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Análisis La ONU proporciona el mecanismo para una respuesta global, pero como Kofi Annan reitera con frecuencia, la ONU no existe independientemente de sus estados miembros Publicada 10 de octubre de 2006, El Diario de Hoy |
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| Anne-Marie
Slaughter*
Muchos líderes en el mundo, en particular los de Europa, condenan la socavación de la ONU por parte de la administración Bush, especialmente desde 2003. Sin embargo, los líderes de Francia, que expresaron su indignación cuando los Estados Unidos pasaron por alto a la ONU e invadieron Iraq, sin la aprobación de la comunidad internacional, sorprendieron al mundo en agosto cuando retiraron su promesa de enviar 2,000 soldados al sur de Líbano y en cambio sólo mandaron 200. Por fortuna Francia está reconsiderando, Alemania dará asistencia naval limitada e Italia ha dicho que contribuirá con 3,000 efectivos. Pero la respuesta de Europa, como la de Estados Unidos en otros casos, resalta un asunto crítico para todos los partidarios de la ONU y de las instituciones internacionales en general. Si no podemos hacer lo necesario para que sean más efectivas, vamos a ver cada vez más que los países las van a ignorar. La resolución 1701 del Consejo de Seguridad “insta a Israel y al Líbano a que apoyen un cese del fuego permanente”. Eso, por lo tanto, sienta las bases para que los funcionarios de la ONU determinen las “reglas de conducta” para sus efectivos, que dictan cuándo y bajo qué circunstancias las tropas de la ONU pueden utilizar sus armas para defenderse. Pero como bien lo sabe la misma misión actual de la ONU en Líbano (FPNUL), el defenderse a sí mismo no es igual que protegerse del fuego hostil. Pero las reglas de conducta son sólo síntomas de un problema más grave. El problema real es la enorme brecha que hay entre la teoría y la práctica. En el punto más candente de una crisis internacional, el Consejo de Seguridad aprueba con gran alharaca resoluciones que establecen un “mandato” oficial de la ONU. Pero, entonces se deja al secretario general, con la resolución en la mano, la tarea de pedir a los estados miembros los recursos reales y tangibles necesarios para implementar lo que se ha ordenado. En la abrumadora mayoría de los casos, esos recursos se quedan muy cortos de lo que se requiere para que la intervención en la crisis tenga éxito. La experiencia de la ONU en Líbano no es alentadora. Según el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la organización, la FPNUL ha operado con un presupuesto anual de 94 millones de dólares y sufre de una falta crónica de presupuesto debido a que los estados miembros no pagan sus contribuciones. Ahora consideremos cuál es el mandato de la FPNUL, ampliado bajo la resolución 1701: los efectivos tienen que supervisar el cese al fuego entre Israel y Jezbolá; apoyar y acompañar a las fuerzas armadas libanesas a medida que se despliegan en el sur de Líbano; asistir al gobierno libanés en asegurar las fronteras y puertos del país para evitar que las armas ilegales lleguen a manos de Jezbolá, y “ayudar a asegurar el acceso humanitario a la población civil y el regreso voluntario y en condiciones de seguridad de las personas desplazadas”. Esta es una tarea hercúlea. Pero un mes después de que se emitió la resolución, ni siquiera se han desplegado 5,000 efectivos. Incluso si se pudieran obtener y desplegaran los 15,000 efectivos de la ONU, los retos en Líbano seguirán siendo ingentes. La ONU insiste en que la resolución 1701 no ordena a la organización desarmar a Jezbolá; casi ningún país, salvo Israel, está dispuesto a encargar esa tarea a sus soldados. Más bien, la labor recae en el gobierno libanés y sus fuerzas armadas que necesitan toda la ayuda que les pueda dar la comunidad internacional. La ONU proporciona el mecanismo para una respuesta global, pero como Kofi Annan reitera con frecuencia, la ONU no existe independientemente de sus estados miembros. Depende de esos miembros --de todos nuestros gobiernos-- proveer tanto la voluntad como los recursos necesarios. De otra manera, la ONU no es más que un mecanismo útil para repartir culpas políticas. Nuestro compromiso de llevar la paz a Medio Oriente o a Darfur o al Congo o a Kosovo o a Haití, no se mide por nuestras palabras sino por nuestras carteras. El mundo obtiene lo que paga. Copyright: Project Syndicate. *Decana de la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Princeton.
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