| Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Para planificar, como país, un mejor futuro, es importante tener un diagnóstico acertado del presente. Y para entender los problemas del presente y buscarles solución, es necesario escudriñar en el pasado. La historia es, como se suele decir, la maestra de la vida. No cabe la menor duda de que la guerra de los ochenta ha sido el episodio histórico más trascendental de la historia nacional.
Lo ha sido no sólo por lo ocurrido en el plano puramente militar. Los tiros y las bombas sólo fueron el efecto ruidoso y sangriento de múltiples causas de raíces muy profundas. Las visiones históricas subjetivas, cargadas de ideología o con fines puramente de propaganda son en verdad peligrosas. Han llegado a provocar, incluso, conductas colectivas violentas.
Recuerdo cuando, siendo un adolescente, leí por primera vez sobre los sangrientos sucesos de 1932. Fue un librito escrito por un investigador claramente de izquierda. Me quedé sorprendido y espantado. Allí se decía que 30 mil personas habían sido asesinadas en poco más de dos semanas en el occidente del país. Se hablaba de fosas comunes, fusilamientos y ahorcados.
Leí nombres como Francisco Sánchez, Feliciano Ama y Fara-bundo Martí, este último de evocaciones sonoras extrañamente violentas y revolucionarias. Se decía que eran héroes. Yo ya estaba en bachillerato y jamás en los años escolares previos los había oído ni siquiera mencionar. Lo del 32 se leía hasta hace pocos años de manera casi clandestina.
Después leí el trabajo, sobre esos mismos sucesos, de investigadores más objetivos que, basándose en estudios demográficos, testimonios y documentos importantes; incluso algunos en poder de la KGB y dados a conocer después del colapso de la Unión Soviética, han echado luz sobre lo ocurrido en esa época e incluso derrumbado varios mitos.
Los muertos no pasaron de cuatro mil (la cifra sigue siendo espeluznante, por supuesto), algunos de los llamados héroes del 32, como el caso específico de Francisco Sánchez, eran más bien aventureros sin ideología alguna. El partido comunista no tuvo un papel determinante ni en la planificación ni en la conducción de la revuelta, ni Farabundo Martí era el secretario general del mencionado partido.
Lo que el sorprendido partido comunista hizo fue sumarse al levantamiento campesino y tratar de convertirlo en una insurrección proletaria marxista. Pero sobre este hecho capital en nuestra historia, había silencio total por un lado y propaganda por el otro. Recuerdo que un día después de leer el libro “Miguel Mármol”, de Roque Dalton, a finales de los setenta le pregunté a un tío abuelo si sabía lo que había ocurrido en el 1932. La respuesta me dejó aturdido: “Fue cuando los comunistas mataron a 30 mil guardias nacionales”.
Lo ocurrido con los sucesos de 1932, puede volver a pasar con la guerra de los ochenta. Hasta ahora casi todo lo que se ha escrito viene del lado de la izquierda. Mucho de ello es más propaganda que otra cosa. Es necesario que haya más libros como “La Reforma Pactada”, de Salvador Samayoa, trabajo que además de tener rigor académico ha sido escrito por un protagonista directo del proceso de negociación.
Es de suma importancia conocer también los testimonios de los que participaron del lado de la Fuerza Armada, de los gobiernos de la época y las fuerzas de derecha. Serán importantes insumos para los historiadores del presente y del futuro. En lo particular no me considero un historiador o un analista, sino más bien un cronista sincero al que le tocó vivir muy de cerca los hechos. Por lo que escribo, me han insultado algunas cabezas calientes. Pero nadie, absolutamente nadie, ha dicho que lo que he narrado sea mentira.
En las próximas semanas saldrá a la luz un libro escrito por Juan Ramón Medrano, conocido durante la guerra como “Coman-dante Balta”, titulado “Memorias de un Guerrillero”. Por la calidad humana de Juan Ramón, su singular historia personal en el frente de batalla, su capacidad intelectual y sobre todo su madurez y objetividad, no me cabe duda que este testimonio será un insumo de incalculable valor en la construcción de la historia nacional reciente.
*Columnista de El Diario de Hoy.
marvingaleas@cinco.com.sv

|