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Desde Washington
Bolivia en el filo de la navaja
En la medida que el cambio político o las posturas anti negocios disminuyen la confianza entre los empresarios, éstos pasan más tiempo pensando en ventajas a corto plazo para sí mismos
Publicada 14 de octubre de 2006, El Diario de
Hoy
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| Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Para James Cooper, líder de una pequeña organización sin ánimo de lucro, que promueve reformas judiciales en América Latina, trabajar en la Bolivia de hoy es muy parecido a practicar un “deporte extremo: Uno no tiene idea de lo que va a suceder … Se pasa de momentos de alegría plena a total desolación”.
Así es la vida en el filo de la navaja --bajo los auspicios de la nueva Bolivia del presidente
Evo Morales--. El ex líder cocalero se convirtió el año pasado en el primer presidente indígena de la nación andina, poniendo fin a una historia de dominación de la minoría blanca a la que acusa por la profunda pobreza de su país. Hasta ahora Morales ha nacionalizado los recursos de gas natural, lanzado una ambiciosa reforma agraria y prometido reevaluar los programas de erradicación de coca.
Esta agenda ha creado un ambiente hostil que amenaza la inversión extranjera y pone a prueba las relaciones internacionales. Además, ha alterado el terreno para organizaciones filantrópicas que juegan un papel esencial en un país donde casi la mitad de los fondos de inversión pública dependen de la ayuda externa y la generosidad privada.
Con su Proyecto Acceso, Cooper promueve el Esta-do de Derecho en Bolivia con medios inusuales. En las calles ha diseñado prendas de vestir con mensajes sobre derechos humanos y entrenado a lustrabotas de La Paz para que contribuyan a impartir educación cívica entre sus clientes. El mes pasado Cooper coauspició una conferencia nacional para agentes policiales y judiciales sobre el uso de los tribunales anti drogas que promueven tratamiento médico en vez de cárcel. La juez estadounidense Laura Safer Espinoza viajó a La Paz para compartir las experiencias de su tribunal en Bronx.
Lo que está ocurriendo en Bolivia no es simplemente un problema de frecuentes cambios de personal sino el reflejo de un cambio radical de quienes ostentan el poder. En este tipo de transformación la Fundación estadounidense Soros ve oportunidades. Junto con el gobierno noruego, está explorando formas que les permitan a los funcionarios bolivianos adquirir la capacidad técnica para administrar las industrias recientemente nacionalizadas.
Este tipo de asistencia es similar a la que la fundación prestó en países de la antigua Unión Sovié-tica para ayudarlos a adoptar democracias. En la Organización de Estados Americanos a principios de mes, el propio George Soros dijo que el fuerte de su fundación es ayudar a gobiernos a cumplir sus promesas en países donde “un grupo previamente excluido llega al poder con buenas intenciones pero sin capacidad”.
Soros y Cooper son sin embargo la excepción a la regla. En general, la actividad filantrópica, al igual que el dinero, detesta la inestabilidad. Como lo puso Soros en su discurso en la OEA “a los filántropos no les gusta involucrarse en cosas que puedan ser políticamente polémicas”.
En la medida que el cambio político o las posturas anti negocios disminuyen la confianza entre los empresarios, éstos pasan más tiempo pensando en ventajas a corto plazo para sí mismos incluida la manera de sacar su dinero del país, dijo Davidow. En Bolivia, donde la riqueza nacional se concentra fundamentalmente en la parte este del país se ha discutido incluso la opción de una secesión de la región montañosa y más pobre del oeste.
También existe el temor de que políticas populistas debiliten iniciativas diseñadas para crear auto suficiencia. Nancy Birdsall, presidenta del Center for Global Development con sede en Washington, advierte que el populismo puede “desintegrarse rápidamente en clientelismo … que termina lastimando a los pobres” al desplazar iniciativas locales legítimas nacidas de las comunidades y preferidas por donantes internacionales.
Bolivia no ha llegado a ese punto. De hecho, Morales está gastando mucho más de lo que esperaba en la nacionalización de la industria del gas y el petróleo, lo que ha dejado menos fondos para programas sociales. En agosto, el gobierno boliviano anunció que el proceso de nacionalización sería “suspendido temporalmente” debido a escasez de recursos.
La popularidad de Morales está cayendo, a medida que el descontento popular aumenta y la amenaza de violencia ronda alpaís. En ese ambiente la labor de organizaciones sin ánimo de lucro probablemente se hace aún más arriesgada y ayudar a los pobres en Bolivia aún más difícil.
*(c) 2006, Washington Post Writers Group.

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