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La
nota del día
Registren y vigilen, pero con criterios sensatos
El mayor problema con los registros sin criterio lo tienen los viajeros de negocios, los que llevan equipaje de mano, pasan la noche en una ciudad y vuelven a su lugar de origen
Publicada 12 de octubre de 2006, El Diario de
Hoy
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| El
diario de hoy
editorial@ elsalvador.com
Por obra de unas cuantas decenas de musulmanes enloquecidos, viajar por avión se ha vuelto un mal necesario, lo que hacemos cuando no hay mejores alternativas. La plaga viene de lejos, desde que Fidel Castro comenzó a secuestrar aviones en la Década de los Sesenta como una forma de fastidiar a los estadounidenses y hacer dinero cobrando sumas exorbitantes por aterrizajes “no autorizados” en el aeropuerto de La Habana.
Pero la amenaza no debe hacer caer en la sinrazón o lo absurdo, como por desgracia sucede en un número de países, incluido el nuestro. Mientras en los vuelos a Estados Unidos e Inglaterra se prohibe llevar consigo “gels” y líquidos, en los que van a Europa y dentro de Europa la prohibición no cae en lo disparatado: un pasajero puede comprar un perfume, vino y sus cremas, sin que se los roben en los puntos de seguridad. Los viajeros que van de Panamá a París o Buenos Aires, no se ven forzados a cumplir esa clase de reglas. Lo más significativo, a ningún pasajero normal en el aeropuerto de Madrid o París le mandan quitarse los zapatos aunque vuele a Nueva York, como los tan inteligentes inspectores en El Salvador obligan.
Algo similar sucede con tijeras o pequeños implementos para manicure; inclusive en vuelos internos de Estados Unidos, a ningún policía de seguridad se le ocurre que un clip de uñas puede usarse para secuestrar un avión. Para las tijeras hay simples reglas: hojas menores de una pulgada y media no son prohibidas, como tampoco pequeños cortaúñas. Dos litros de un perfume francés pueden exponerse a decomiso, pero no un botecito para usarlo al llegar a un destino.
En esto, el sentido lógico de un inspector se debe aplicar más que una regla que no admite variación y cae en el ridículo. A una señora conocida nuestra, de ochenta años, le fue decomisado un pequeño espejo que tenía en uso desde siempre porque el mango era “objeto contundente”. El inteligentísimo miembro de seguridad aeroportuaria de El Salvador no admitió argumentos, incluido que con un golpe el primer afectado era el espejo, no el piloto de la aeronave. Y así se pierden cortaúñas y muestras de cremas, sin que los guardas utilicen su cabeza para juzgar una situación.
Cogían a machetazos a las vendedoras
El mayor problema con los registros sin criterio lo tienen los viajeros de negocios, los que llevan equipaje de mano, pasan la noche en una ciudad y vuelven a su lugar de origen. Como los muy inteligentes no permiten llevar cantidades lógicas de “gel” de pelo y crema de afeitar, los viajeros están forzados a facturar una maleta, lo que les impide salir del aeropuerto tan pronto llegan a la ciudad de destino. Esas esperas por equipaje obligan a perder tiempo que para los negocios del país representa mucho dinero y oportunidades perdidas.
Hay perfiles que no pueden aplicarse en Nueva York pero si en San Salvador. Durante los años de la agresión comunista, los toques de queda tenían algún sentido en nuestras ciudades pero no en las barriadas o los cantones, donde los patrulleros cogían a machetazos a la pobre mujer que volvía con bultos en la cabeza y se había retrasado. Nómbrese gente sensata en los controles aeroportuarios.

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