| Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
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Es sorprendente que profesionales, médicos y políticos opinen tan a la ligera e irresponsablemente sobre un tema que afecta la salud de mujeres, que mata niños no nacidos y que además tiene efectos en los niños que sobrevivieron el intento de su madre de abortarlos.
Al promover y proteger “legalmente” un producto, que hace muy ricos a los fabricantes y vendedores, olvidan los derechos de las mujeres a tener toda la información completa para tomar una decisión correcta, mueren inocentes, se violan las leyes y la misma Constitución de la Repú-blica. Y para colmo, los encargados de resguardar la salud y las leyes del país son los que defienden esta droga y engañan a la población.
La Píldora del Día Después (PDD), mal llamada “anticoncepción de emergencia”, entre sus mecanismos de acción incluye un componente de significado ético fuerte: Impide que el embrión humano, de unos siete días de vida, pueda implantarse en el útero de su madre para alimentarse. Al encontrar un ambiente hostil, esta personita es expulsada del lugar creado para cuidarla y protegerla, para seguir su proceso de desarrollo. Cualquiera que niegue este mecanismo de acción está mal informado, es un ignorante o tiene algún interés oculto en engañar a otros.
Científicamente está comprobado lo que hace la PDD, lo que se ignora es cuántas veces lo hace. Por lo tanto, que un médico la recete a sus pacientes femeninas conlleva una fuerte carga de responsabilidad, en la que juega un papel muy relevante la ética biológica y la ética profesional.
La PDD ejerce un efecto multifactorial, que depende de la relación entre el momento que se toma el producto, el día del ciclo menstrual o el tiempo transcurrido desde el coito. En la versión oficial, es ampliamente conocido que una de sus funciones es alterar el endometrio para impedir la implantación del óvulo FECUNDADO (con mayúscula para que quede claro, puesto que los que promueven este abortivo, convenientemente omiten esta “pequeña” palabra).
Aprovechan la ignorancia que hay, pues si sólo es un óvulo el que se elimina, no es una vida humana, pero si ya está fecundado, es un crimen. Un simple óvulo no necesita que se cambie el endometrio con la PDD para ser expulsado del cuerpo, puesto que esto sucede naturalmente todos los meses. En cambio, un óvulo fecundado de siete días no podrá implantarse, muriendo sin haber tenido oportunidad de conocer a su madre y darle todo su amor.
Asimismo, maliciosamente, los que se lucran de la PDD la venden irresponsablemente a niñas de cualquier edad, sin especificar que para que funcione (aunque no es 100% segura) se debe usar unas horas después de la relación. La mayoría de jovencitas la compran cuando tienen un atraso y al no ver la regla, la siguen comprando sin llegar al efecto buscado. ¿Qué pasó con hablar claro y sin tapujos?
En la octava edición, 4º volumen, del libro “Walsh Retik Vaughan OEIN-CAMPBELL’S UROLOGY”, hay un estudio de jóvenes que tienen cáncer en los testículos, que están pagando las consecuencias de que sus madres hayan usado la PDD para abortarlos y falló.
Señores defensores de la PDD: Ustedes no vinieron de un óvulo fecundado sino que lo fueron; ustedes no vinieron de un embrión sino que lo fueron; ustedes no vinieron de un feto humano sino que lo fueron. Nada ha sido añadido a ese óvulo fecundado, embrión y feto que ustedes fueron, más que nutrición.
Juan Pablo II dijo: La nación que mata a sus propios hijos es una nación sin futuro… Nuestro país que ya anda mal, necesita que protejamos y enseñemos a las futuras generaciones a respetar las leyes y la vida, en todas sus etapas.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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