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Una extorsión, asunto entre sobrino y tío

Vínculos. Además de parientes son cómplices, según las autoridades, en el chantaje con $3 mil a varios comerciantes


Publicada 11 de octubre de 2006 , El Diario de Hoy

Requisa. Cárcel donde estaba recluido Edwin Geovani Hernández. Foto EDH
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El sobrino es un marero condenado a 60 años por dos homicidios, recluido hasta la semana pasada en el penal de Quezaltepeque. Se llama Edwin Geovani Hernández Alvarado, miembro de la Salvatrucha y apodado Sombra.

El tío es Oscar René López Alvarado, alias Janiche, un mecánico que hasta el 28 de septiembre, cuando fue capturado, vivía en la comunidad La Fortaleza.
Ambos se habían confabulado para extorsionar a comerciantes, según lo afirma la policía y fuentes del Ministerio de Gobernación.

El Sombra negociaba desde un teléfono que tenía en la penitenciaría.
Para hacer más efectiva la negociación, el convicto hablaba a sus víctimas teniendo como fondo el murmullo de decenas de reclusos.

Ejército para amenaza

Les decía que tenía un ejército de hombres dispuestos a concretar las amenazas. Las víctimas no pensaban dos veces en depositarle los tres mil dólares exigidos.

Con ese ardid logró extorsionar a varios comerciantes de distintos lugares. El último, cuya denuncia valió para desbaratar la trama, fue uno de Tonacatepeque.

El Sombra ordenaba que las sumas fueran depositadas en una cuenta bancaria de su tío, López Alvarado.

Cuando la Fiscalía congeló la cuenta bancaria, López Alvarado fue a la Fiscalía a pedir explicaciones, arguyendo que los depósitos que reflejaba eran productos de remesas familiares.

Pero en el transcurso de la indagación surgieron otros indicios que hicieron que Alvarado fuera capturado se presentó a una segunda cita.

Los registros de llamadas del teléfono celular de Alvarado indicaban la relación entre éste y el teléfono de donde habían hecho varias extorsiones.

También le hallaron apuntes con los nombres y teléfonos de una víctima.
Igual sucedió el pasado 2 de octubre en el penal de Quezaltepeque. Al Sombra le hallaron similares anotaciones y el teléfono desde donde había negociado.

Para despistar, minutos antes de la requisa, se pasó a otro sector. Eso no le valió para evadir su responsabilidad pero sí para que lo mandaran a la penitenciaría de San Francisco Gotera.

Ambos negaron el vínculo sanguíneo pero las autoridades descubrieron que los dos habían compartido casa en la comunidad La Fortaleza, antes de caer presos.

Una posible condena, de entre 12 y 15 años de cárcel, por las extorsiones haría mella en López Alvarado, pero para el Sombra, sería algo así como pintar una raya más al tigre, pues primero tiene que descontar los 60 años por el doble asesinato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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