|
La
Nota del Día
No se internacionalice la criminalidad interna
En rechazo a las negociaciones del gobierno socialista de Zapatero, un millón de sevillanos marcharon exigiendo que el país no claudique ante la banda ETA
Publicada 5 de octubre de 2006, El Diario de
Hoy
|
| El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El señor presidente del Gobierno español Zapatero dispuso presentar al Parlamento Europeo el tema de las violaciones por los etarras a la tregua acordada con su gobierno. Pero eso, señaló el líder opositor Mariano Rajoy, es internacionalizar lo que es un problema de criminalidad común. Como si el gobierno colombiano llevara ante las Naciones Unidas las barbaridades de la narcoguerrilla, o los Estados Unidos se quejara ante la OEA por los problemas que tienen con las pandillas urbanas.
Por hoy la ETA ni renuncia a su objetivo de separarse de España ni deja de perpetrar actos terroristas contra civiles inocentes. El problema es que el señor Zapatero le ha dado categoría de acción política a lo que es pura y lironda criminalidad, lo que ladrones, asesinos, secuestradores y bandoleros hacen en todo el mundo.
De hecho, los traficantes de opio y heroína en Afganistán se han transformado en “fundamentalistas religiosos” al agruparse como Al Qaeda, de la misma forma como los narcoterroristas colombianos son “movimiento político” y se sientan en las asambleas del Foro de Sao Paulo, la cúpula de cierta clase de bandas delincuenciales de nuestra América.
Rajoy tiene toda la razón al rechazar lo dispuesto por el socialista Zapatero. Aunque un país puede y en cierta forma debe pedir auxilio cuando está bajo asedio de una criminalidad superior a sus fuerzas, eso no justifica nunca darle el carácter de político a lo que es un asunto de orden público. América enfrenta en la actualidad el desafío del narcotráfico, del crimen organizado, de las maras y del terrorismo, nada de lo cual es “político” aunque en muchas partes haya terroristas que funjan como diputados o inclusive jefes de desgobierno, lo que ocurre en al menos cuatro países de Sudamérica.
Evo Suéter, El Emplumado, hizo de la coca un símbolo sagrado, amenazando con invadir de coca a sus vecinos. Lo que es delincuencia cobra carta de ciudadanía política, como durante los años ochenta en las cancillerías europeas se recibía a representantes de las bandas terroristas centroamericanas como “embajadores”. Imaginemos la reacción del gobierno italiano si a forajidos de las Brigadas Rojas se les hubiera dado trato de diplomáticos en las cancillerías de El Salvador o de Guatemala.
Se negocia de espaldas a las víctimas
Rajoy y la mayor parte de fuerzas vivas de España, incluyendo a los vascos honestos, son inequívocos en sus posturas: terroristas son terroristas y meterse en tratos con ellos es permitirles reagruparse y reanudar la violencia en España.
Miren lo que está sucediendo en nuestra tierra: no sólo los terroristas no se transformaron en mansas ovejas, sino que han lanzado una nueva modalidad de guerra apoyada en la delincuencia callejera, la de las maras. Lo hacen con la complicidad de los camaradas jueces que han tendido un manto de impunidad sobre los criminales, a los que sueltan con los más cínicos y deleznables argumentos.
En rechazo a las negociaciones del gobierno socialista de Zapatero, un millón de sevillanos marcharon exigiendo que el país no claudique ante la banda ETA. El presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Francisco Alcaraz, planteó la dimisión de Zapatero porque “no puede capitanear un proceso de rendición ante los terroristas, de espaldas a la mayoría de las víctimas y de la ciudadanía”. Como sucedió en El Salvador a finales de los ochenta.

|