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Origen de la medicina: el instinto maternal

Lic. Sandoval, hemos pretendido demostrar las raíces del instinto maternal, como posible origen de la Medicina. Y hay mucho más. Ojalá continúe estas inquietudes y por los “lapsus” no se preocupe, son humanos.

Publicada 13 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Guillermo A. Cortés*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

(Segunda parte)
3. En el párrafo 3, refiriéndose a Lorenz dice: “... las formas de la conducta entre las especies son consecuencia de la selección natural, tanto como de las características anatómicas y fisiológicas”. Ya señalé que el instinto es conducta, pero es hora de agregar que la modalidad de este comportamiento depende de la energía que es función de la función: función de la necesidad: necesidad (hambre) que crea un primer impulso y acelera el motor del instinto. Ahora bien, si aceptamos que conducta es, a su vez, lenguaje, hay otros recursos para manifestarse este: la forma, el color, por ejemplo.

4.- Lo más sorprendente del Lic. Sandoval es que, sin un solo argumento suyo, de su propia cosecha, en el párrafo 6 anota: “Esto quiere decir que no hay ningún ‘instinto maternal’, como lo supone el Dr. Cortés”. Y en el último apartado concluye: “de acuerdo a lo expuesto, pues, no existe tal ‘instinto de maternidad’ como origen de la Medicina”. Franca-mente, no comprendo cuál es el afán --¿lapsofilia? disculpas por el neologismo-- del Lic. Sandoval en confundir “instinto maternal” con “instinto de maternidad”. Sólo recordemos: la bellísima palabra “maternidad” es ajena al instinto, es meridianamente afectiva, es uno de los sentimientos más puros, sublimes y sacrosantos. Aunque también nos llevaría a preguntarnos --no se trata de otra polémica-- si los animales tienen sentimientos.

5. Prosigamos: si conviniésemos que instinto es “toda respuesta a un estímulo involuntario con un objetivo determinado, consolidado por la herencia biológica que precede a la reflexión” sería, no obstante, difícil afirmar que en las plantas no hay instintos, cuando vemos la frondosidad de su ramaje y la proliferación de sus raíces en busca de sol, aire, agua y tierra, hasta desplazar la vecina vegetación.

6. En cambio, en el animal, el instinto de conservación por ejemplo, presupone agresión y violencia con todos sus matices, ostensiblemente, Darwin: “Ley de la selva”. Abierta la panorámica de una acción, a esta, en respuesta, corresponde de manera antitética, una reacción, existiría entonces, el “instinto de piedad” (pre o subinstinto, tendencia, según las escuelas), que es un mecanismo frenador a la agresión y violencia condicionantes, y cuando entendemos por piedad: “gracia que se concede, salvaguarda del daño o el mal, equiparable a una ayuda preventiva”, desde la evolución de antiquísimas edades, brota por vez primera, sobre la faz de la Tierra, un talante proteccionista de la madre al hijo, relación materno-infantil, cuna del instinto maternal, que es lo mismo que preservar la salud, quintaesencia de la Medicina: el instinto maternal, al través del instinto de piedad prohija la Medicina.

7. El instinto de piedad es una gema sin par, y cuando al través de este se “intuye” (Des-cartes, la admite; Freud, la rechaza, la intuición) que el género homo está subrogado a la naturaleza --Santo Tomás de Aqui-no, diría: “La piedad reconoce a la humanidad hija de Dios”-- se gesta así y configura, a partir de aquellos tiernos amaneceres, el instinto de justicia, justicia contestataria: “a cada quien lo suyo”. En esta apresurada secuencia, la génesis del instinto de piedad, es desde luego, el instinto de justicia. Si justicia es “deuda por cancelar” es un deber inexcusable el practicarla: para el instinto de piedad, la justicia sería su razón intrínseca, tal, la fuente siempre instintiva que obliga a cumplir, a plenitud, en la intimidad femenina, el instinto maternal. El instinto de justicia, justifica el instinto de piedad, y este, piadosamente, representa la costura natural del instinto maternal, columna vertebral del prístino origen de la Medicina.

8. Lic. Sandoval, hemos pretendido demostrar las raíces del instinto maternal, como posible origen de la Medicina. Y hay mucho más. Ojalá continúe estas inquietudes y por los “lapsus” no se preocupe, son humanos. Le agradezco su silencio, por los míos.

*Dr. en Medicina.

 

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