elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

La nota del día
Sobra agua en una época y hay escasez en otra

Guardar el agua que cae fue la fórmula utilizada en la antigüedad, donde con raras excepciones no había sistemas de abastecimiento

Publicada 10 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La India sufre un problema de agua muy similar al nuestro: durante los monzones hay inundaciones, destrucción de sembrados y lluvias torrenciales, para luego sufrir de carestía de agua en la época seca. La India recibe una precipitación de 46 pulgadas al año, igual a la de Irlanda, la verde, pero la cantidad de agua a disposición del hindú medio es muy similar a la del sudanés, que vive en un territorio desértico. Mucha agua en una estación del año y sequías en la otra.

A diferencia de El Salvador, la India es relativamente plana, fuera de la región que linda con los Himalayas. Eso vuelve muy difícil construir reservorios eficientes, capaces de almacenar grandes cantidades de agua pero con la posibilidad de descargar el agua de manera gradual si el nivel sube demasiado. En un caso reciente, un gran reservorio que fue vaciado de emergencia inundó una ciudad de tres millones de habitantes y causó más de cuatrocientos muertos además de destrucción generalizada.

Pero la India, se nos dice en una crónica, debe administrar con eficiencia los excesos de agua y las sequías, si no quiere exponerse a una crisis ruinosa por la falta de agua. Y la solución son más reservorios manejados técnicamente. Todavía el mundo tiene mucho que aprender a cuidar el agua que cae cada invierno.

Es afortunado que los primeros esfuerzos para guardar agua se están llevando a cabo en El Salvador, con Anda: además de la construcción de un gran reservorio en Morazán, que vendrá a solucionar la escasez permanente de agua en la región, se ha iniciado la construcción de un reservorio pequeño para suplir a una comunidad pequeña. El propósito, nos dice el presidente de Anda, César Funes, es sacar experiencias, refinar técnicas y a muy corto plazo fabricar más reservorios en distintos lugares de la República, sobre todo en aquellos que sufren escasez casi permanente de agua.

Todos a luchar contra el desierto

La idea es, con sus variantes, la de José y las siete vacas gordas seguidas de siete vacas flacas en el reino del Faraón: se recoge la abundancia en las cosechas de los buenos años, para tener reservas en los malos. Sólo que en aquel caso eran granos; en este, agua.

Guardar el agua que cae fue la fórmula utilizada en la antigüedad, donde con raras excepciones no había sistemas de abastecimiento. Las casas se construían alrededor de un patio central dotado de una gran pila alimentada por el agua lluvia que caía sobre los techos. Las ruinas de esas casas se pueden ver en Pompeya, sepultada por una erupción del Vesuvio el año 79 de nuestra era. Pero también en Babilonia y Grecia se utilizaba el mismo método para recoger agua, aunque mucha provenía de pozos, que son cisternas naturales.

Hay otras opciones. Una de ellas es recoger el agua de los vecindarios e inyectarla en el subsuelo. Eso también se logra fabricando pequeños diques en el cauce de ríos, los que moderan el flujo y permite al agua infiltrarse. Los diques pueden ser parte de proyectos comunitarios de recuperación del medio ambiente; no se deberían aprobar obras para ningún pueblo en el país, si no hay una contrapartida de los vecinos en fabricar reservorios y enseñar a los agricultores de la zona a hacerlos para detener la desertificación del territorio.

 

 






 

 

elsalvador.com WWW