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Jennifer mira hacia adelante

Símbolo de Stan. La triste protagonista de la tormenta tropical que azotó el país el año pasado trata de borrar el hecho que la marcó. En la escuela ya aprendió a compartir con sus compañeros


Publicada 5 de octubre de 2006 , El Diario de Hoy

Un día de estudios. La jovencita permanece en la entrada de su aula, en el Centro Escolar San Luis La Herradura, en la Paz. Foto EDH

+ Una sobreviviente de Stan

Yamileth Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Era la hora de recreo y entre todos aquellos niños que reían y corrían en los pasillos del Centro Escolar de San Luis La Herradura, La Paz, se distinguía Jennifer Torres. Llevaba su cabello amarrado con una cola y su uniforme cuadriculado.

A simple vista parece que las huellas de aquel 5 de octubre de 2005, cuando permaneció por cuatro horas con la mitad de su cuerpo soterrado, se han borrado. Pero no es así. Ante los extraños se muestra tímida y prefiere callar.

Ante las interrogantes de su maestra, Soledad Efigenia, responde moviendo su cabeza y deja escapar una sonrisa. Esa es su única forma de comunicación con aquellos con los que ha visto raras veces.

Ante los ojos de la cámara fotográfica es esquiva. Luego de aquel accidente, se convirtió en el centro de atención de los periodistas cuando la denominaron el símbolo de la tormenta Stan.

En la escuela poco a poco se ha ido interrelacionando con sus compañeros de clases. Aunque durante los primeros meses era muy callada, no le gustaba jugar con los demás niños y en su rostro reflejaba tristeza.

A salvo. Jennifer Torres fue rescatada por miembros de los Bomberos. La niña pasó cuatro horas soterrada y le amputaron dos dedos. Foto EDH

Ahora disfruta en los recreos “se ha ambientado con las amigas de la escuela, es un poco más alegre a como estaba”, expresó su madre Blanca Cerna.

En su casa ha vuelto a ser la misma, pero aún se niega a hablar sobre la tragedia.

Esa que cambió su destino, cuando un muro calló sobre la casa y sepultó a sus hermanos Erick y Diego.

Ella corrió otra suerte, fue rescatada por bomberos y socorristas. De su familia sobrevivieron sus padres y dos hermanos más.

Sobre esto opinó la madre mientras atiende su negocio de repuestos de celulares. “Le digo que no hable de eso porque se puede poner mal.

Aunque esta cipota es fuerte, pero gracias a Dios ya está mejor”, agregó. El mismo silencio comparte la familia Torres Cerna, quienes tienen como lema que es mejor callar entre ellos porque les trae mucha tristeza.

Blanca recordó que cuando Jennifer salió del hospital Bloom se despertaba llorando por las noches y que ahora duerme tranquila. También habló de que uno de los pequeñitos es el que más siente la ausencia de Erick y Diego. “Dice que quiere a sus hermanitos porque con ellos jugaba”, continuó.

Según la madre, octubre no debería de existir. Y ese día ella lo resume en tragedia y dolor. “Me siento mal porque perder a los dos (hijos) de un solo, es duro. Es algo que está reciente, apenas ha pasado un año”, confesó.

Hoy piensan visitar las tumbas de los dos menores, enterrados en Olocuilta y rezar por ellos. Otra idea que tienen es realizar una misa en honor a ellos.

“Duele todo eso, uno a veces se hace el duro porque tiene a estos cipotes, pero hay que seguir adelante”, culminó la madre.

El día de la tragedia
Todos estaban descansando en la casa
- Ese día lluvioso, la familia permanecía en la sala. Guadalupe, la mayor de las hijas, salió a ver el maíz que estaba en el fuego.
- Ella alcanzó a ver que el muro venía sobre la casa, corrió a dentro y grito a los demás que corran.
- Pero no todos alcanzaron a salir. Sólo Guadalupe, su madre y dos niños se libraron, los demás quedaron atrapados. Dos murieron.

“Jennifer no quiere hablar sobre la tragedia. Le digo que mejor no lo haga porque se puede poner mal, aunque está cipota es fuerte, pero está mejor”

“Ese día perdí a dos de mis hijos. Para mí significa tragedia, dolor, desgracia. Para mi no existiera octubre, me trae malos recuerdos”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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