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La nota del día
Reducir impuestos e incrementar riqueza

El Wall Street Journal señala que el ochenta por ciento del presupuesto de Costa Rica se destina a salarios, pensiones, pago de deuda y educación superior.

Publicada 13 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

El diario de hoy
editorial@ elsalvador.com

“El primer país en Hispanoamérica que instituya una tasa única de impuestos hará historia para la región, en la misma forma cómo en la actualidad se hace historia en países de alto crecimiento del Este europeo como Eslovaquia, Georgia y Estonia. El hombre que lo hizo posible en Estonia está presentando la oportunidad a Costa Rica, pero por las señales que hay, los costarricenses no están a la altura del desafío”, se dice en el Wall Street Journal.

La opinión pública en Costa Rica es favorable a la propuesta, al igual que los empresarios. El problema es que el gobierno se opone y más bien contempla un incremento de los impuestos. El plan lo presentó el ex primer ministro de Estonia, Mart Laar, que está de visita en Costa Rica y que enfrenta a un Ejecutivo con otra clase de agenda.

El impuesto único, que incluye una exención a los salarios bajos, se complementa con otras medidas, entre ellas un impuesto cero a las ganancias que las empresas reinvierten. En contraste, Costa Rica tiene un impuesto del 30 % para las ganancias corporativas, además de un complejo código impositivo que, entre otros males, es culpable de una evasión fiscal calculada en un 70 %. A esto se suman disparatadas regulaciones en la economía y la continuada estatización de servicios esenciales como las comunicaciones. Actualmente a un costarricense le toma más de un año conseguir un teléfono celular; muchos servicios de comunicación que en el mundo civilizado son normales, los prohíbe o no los ofrece el monopolio estatal costarricense.

La diferencia entre la postura de Laar y la estatal es simple pero ruinosa para Costa Rica: una busca el crecimiento fomentando la inversión; la otra persigue las ganancias para emprender programas sociales. El Wall Street Journal señala que el ochenta por ciento del presupuesto de Costa Rica se destina a salarios, pensiones, pago de deuda y educación superior. Subsidiar estudios, se debe anotar, parece de gran beneficio, aunque en la realidad se presta a llenar las universidades de personas que no tienen la capacidad de aprovechar esa ayuda, además de restar recursos a programas de formación técnica y empresarial de mayor beneficio para un país en desarrollo.

Urge aquí una reforma de la reforma

El planteamiento de Laar, coincidente con lo que hacen países con altas tasas de crecimiento, es muy simple: se debe fomentar la inversión reduciendo cargas tributarias, como se tiene que propiciar la formación de capital bajando impuestos. Habrá en un principio menos recursos para “obras sociales”, pero a muy corto plazo la reducción de impuestos incrementa la recaudación y se pueden emprender más programas de beneficio público. Pero lo decisivamente importante es que en esa manera se incrementa la generación de empleo.

Los costarricenses padecen, desde los tiempo de don Pepe Figueres, un esquema regulador y estatizante que frena el crecimiento. Costa Rica está bendecida por tener cuatro veces más territorio que El Salvador y no haber sufrido la enloquecida agresión terrorista que se dio en nuestro país en la Década de los Ochenta.

Ojalá el gobierno salvadoreño invite al señor Laar a exponer las recetas del milagro de Estonia y además emprenda una reforma a la reforma fiscal que fomente la creación de empleo, la más efectiva “política social” que puede darse en una nación.

 

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