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| Opinión Los jóvenes y los profesionales estamos obligados a participar, a ser parte de la historia. Militemos en los partidos, aceptemos responsabilidades en el Estado, contribuyamos con las autoridades locales Publicada 11 de octubre de 2006, El Diario de Hoy |
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| Luis
Mario Rodríguez R.*
Conforme dejan los años de la adolescencia y se convierten en mayores de edad, algunos pueden llegar a equiparar la política con el trabajo de los legisladores, de los funcionarios de gobierno o con actos de corrupción o de abuso en el uso de los recursos públicos (por ejemplo el uso de vehículos nacionales en horarios fuera de trabajo). Una vez graduados, si han tenido la oportunidad de estudiar, ya sea como técnicos o profesionales, los jóvenes se interesan por obtener un empleo, llevar ingresos a su hogar, escalar posiciones dentro de la empresa o institución en la que laboran, ayudar a sus padres y si se puede, divertirse y aprovechar esa edad que sólo se vive una vez. Es inquietante descubrir que para el logro de esos objetivos, cada vez más, los jóvenes no reparan en ideologías, sino en resultados; no les interesan los candidatos, sino el cumplimiento de sus promesas; no añoran el desarrollo del país, sino el de su familia, y lo más preocupante, en algunas ocasiones no reparan en la licitud de sus actos, sino en la facilidad que la ilegalidad de los mismos les provee para la obtención de sus fines. Por otra parte, los profesionales, esa clase media aturdida por el consumismo, la delincuencia y la falta de valores, es otro segmento cuya vinculación con la política se da en función de la solución que los partidos, el gobierno y los políticos ofrecen a sus problemas. Cuando los medios de comunicación les anuncian viajes, auto y casa nueva, facilidades de crédito, restaurantes de primera, los profesionales valoran la política en la medida que la misma les permite gozar de todas esas prerrogativas. Cuando se entremezclan juventud y profesionalismo, entonces tenemos la combinación perfecta para analizar a la política críticamente; en otras palabras, la cultura política (aquella que mide el grado de conocimientos, sentimientos y creencias sobre la política) crece y los jóvenes profesionales entienden que para satisfacer sus necesidades deben, a lo menos, estar informados, votar, criticar si tienen el espacio donde hacerlo y si pueden, participar en política activa, presentándose a cargos de elección popular, militando en partidos políticos o aceptando un cargo público en el gobierno central o en una alcaldía municipal. Ambas etapas, la de los jóvenes y la de los profesionales, son de relevante importancia para la vida institucional de un país. Si los padres o las escuelas no se interesan por informar a los jóvenes sobre la política, aquella que encierra su derecho a elegir gobernantes, a identificarse con los símbolos patrios, a exigir que el poder se administre de forma ética y responsable, entonces los jóvenes de hoy, adultos del mañana, no se verán motivados a votar ni a identificarse con la patria (preferirán emigrar) ni mucho menos a entender que el poder no es más que la posibilidad de servir desde un cargo en el gobierno. A los jóvenes se les debe involucrar en política a través del deporte, de la música, de las fiestas en sus respectivas localidades, del arte; se les debe hacer entender que las canchas donde juegan, los instrumentos que interpretan, la alegría de una fiesta en su pueblo o las pinturas, poesías, o figuras de barro que moldean, son producto del esfuerzo de hombres y mujeres que al haberse involucrado en política, obtuvieron recursos, administrarlos de manera eficiente y finalmente ponerlos al servicio de la juventud de esa localidad para la realización de todas esas actividades. Los jóvenes profesionales no debemos ser la excepción. Ojalá todos, en algún momento de nuestras vidas, tuviéramos que servir a la patria desde un partido político o un cargo en el gobierno, seguramente veríamos la vida desde otra perspectiva, desde aquella que sólo los que estamos involucrados en este afán podemos discernir. Una perspectiva global, que nos permite ver una diversidad de intereses, de necesidades, de planes operativos que realizar, pero también que nos hace descubrir la falta de recursos y cómo debemos optimizar, priorizar, administrar probamente y evitar excesos en el uso de los bienes del Estado. Los jóvenes no podemos ser meros espectadores, debemos comprometernos y dejar la pasiva y cómoda estancia de nuestras oficinas y hogares. No es justo creer que nuestro propio bienestar es el que están viviendo todos los salvadoreños; no podemos leer el periódico diariamente o ver la televisión y simplemente lamentarnos de lo mal que lo están haciendo nuestras autoridades sin ni siquiera pensar en involucrarnos. Los jóvenes y los profesionales estamos obligados a participar, a ser parte de la historia. Militemos en los partidos, aceptemos responsabilidades en el Estado, contribuyamos con las autoridades locales, sólo así haremos patria. *Secretario de Asuntos Jurídicos y Legislativos de la Presidencia de la República.
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