| Pedro Roque*
El Diario de Hoy
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Si usted ya pasó de los cincuenta, de seguro tiene amigos de quienes guarda buenos recuerdos de sana camaradería y amistad de juventud y que no ve desde hace más de treinta años.
Pare un momento de leer y permita a su memoria incursionar en las profundidades de su mente para buscar personas de quienes tiene buenos recuerdos de juventud y que perdió de vista hace muchos años.
Ya los tiene... pues imagine reencontrarse con uno de ellos. Es la vivencia que he tenido esta semana... Después de una serie de circunstancias me he reencontrado con un querido compañero y amigo de juventud, con quien nos perdimos de vista justo hace 34 años.
¿Y por qué le puede interesar a usted este encuentro? Sencillamente, porque estoy seguro que también usted puede reencontrarse con personas a las que estima y sabe que le estiman.
¿Y por qué más? Porque descubrirá que alguien lo ha tenido pendiente en su memoria, que deseaba verlo y saber de usted.. Y también, porque encontrar a alguien con quien, a pesar de los años, se tiene gran confianza y amistad, se puede revisar lo que se ha hecho en los años que han pasado y reflexionar sobre lo bueno, lo menos bueno, las alegrías y las tristezas por las que la vida nos ha conducido y, además, sentir lo veloz que han pasado tantos años.
Hablar de los tiempos de juventud, recordar otros amigos, los maestros, las materias complicadas, las situaciones y condiciones de San Salvador de los sesenta, de cómo ha cambiado y contarse los éxitos y fracasos, ha sido una excepcional satisfacción.
La primera alegría al encontrarnos, fue sentirnos vivos y luego del abrazo sincero y fraternal, vernos, uno con su pelo típico salvadoreño, frondoso, parado pero blanco y el otro medio calvo, pero ambos contentos por conservar nuestra cabeza clara. Son los cambios naturales que demuestran que hemos vivido y trabajado, pero lo importante es saber y sentir en un abrazo fuerte y sincero, que la amistad a pesar de los años se mantiene, con la misma intensidad que el último día que nos vimos.
Los Ángeles, es una ciudad que ronda diez millones de habitantes y que seguramente usted conoce, pues si algo tenemos los salvadoreños en común, es al menos un pariente o un amigo en esta ciudad, que no he podido averiguar por qué se convirtió en el destino preferente de muchos compatriotas, para realizar su “sueño estadounidense”.
Este asunto, fue motivo de sana conversación, entre risas y recuerdos de un sinfín de anécdotas de nuestra juventud y años de estudio en El Salvador y en Alemania. Por qué pues, se dice “sueño americano”, cuando Esta-dos Unidos es sólo una parte de la Gran América...
Riéndonos, terminamos concluyendo, que por ser este país el más poderoso y rico, sencillamente se adueñaron del concepto. Para mí, también existe el “sueño salvadoreño”, pues nuestro país ha sido desde hace muchos años el lugar, donde gente de Norte y Sur América, Europa, el Cercano, el Medio y Lejano Oriente, Asia e incluso Nueva Zelanda, encontraron el entorno ideal, para desarrollarse, crecer y hacer fortuna y, además, hoy lo sigue siendo para las empresas multinacionales que venden teléfonos, comida y distribuyen productos y, ojalá, que también pronto, para las promotoras internacionales de turismo.
Pero volviendo al reencuentro con mi amigo, ha sido emocionante revisar lo que hemos hecho y alegrarnos sinceramente por los éxitos que a lo largo de estos años hemos conseguido, por cómo hemos formado nuestras familias y hemos educado a nuestros hijos y saber que nuestros hogares se mantienen después de treinta y tantos años y, darnos cuenta, que nuestros hijos, o bien ya terminaron sus estudios o se encuentran por el buen camino e incluso, para el caso de mi amigo, que en un par de semanas será abuelo.
Busque a sus viejos amigos, llámeles, disfrute de una visita a su pueblo, preséntese de sorpresa hoy que estemos en otoño y seguro que reabrirá las brechas de amistad que parecían segadas. Mi gran deseo es que usted también reencuentre por lo menos a un amigo de su niñez o juventud y refuercen los lazos de amistad.
Al despedirnos de nuevo, nos dimos un sincero, fuerte y emotivo abrazo con la promesa de volver a encontrarnos pronto.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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