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El agua aún marca vida de 20 familias

Lourdes, Colón. Grupos de familias salieron de la Colonia San José del Río a raíz de los derrumbes de la tormenta Stan. Hoy es precisamente el agua de beber lo que anhelan en su nueva vida en la Comunidad Villa Madrid. En estos días se cumple un año de su desgracia.


Publicada 6 de octubre de 2006 , El Diario de Hoy

Villa Madrid. Unas 20 familias afectadas por Stan viven con familiares y amigos en este lugar. Foto EDH
Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Los ambientalistas dicen que el agua es fuente de vida, pero en su justa medida. Para decenas de familias, las lluvias torrencias que cayeron por efecto de la tormenta tropical Stan les supuso un giro drástico en su existencia.

El miedo a morir soterrados, como les ocurrió a sus familiares y amigos, les hizo migrar en busca de un lugar más seguro. Otros lo hicieron porque se quedaron sin nada: el agua les arrebató lo que tenían.

Un año después, para unas veinte familias que residían en la Colonia SanJosé del Río, en Lourdes, Colón, de La Libertad, una de las áreas más castigadas, el agua sigue siendo triste protagonista de sus vidas; esta vez, por su escasez.

Sólo en esta localidad se registraron cerca de 15 muertes, de las más de 70 que se cobró el fenómeno natural en octubre de 2005.

San José del Río. A la familia Pineda les dieron casa nueva. Foto EDH

Después de haber permanecido albergados durante varios días en la iglesia católica de Colón y de esperar en vano, la casa prometida del Fondo Social para la Vivienda (FSV), decidieron buscar un refugio en la Comunidad Villa Madrid.

El asentamiento se construyó con el financiamiento de la Unión Europea y la Embajada de Japón, por medio de la gestión de la Alcaldía de Colón, para los damnificados de los terremotos de 2001.

En este lugar, algunos de “arrimados” con parientes o amigos y otros que, con más suerte lograron hacerse de su propia casa, están fuera del peligro de derrumbes por las lluvias y, más lejos aún, de tener agua potable.

María Jerónima Hernández es una de las pocas personas que cuentan con un depósito lo suficientemente grande para abastecerse del líquido para varios días.

Lo tiene afuera de su casa para recaudar hasta la última gota del agua lluvia, la misma que la sacó corriendo de SanJosé del Río.

La amplitud de las casas contrasta con la rutina diaria. Las pipas de “La Chévere” (radio local), otras particulares que llegan a vender el líquido a $1 el barril y la municipalidad de vez en cuando suplen esa sequía en la que viven los damnificados de Stan.

Las tuberías y los chorros instalados adornan las entradas de las viviendas, pero de estas estructuras son contadas las veces que ha salido agua, externó Graciela Soriano Castillo, una octogenaria que tiene cinco años de residir en este sitio.

Al respecto, el alcalde de Colón, Guillermo González Huezo, dijo que éste es un problema que la empresa que hizo el proyecto no terminó de resolver. Añadió que la firma quedó comprometida a darles el servicio.

“Pusieron mechas, pero la bomba que instalaron no es de la capacidad adecuada”, acotó el edil.

Sin embargo, agregó que han retomado el compromiso de resolver la falta del servicio a través de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) y con el Fondo Nacional de Vivienda Popular (Fonavipo).

Según dijo, han visto en la construcción de un tanque la alternativa para hacerles llegar “el agua en su momento oportuno”. Aunque no especificó cuánto tiempo podría tardar la solución.

Mientras, en la Colonia San José del Río no todos los pobladores corrieron la misma suerte. Gladis Cruz de Pineda se resistía a salir de su casa.

Los gritos de sus vecinos advirtiéndole de la avalancha que se venía sobre su familia los salvó. No se explica cómo hizo para sacar su máquina de coser y pasarla por el río. Hoy cuenta con casa propia justo al lado de la que quedó soterrada. Y aunque perdió todo, haber salvado “su machete” mantuvo su esperanza.

Un tronco de árbol les libró de morir

Eusebio Pérez. Muestra el lugar de uno de los derrumbes. Foto EDH

A pesar de que hace un año vive prácticamente de posada en casa de unos amigos, Don Eusebio Pérez se considera un hombre con suerte.

Desde que conoce lo que es “andar con Dios” ha tenido por costumbre levantarse muy temprano para platicar con él.

El 4 de octubre del año pasado no fue la excepción. Eran las seis de la mañana cuando el crujir de la tierra lo hizo levantar sus rodillas del suelo.

De inmediato llamó a su esposa Hilda Isabel Cornejo y a su sobrino para que salieran de la vivienda. Hasta hoy no encuentra una razón que explique como se salvaron de morir soterrados.

La montaña de escombros que atravesó parte de la casa se desvió del cuarto en donde dormían, gracias a que un enorme tronco de árbol selló la puerta principal, cambiando el curso de la correntada de lodo.

Sin embargo, el destino no les jugó igual a todos los residentes de la Colonia San José del Río, en Lourdes, Colón, de La Libertad.

Miguel Ángel Maravilla aún recuerda a su compinche de “tragos”, Wilfredo. Ese día, una lámina sujetaba la nuca de su amigo.

Fue el único de las seis personas que vivían en el mesón del lado del río que sobrevivió al alud de tierra.

A la fecha, la piedra donde se sentaba junto a su padre a ver correr el afluente de Colón, es testigo de sus lágrimas, cuando recuerda a su progenitor.

Relata que dos niños, una apenas de días de nacida, se durmió para siempre en los brazos de su madre.

“Así los sacaron, se veía como que la estaba arrullando”, comenta Maravilla.
Los residentes del lugar recordaron a los que el aluvión de tierra se llevó con una “tamaleada y una misa de cabo de año”.

Hoy en día, en algunas de las casas que fueron abandonadas por sus antiguos dueños, viven otras familias con la fe de que “primero Dios no pase nada”.


Las otras secuelas de Stan

La emergencia desatada por la tormenta Stan puso a trabajar a 2,220 trabajadores del Fondo de Conservación Vial (Fovial).

Retirar 360,000 metros cúbicos de tierra de las carreteras en todo el país, por los derrumbes a raíz de las lluvias y reparar los daños en algunos puentes del occidente del país, fueron responsabilidad del Fovial.

Esta entidad construyó muros de gavión y los rellenos respectivos para preparar el terreno para que Obras Públicas pudiera colocar el puente que comunica a Tejutepeque, Jutiapa y el Cerrón Grande, en Cabañas.

Según la entidad, en esta obra colapsaron tres tuberías de 60 pulgadas lo que dejó sin acceso la vía.

Además, sobre la quebrada llamada “Mal paso”, localizada en la ruta que comunica a Dolores, de Cabañas, con San Juan Nuevo Edén, de San Miguel, esta institución colocó un puente tipo bailey, ya que con las lluvias del Stan las inundaciones en la vía empeoraron por la crecida del nivel del río Lempa.

En Tepecoyo, de La Libertad, la carretera que conduce a este municipio, a la altura del km 4 se derrumbó por las torrenciales lluvias lo que provocó el colapso de las tuberías de agua potable.

En este lugar, el Fovial colocó tuberías para aumentar la capacidad de drenaje del agua, así como la construcción de un muro reforzado y realizó la restitución total del pavimento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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