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La Nota del Día
Penas de cárcel para criminales

“Lo que no tendría que dudarse es la necesidad de adaptar las leyes carcelarias a las realidades que se viven aquí y en este tiempo, no en las prácticas de Suiza y Noruega.

Publicada 8 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

El encarcelamiento debe ser una medida extrema aplicada después de que se agoten las penas alternativas, declaró el Ministro de Justicia italiano, Clemente Mastella, en una reunión del Cuerpo de la Policía Penitenciaria.

Para Mastella y según informa el periódico italiano Corriere, la cárcel se tiene que reservar para individuos involucrados con el crimen organizado, para los delincuentes habituales y para los perpetradores de delitos que conmuevan profundamente una sociedad.

Es obvio que ni narcotraficantes ni pandilleros ni secuestradores ni asesinos se librarían de la cárcel, como ocurre con harta frecuencia en nuestro país. Pero la estafa, los llamados delitos de cuello blanco y otros se pueden castigar con penas alternativas, con reclusiones en la propia casa o con trabajos comunitarios. Y además puede considerarse dar al condenado una opción: colocarse un grillete electrónico que el mismo reo pagaría, o ser recluido en un centro penal.

La propuesta surge ante las crecientes dificultades para encarcelar a toda clase de delincuentes y al hecho de que algunos de ellos llegan “malos” a la prisión pero salen “peores”, transformados en bestias humanas. A esto hay que agregar el costo de guardar a los delincuentes, darles de comer, vestirlos y curarlos, por más lamentables que sean las condiciones en que se encuentran.

Los hacinamientos acarrean además otros problemas, como son las dificultades para controlar lo que sucede en los penales, y el riesgo de fugas. En nuestro país las autoridades carcelarias, que además sufren del acoso de políticos de la extrema izquierda, jueces y abogados cómplices con el crimen organizado, no logran reforzar la vigilancia y sobre todo la introducción de armas, celulares y droga en los recintos penitenciarios. Mientras en el aeropuerto los revisadores de equipajes, que brillan por su enorme inteligencia, se desviven por quitar a los pasajeros alfileres, pequeños cortauñas y botecitos de perfume, en las cárceles entran muchos objetos prohibidos.

Nuestra realidad, no la de Suiza

Mastella advierte que el indulto se debe contemplar no como una especie de perdón, sino una medida práctica aplicable a aquellos sujetos que dejan de ser una amenaza para otros e inclusive para ellos mismos. El indulto, o la conmutación de penas, no tendría que proceder en forma automática (como las “millas” que se conceden aquí después de cumplir un tiempo en la cárcel) sino evaluando la posibilidad de que el reo favorecido no delinca de nuevo, como ha venido sucediendo.

Se da el caso frecuente de mareros que son liberados y casi de inmediato cometen nuevos homicidios; sacar a alguien de la cárcel no sólo se debe hacer porque ha pasado el tiempo de la condena, sino pensando que el reo puede, razonablemente, considerarse inocuo. La castración química de violadores, como ejemplo, puede salvar a alguien de ir a la cárcel, procedimiento que propuso el PDC y que se aplica en Italia y Estados Unidos entre otros países.

Lo que no tendría que dudarse es la necesidad de adaptar las leyes carcelarias a las realidades que se viven aquí y en este tiempo, no en las prácticas de Suiza y Noruega.

 

 

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