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Breve Análisis
El costo de los prejuicios
Es falso que la criminalidad surja de los bajos ingresos. Esa falsedad es muy costosa, ya que desvía la discusión de medidas que podrían ser efectivas a discusiones bizantinas, que no tienen nada qué ver con la realidad.
Publicada 13 de octubre de 2006, El Diario de
Hoy
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| Manuel Hinds
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
(Segunda parte)
En el artículo de la semana pasada vimos cómo el comportamiento de la tasa de homicidios en Estados Unidos, prueba la falsedad de uno de los prejuicios más comunes en nuestro país: que los bajos ingresos son la causa de la criminalidad. De hecho, la evidencia muestra que la tasa de homicidios era mucho más alta en 2002, cuando la sociedad estadounidense era más rica, que en 1900, cuando era más pobre.
Es decir, si sólo tomamos como base de análisis los datos del primer año y del último, la relación pareciera ser la inversa de lo que dice el prejuicio: la riqueza, no la pobreza, sería la causa de la criminalidad. Pero la realidad es mucho más compleja que esto. En verdad, al ver el comportamiento de la tasa de homicidios año por año durante el Siglo XX, encontramos que no hay relación entre la pobreza y la criminalidad, en algunos períodos la criminalidad subió al subir el ingreso y en otras bajó, aunque el ingreso siguió subiendo.
Otra manera de verificar si el prejuicio tiene base en la realidad, es comparar la tasa de criminalidad en países con distintos niveles de ingresos. Si el prejuicio reflejara una verdad, los países con menores ingresos tendrán mayores tasas de criminalidad. Veamos la evidencia. La gráfica adjunta compara el ingreso por habitante con la criminalidad de los 76 países en desarrollo para los cuales el World Economic Forum publica estadísticas de criminalidad.
En la gráfica, si un punto está más abajo que otro esto indica que tiene más criminalidad; si está más a la derecha que otro, que tiene más ingreso. Hay dos cosas que hay que notar en la gráfica. Primero, a pesar de que El Salvador es más rico que 40 países, sólo 10 países tienen una criminalidad peor. Es decir, en términos de criminalidad, estamos entre los peores lugares en el mundo. Segundo, es obvio que no hay ninguna tendencia que ligue los datos de ingreso con la criminalidad. La alta criminalidad (los puntos bajos en la gráfica) se da igual en los países más pobres (los puntos a la izquierda de la gráfica) y en los más ricos (los puntos a la derecha de la gráfica).
Para hacer más claro el punto he comparado 5 países con El Salvador. Si usted creyera en el prejuicio, usted esperaría que el país más pobre en la gráfica, Malawi, cuyos habitantes tienen un ingreso de sólo el 12% del de los habitantes de El Salvador, tuviera una criminalidad mucho peor que la de El Salvador.
No es así. Es al contrario. Su sociedad es mucho más segura que la de El Sal-vador. Ghana, que es más rica que Malawi, pero mucho más pobre que El Salvador, es más segura que Malawi y que El Salvador. El ingreso de Jordania es un poquito menor que el de El Salvador, sin embargo es el país más seguro en la gráfica. Ahora mire usted a Trinidad y Tobago, el punto abajo y a la derecha, marcado como T & T. El ingreso de sus habitantes es 2.6 veces el de los salvadoreños, sin embargo tienen una criminalidad peor.
Es decir, es falso que la criminalidad surja de los bajos ingresos. Esa falsedad es muy costosa, ya que desvía la discusión de medidas que podrían ser efectivas a discusiones bizantinas, que no tienen nada qué ver con la realidad. La relación es realmente la inversa. Con el tiempo, las altas tasas de criminalidad llevan al estancamiento económico y a la pobreza. Este es el camino que espera a El Salvador si se sigue ignorando el problema.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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