo sepa, nadie le respondí. Más
bien, al contrario, las encuestas dicen que el 70% de los jóvenes
se quieren ir del país.
Yo siento que el desarraigo y el desamor por El Salvador alcanzaron ya
tal grado, que seguramente en otros países estaría siendo
considerado un problema nacional.
Pero… ¿es buena la emigración? Existe desde hace miles
de años y según recientes estudios económicos, los
emigrantes ayudan al crecimiento de los países donde trabajan y
con sus remesas, también a que crezcan sus países.
Lo menos bueno, es la explotación de los emigrantes ilegales con
sueldos por debajo de lo establecido y los negocios alrededor de la emigración
ilegal, con su explicación fácil de entender y difícil
de justificar, pero ahí están y ahí seguirán.
Lo impactante y triste es que hablando en Los Ángeles con un compatriota
ilegal me dijo: Yo prefiero estar ilegal aquí, separado de mis
hijos, que sin trabajo y aguantando hambre en El Salvador. Tienes razón
le contesté. La responsabilidad de un padre justifica esta situación.
¿Usted qué le hubiera respondido?
La emigración salvadoreña ¿es un problema nacional
o una solución? ¿Qué piensa usted?
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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