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Dos familias velaron al muerto equivocado

Descuido. El Hospital Nacional Zacamil erró a la hora de entregar a los dolientes los cuerpos de dos mujeres que habían fallecido con una hora de diferencia


Publicada 8 de octubre de 2006 , El Diario de Hoy

Recuerdo. María Vásquez y sus hijos aún lamentan lo ocurrido con la muerte de su madre. Foto: EDH
Mirella Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Los pobladores del Caserío Mil Cumbres, en Panchimalco, aún recuerdan la madrugada del 8 de agosto cuando una ambulancia del Hospital Zacamil llegó con el cadáver de Mariana Vásquez.

El arribo del vehículo, a las 5:00 de la mañana, confirmó el rumor entre la vecindad de que en la casa de los Vásquez velaban a una persona desconocida.

Esa madrugada, el empleado del hospital entró en la casa empujando la camilla con el cadáver de Mariana y regresó con el cuerpo de Josefina Flores, una extraña para la familia Vásquez.

En lo único que coincidían ambas difuntas era en que habían muerto en el mismo hospital, el mismo día y con una diferencia de una hora y 20 minutos. Mariana murió a las 5:15 a.m. y Josefina, a las 6:35 a.m.

Las dos tenían más de 80 años, pero no tenían parecido físico. Mariana era voluminosa y con algunas canas entre el cabello negro. Josefina, todo lo contrario; delgada, tez más clara, cejas espesas y cabello blanco.

LAS FALLECIDAS

Josefina Flores
Causa de muerte:
Según el acta de defunción se sospecha de derrame cerebral.

Mariana Vásquez
Causa de muerte:
El hospital Zacamil dice que fue por un infarto cardiaco.

Toda esta historia de errores y confusión comenzó en la morgue del centro cuando dos hijos de Josefina llegaron a reclamar su cuerpo. “Cuando destaparon el rostro, inmediatamente dije que ésa no era mi mamá, pero mi hermana dijo que ella se había inflamado antes de morir y que, a veces, las personas cambian ya fallecidas. Yo insistí y entonces el encargado de la morgue dijo que ella era y que nos la lleváramos”, cuenta Óscar.

Llevaron el cadáver a una funeraria para su preparación y velación. Los parientes y amigos comentaban cuánto había cambiado Josefina. Unos rumores que alimentaban las dudas de Óscar, decidido a ir al siguiente día a Medicina Legal para disipar su inquietud.

Mientras tanto, la familia Vásquez trasladaba los restos de Josefina, sin saberlo, hasta Mil Cumbres. “Yo había insistido en que no era mi mamá, pero un hermano que andaba un poco tomado (ebrio), necio en la morgue que era ella, y el empleado nos dijo bien tosco: ¿la conocen o no? Ésta es, así que llévensela, además no hay otro cadáver aquí”, recuerda Pedro, hijo de Mariana.

Esa noche, a Mariana la velaron en silencio en una exclusiva funeraria al poniente de la capital. A Josefina, al mismo tiempo, le entonaron alegres cánticos espirituales en una sencilla vivienda rural.

A Mariana le pusieron un traje que, en vida, le gustaba mucho a Josefina. Y a ella le enfundaron en un vestido nupcial que la otra difunta pidió a una de sus hijas.

El intercambio
El desenredo de esta historia comenzó cuando María, ya repuesta del dolor de saber muerta a su mamá Josefina, decidió contemplarla en la caja. Eran las tres de la madrugada y la voz de María rompió el silencio en aquella habitación. “Desde que la vi dije que no era mi mamá; ella era más morena, gorda y pelo menos canoso, además tenía una cicatriz en la nariz”, comenta la señora.

Gracias a su insistencia destaparon el féretro y buscaron otras señas de Mariana. En ese mismo instante salieron hacia el Hospital Zacamil en busca de respuestas. “Yo me alegré en ese momento porque creí que mi mamá no había muerto y que sólo se trataba de un error, pero no fue así”.

Esa madrugada, Óscar recibió la llamada del hospital que confirmó su sospecha. Era una empleada que pedía disculpas por el error y le informaba que tenían a una familia que reclamaba el cuerpo que estaban velando.

Acto seguido le indicaron que el hospital facilitaría una ambulancia para hacer el cambio de los cadáveres. “Háganlo (el intercambio) antes de que amanezca para evitar el escándalo”, le habría recomendado la mujer.

De aquel episodio han pasado dos meses, pero los hijos de Mariana y Josefina aún lo lamentan. “Imagínese que las hubiéramos enterrado el gran problema que se habría dado”, dice María.

Óscar se consuela con el hecho de que cada difunta recibió los homenajes justos de sus hijos y que cada una volvió al lugar donde le corresponde.


Denuncia entre dos caminos

Óscar García, el hijo de Josefina, aún no comprende cómo el hospital pudo cometer un error de esa magnitud. “Yo insistí en que no era mi madre la que me entregaban, el hijo de la otra señora también insistió, pero el señor de la morgue ni siquiera nos dio tiempo de cerciorarnos. Yo estaba aturdido y no reparé en que a los pacientes les ponen brazalete con la identificación”.

Por el contrario, Pedro Vásquez dice que abrió la bolsa y le buscó en un brazo el brazalete de identificación, pero cuando intentó revisar el otro brazo el encargado de la morgue lo impidió.
Pese a todo las incomodidades que les causó ese hecho, los Vásquez dicen que un error cualquiera lo comete y que nunca han pensado en denunciar a nadie.

Óscar reconoce que sí ha pensado en abrir una demanda, pero antes quiere saber si esta procede en casos como éste. “Si procede, pondré la denuncia para sentar un precedente, además nos han causado un daño emocional”, dice Óscar.

Se intentó conseguir la opinión del director del Hospital Zacamil, pero no fue posible. Alcides Urbina, director nacional de hospitales, dijo que el lunes darán una respuesta al respecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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