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Comentando
Arte, poesía y mixtificaciones
Muchos pintores siguen el camino equivocado de lo raro, lo original, y con una especie de furor contra la figura humana, contra lo bello y lo limpio. Se puede hablar, ante esos casos, de “feísmo” y “antihumanismo”
Publicada 9 de octubre de 2006, El Diario de Hoy
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| Luis Fernández Cuervo*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Reflexionando sobre lo escuchado en las pasadas reuniones sobre literatura a las que asistí y también ante recientes actividades y publicaciones de nuevos y viejos poetas, me vuelvo a plantear una serie de cuestiones sobre las bellas artes en general y sobre la poesía en particular. ¿Qué es lo que hace que una obra de arte pase a ser “clásica”? Es decir, ¿por qué algunas vencen al efecto destructor del tiempo y siguen manteniendo su valor estético y el aprecio del público? ¿Por qué otras que tuvieron extraordinario éxito en su tiempo han pasado al total olvido? La finalidad de todo arte ¿es la belleza o simplemente la originalidad, lo novedoso? Y en cuanto a la poesía ¿cómo distinguir lo que es verdadera poesía y lo que no lo es?
Hoy día es indudable que de todas las bella artes las que sufren una mayor crisis son precisamente las más clásicas: la pintura, la escultura y la poesía. En cambio un arte nuevo como es el cine, se mantiene dentro de niveles muy altos. Sigue habiendo películas que son verdaderas obras de arte. La pintura, en cambio, después de las sucesivas revoluciones del impresionismo, el fauvismo, el surrealismo, el cubismo, el arte abstracto, el tachismo y otros ismos, perdió su norte hace mucho tiempo.
Muchos pintores siguen el camino equivocado de lo raro, lo original, y con una especie de furor contra la figura humana, contra lo bello y lo limpio. Se puede hablar, ante esos casos, de “feísmo” y “antihumanismo”. La venganza está en que el público y las ventas vuelven al realismo o a un cierto neoimpresionismo. A la gente que no tiene respetos humanos, que no pretende estar a la moda, le sigue gustando lo que es bello, agradable, alegre, limpio y perfecto.
Las extravagancias anti belleza, las “originalidades” que ya no asustan a nadie, siguen teniendo cabida en las exposiciones porque nadie de los que presumen de entendidos se atreve a decir que algo es feo, si es novedoso. Algo muy semejante le pasa a la escultura. Todavía se admiten esculturas “abstractas” para decorar el vestíbulo de algunas empresas, bancos y universidades. Es un convencionalismo. Se acepta, es algo “in” pero ¿se puede decir que ante ellas alguien adquiere alguna experiencia estética que valga la pena?
La gente seguirá admirando las Venus y los Apolos del clasicismo griego, las esculturas de Miguel Angel, Bernini, Canova o Rodin, mucho más que las estilizaciones de Brancussi o las masas de Moore. ¿Será que el arte tiene unas reglas de belleza fuera de las cuales él se malogra?
En cuanto a la música, la categoría de los clásicos o perennes se ha extendido desde el canto gregoriano hasta compositores actuales, siempre que se mantengan dentro del sistema de la escala clásica de siete notas y la nota tónica como apoyatura y cimiento de la melodía. El dodecafonismo y la música concreta son ya novedades envejecidas y despreciadas. Sería interesante saber, dentro de la amplia variedad de música “para la juventud”, cuáles de ellas sobrevivirán al embate del tiempo y el abandono de lo publicitario. La música de los Beatles, de momento, es uno de los raros ejemplos de estar venciendo a los años transcurridos.
Pero ¿y la poesía? ¿Qué pasa con ella? ¿Qué es poesía y qué no lo es? ¿Dónde están los límites del verso libre? Existe gente que mantiene un criterio excesivamente conservador y no admite como poesía lo que no tenga métrica ni rima bien estructuradas. El otro extremo es el de los que escriben cualquier cosa y la disponen en el papel con trocitos unos encima de los otros --generalmente centrados, como si fuera una escultura de letras-- y piensan o quieren que pensemos que eso es verso libre.
Me he encontrado últimamente con gente buena que parte de la idea de que el Espíritu Santo es el inspirador de toda poesía y en vista de eso considera como poesía excelente una de este tipo: “Tú eres tú, y yo existo/ lo sé, en ti,/sin dejar de ser yo”. ¿Eso es poesía o teología? ¿Cambiaría mucho si en vez de escribirse a trocitos, unos encima de los otros se escribe eso todo seguido? No, todo sigue igual: es una idea religiosa, clara. Tendrá, si se quiere, el misterio de lo religioso, pero carece de misterio poético.
El otro extremo, son los que escriben una serie de palabras y adjetivos lejos de toda comprensión y uno se pregunta si esa pretendida y abusiva oscuridad oculta realmente algo. Creo que la poesía, en sus intentos más novedosos ha perdido el rumbo. Estamos en una cultura decadente, llena de trampas y mentiras y me parece que mucha de la poesía actual no escapa a ese mal.
Dr. en Medicina y columnista de
El Diario de Hoy.
lfcuervo@telemovil.net

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