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11-s podría desencadenar
Una moderna Edad Media
El avance tecnológico de la actualidad no corresponde al desarrollo económico e incluso ha comenzado a frenarlo; actualmente está generando sobre-oferta, baja de utilidades y desempleo
Publicada 14 de octubre de 2006, El Diario de
Hoy
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| Marco V. Navarrete*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Los atentados del 11 de septiembre que derribaron el World Trade Center y pusieron en jaque a los E.U., tienen más implicaciones sociopolíticas y un significado mucho más profundo de lo que comúnmente se les ha asignado hasta ahora. Los atentados podrían desembocar en corto plazo en el surgimiento de una moderna Edad Media en el mundo occidental.
A finales de la década pasada comenzó un moderno proceso de involución civilizatoria en el hemisferio occidental, con factores de crisis hasta ahora irreversibles, los cuales han resultado agudizados tras los ataques del 11 de septiembre, al dar inicio a una prolongada etapa de inseguridad civil en todo el Occidente, similar a la que dio inicio a la pasada Edad Media europea.
Existen ocho factores fundamentales de crisis en Occidente, que se están dando plenamente en la actualidad y que inducen a este quiebre civilizatorio, ellos son: 1) La gran contradicción entre la tecnología y la economía actual. 2) La fragilidad del actual Sistema Monetario Internacio-nal. 3) Un vertiginoso desempleo. 4) El aumento imparable de la población. 5) La agudización de los ataques terroristas. 6) La entrada de China en el Sistema Mun-dial de Comercio. 7) El agotamiento de las reservas petroleras mundiales, y 8) La gran inestabilidad del medio ambiente mundial actual.
El avance tecnológico de la actualidad no corresponde al desarrollo económico e incluso ha comenzado a frenarlo; actualmente está generando sobre-oferta, baja de utilidades y desempleo. El actual sistema monetario internacional podría en cualquier momento caer en una peligrosa crisis. Y la entrada de China en el sistema mundial de comercio está produciendo una involución industrial en el Occi-dente. Por ejemplo, la General Motors, la mayor automotriz norteamericana está cerrando, por pérdidas, sus plantas principales en E.U. para trasladarlas hacia China, algo no vaticinable hace algunas décadas.
El agotamiento natural de las reservas petroleras mundiales se ha agudizado con la creciente sobre-demanda de China y la interminable guerra en Iraq, la cual ha dejado prácticamente sin exportación a uno de los mayores productores mundiales. A esto se debe agregar aún la posibilidad de catástrofes naturales, producto del calentamiento global; tal como ocurrió con el huracán Katrina, que el año pasado provocó la mayor subida de precios petroleros de la historia.
Esto es sólo una dura advertencia. Pero las realidades señaladas son totalmente objetivas, y pueden impulsar el fin de nuestra civilización, tal como ahora la conocemos, sobre todo porque se está dando una acumulación de factores de crisis que difícilmente pueden combatirse todos juntos.
La inseguridad personal en aumento; el parcelamiento de las ciudades y naciones en pequeños territorios seguros, pero cerrados; el debilitamiento o fraccionamiento de las autoridades; el aumento de la población ociosa; el descenso del nivel cultural de las grandes masas humanas occidentales; el surgimiento de pequeños ejércitos y fuerzas de seguridad personales; la decadencia de la moral occidental y el aumento del odio y la conflictividad social son, entre muchas otras, claras señales de una involución, similares a las que precedieron a la caída de la civilización romana en Occidente.
Sin embargo, debemos ser optimistas. Nuestra civilización occidental debe encontrar los medios de combatir esta amenaza. El tiempo y el nivel de concientización del problema son fundamentales, así como el surgimiento de nuevos líderes y estadistas más conscientes.
Para ello será necesario realizar grandes sacrificios económicos y humanos, entre ellos el desarrollo acelerado de nuevas fuentes de energía y el proteccionismo temporal del comercio y la industria occidental frente a China.
Es también inaplazable la creación de nuevas instituciones que lideren la moral pública, así como de nuevas leyes que --independientemente de los jueces-- combatan a los grupos claramente anti-civilizatorios, tales como asociaciones criminales, pandillas y hampa, antes de que su crecimiento sea tan irreversible como nuestro fugaz paso por la historia.
*Autor de “Edad Media en el Horizonte”, (Ed. La Ceiba).

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