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| Detenido. Gregorio Alfonso González fue capturado en Colombia. Es uno de los cabecillas. Foto EDH |
El Diario de hoy/agencias
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Una red internacional que se dedicaba al tráfico de heroína, presuntamente entre ellos seis salvadoreños, fueron capturados en las últimas horas, según informó la agencia de noticas EFE y periódicos de Colombia.
Las autoridades de La División Antinarcóticos de la Policía de El Salvador (DAN), dijeron que por el momento no tenían registradas las detenciones.
Sin embargo, destacaron que en los últimos meses han realizados una serie de capturas con este tipo de droga, en varias fronteras y en el aeropuerto internacional de El Salvador.
Según el comunicado fueron detenidas más de 50 personas.
Entre ellos cuatro en Costa Rica, en Puerto Rico 28, en Curazao tres, ocho en República Dominicana, tres en Nueva York, tres en Saint Martín y tres en Colombia.
La investigación fue ejecutada por el Departamento Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y los cuerpos policiales de varios países.
Cabecillas
Agregan que las detenciones más importantes fueron en Colombia a quienes se les considera como los cabecillas de la estructura.
Los colombianos fueron identificados como Gregorio Alfonso González alias “El Flaco” y Orlando Bedoya García. González fue capturado en un apartamento al norte de Bogotá, en tanto que Bedoya García fue detenido en el municipio de Soacha.
Los cables de noticias indicaron que El Flaco es propietario de varios locales comerciales en el sector de San Andresito en Bogotá y varias empresas de transporte intermunicipal de carga.
Esta red de traficantes habría introducido a Estados Unidos unas 6 toneladas de cocaína y 100 kilos de heroína.
A la organización durante el proceso investigativo, le fue incautado 13 kilos de heroína por un valor cercano al millón de dólares, igualmente 359 kilos de clorhidrato de cocaína valorado en 12 millones de dólares y según se estimó.
La heroína era enviada desde Colombia a Estados Unidos por distintas rutas que pasaban por los países en los que fueron detenidos los distintos miembros de la organización.
El jefe de la DAN, subcomisionado, Godofredo Miranda, aseguró que en las últimas capturas que se han ejecutado detectaron que los sujetos intentan trasladar la droga clandestinamente a Guatemala y luego hacia México.
La mayoría de detenidos en el país son extranjeros.
Comentario
La “dama blanca” cabalga de nuevo
José Iglesias Etxezarreta
Hasta la conquista de América y la colonización, el inicio de la globalización, y su despegue definitivo después de la Segunda Guerra Mundial, cada continente y civilización tuvieron su forma intrínseca de trascender el cuerpo y los límites de la mente mediante sustancias químicas.
Simplificando mucho, de las drogas duras, el alcohol es europeo; el tabaco, norteamericano; los hongos, mesoamericanos; la coca, latinoamericana; el opio (morfina, heroína), asiático, y, el más inofensivo, el cáñamo (marihuana, achís), es magrebí y de Oriente Medio. Perfectamente integradas en sus culturas, produjeron la devastación de otras a las que eran ajenas (el ejemplo más lamentable lo constituye la exposición de las tribus indias al alcohol o las guerras del opio auspiciadas por los británicos).
Su puritana prohibición (la Ley Seca de los años 20, la Guerra a las Drogas desde los 90) ha convertido su comercialización clandestina en uno de los mayores negocios mundiales, paradoja estúpida, si no fuera letal, si se piensa que las materias primas son baratísimas, casi gratis de cultivar, y sin embargo los precios que adquiere el producto final en el mercado son exorbitantes. Hoy en día, además de la aparición, de drogas “desarraigadas”, es decir de extensión mundial (generalmente sintéticas como las pastillas o el crystal meth, la metanfetamina), estamos asistiendo a la aparición de producciones “exóticas”, fuera de sus lugares de origen.
Casi tan adictiva como el crack, ese subproducto execrable del procesamiento de la cocaína, el cultivo de amapolas y la producción de heroína en lugares en que la coca era casi una religión como Colombia y el altiplano andino ya no nos sorprende. A partir del año 2000 ha sido cada vez más frecuente ser testigo de los síntomas que anuncian que la industria ilegal latinoamericana y sus canales de distribución mesoamericanos están acometiendo con entusiasmo su peculiar “diversificación”. Los motivos están ahí para quien quiera analizarlos desapasionadamente.
El primero: una particular “sustitución de cultivos” por la depresión de los precios mundiales de los productos agrícolas tradicionales (café, azúcar, banano, etc.) forzada por los países desarrollados consumidores, que luego son precisamente los que se hacen las víctimas (o se vuelven ferozmente agresivos como EE.UU.) cuando los productores pobres aplican la lógica heredada de dicho mercantilismo.
En segundo lugar: el olvido del holocausto juvenil que provocó la “dama blanca” y su represión en los 70 y la consiguiente extensión del “heroin chic” del mundo de la moda a las clases medias estadounidenses a partir de 1997. Por último, el consumidor hedonista u ocasional ha podido ya contemplar, tras una década de protagonismo estelar de la cocaína, la mal llamada “droga productiva”, los terribles trastornos mentales y las secuelas físicas que ésta provoca frente a los aparentemente más sosegados efectos de la recién llegada al panorama latinoamericano.
Para leer el reportaje completo sobre la presencia de la heroína en América: http://www.elsalvador.com/vertice/2003/130703/reportaje.html
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