elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

¿Quién maneja realmente el negocio?

¿A quién pertenece una empresa? Estoy hablando de términos filosóficos, no legales.

Publicada 3 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Por Jack y Suzy Welch
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com

Pregunta: ¿A quién pertenece una empresa? Estoy hablando de términos filosóficos, no legales. Algunas personas dicen que pertenece a los accionistas. Otra que a sus empleados. Y hay otros que dicen que la empresa existe para el bien de los clientes. ¿Ustedes qué piensan?
--Tomohiro Horibe, Saitama, Japón

Respuesta: La empresa pertenece a los accionistas. Ellos son sus dueños. Ellos la controlan. Las cosas son de este modo, y es así como deben ser. No interprete nuestra franqueza de manera equivocada. Su pregunta es compleja.

Por cierto, está en el centro de un debate actualmente en curso sobre la propiedad de las corporaciones o, dicho de manera más amplia, sobre quien tiene la “voz”.

El debate sobre la voz es complejo y polémico. De hecho, ahora mismo podemos escuchar a los “políticamente correctos” poniendo en marcha sus motores. Larazón es que muchos grupos de activistas quieren tener el derecho a opinar en una empresa, y a fijar su política.

Por ejemplo, los líderes laborales le dirán que los negocios no pueden funcionar sin sus empleados, y sin embargo ellos ganan menos que los ejecutivos. ¿No tendrían los trabajadores que conseguir algo más para corregir la desigualdad?

Los funcionarios electos hablarán sobre los efectos de la empresa en los residentes locales, y mencionarán el tráfico, la contaminación o la disminución del valor de sus casas.

¿No tendría la comunidad que conseguir alguna forma de reparación por el daño que se le ha hecho? Los activistas sociales citarán la responsabilidad de los fuertes y poderosos para ayudar a los débiles y menos afortunados.

¿No debería una empresa cumplir con ese código moral? Sí, sí y sí -- en principio. Pero el problema es que muchas de los que abogan por la voz, incluso con suscomponentes legítimos, tienen agendas secretas por debajo de las que proclaman, y con frecuencia tienen muy poco que ver con la realidad de lo que la empresa hace.

Los organizadores de los sindicatos claman de manera rutinaria en contra de las empresas, sin tener en cuenta sus verdaderas prácticas laborales, como parte de una campaña que nunca se termina para aumentar su número de miembros, y de este modo sus fondos.

Respecto a los políticos, envilecer a quien parece ser un enemigo grande, rico, puede ser un método rápido para conseguir publicidad y apoyo popular, incluso si sucede que ese enemigo grande y rico está creando empleos y aportando gran cantidad de impuestos a la comunidad.

Los activistas sociales suelen apuntar a las empresas para llamar la atención y para juntar dinero destinado a sus causas usando lo que probablemente es el método más barato.

A los medios de comunicación de masas les encanta un buen altercado en una reunión de accionistas, incluso si los que están generando todo el sonido y la furia son solamente uno o dos activistas profesionales que son dueños de unas pocas acciones.

Con todas esas agendas girando alrededor de ellas, las empresas pueden quedarse atascadas en un verdadero desorden si comienzan a responder a la variedad de accionistas que quieren una parte de la empresa.

Esto no significa que deban desoír a esos grupos. Las empresas viven o mueren por obra de los empleados comprometidos con ella y de los clientes satisfechos. Obviamente, tienen que escuchar a ambos.

Responsabilidad

Las empresas residen en comunidades y deben actuar como cualquier buen vecino lo haría. Finalmente, forman parte de una sociedad y deben aceptar las responsabilidades de esa ciudadanía.

Lo que pasa es que el capitalismo con sus dueños accionistas refuerza todo eso. ¿Por qué? Porque el capitalismo está basado en el principio de que los accionistas quieren que sus empresas ganen; ellos quieren una ganancia sostenida.

Y una ganancia sostenida hace aparecer exactamente el tipo de resultados que acabamos de mencionar: clientes satisfechos, empleados comprometidos con sus trabajos, comunidades prósperas y sociedades sanas.

Ahora bien, a los críticos del capitalismo les gusta señalar que a algunas empresas no les importa nada el mayor principio del capitalismo.

Afirman que la gerencia quiere el máximo de reembolso para hoy -- olvídense lo que ocurrirá dentro de 10 años. Y en consecuencia exprimen la vida de sus empleados o destruyen el medio ambiente (o cometen cualquier cantidad de otros crímenes sociales) a fin de conseguir fuertes ganancias con rapidez.

Para empeorar las cosas, dicen, muchas empresas pagan a sus ejecutivos sumas ridículas para que consigan resultados a corto plazo o, aún peor, con pobres rendimientos.

En resumidas cuentas, sostienen los críticos, la avaricia humana es un poderoso defecto del sistema capitalista.

Otra destacada crítica al capitalismo se refiere a la creciente tendencia de los accionistas a comprar acciones y jugar con ellas.

Se dice que a este sector, constituido por fondos de inversiones de todos los tipos, no le importa nada el crecimiento y las ganancias a largo plazo.

Esos inversionistas, por cierto, no solamente irritan a los activistas. Las empresas también los denuncian; miren el actual debate sobre si debería haber un período de espera definido antes de que se otorgue el derecho de voto.

Un período de espera podría realmente acallar algo de la crítica en este frente particular, pero siempre habrá grupos que clamarán en contra el capitalismo. Mire, el capitalismo tiene sus defectos.

Pero también tiene la virtud de que esos mismos críticos, con sus propósitos ocultos y abiertos, consiguen que se oigan sus voces en el mercado y (fuertes y claras) en los medios de comunicación de masas.

Pero tener la voz no es ser propietario; es tener influencia. Así que resulta que las respuestas legales y filosóficas a su pregunta son una y la misma.

Una empresa existe para servir a la gente que elige al consejo directivo, quien a su vez elije a la gerencia que manejará a la empresa. Una empresa existe para sus dueños.

(Jack y Suzy Welch son autores del libro “Winning”, un gran éxito de venta a nivel internacional. Ustedes pueden enviarles preguntas por correo electrónico a Winning (at) nytimes.com. Por favor, incluya su nombre, su ocupación, su ciudad y su país).


—Welch es Presidente de Jack Welch, LLC. Asesora directores y presidentes de empresas Fortune 500. Fue Chairman y CEO de General Electric, convirtiéndola en la corporación más valiosa del mundo. —

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

elsalvador.com WWW