Por
Jack y Suzy Welch
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Pregunta: ¿A quién pertenece una empresa?
Estoy hablando de términos filosóficos, no legales. Algunas
personas dicen que pertenece a los accionistas. Otra que a sus empleados.
Y hay otros que dicen que la empresa existe para el bien de los clientes.
¿Ustedes qué piensan?
--Tomohiro Horibe, Saitama, Japón
Respuesta: La empresa pertenece a los accionistas. Ellos
son sus dueños. Ellos la controlan. Las cosas son de este modo,
y es así como deben ser. No interprete nuestra franqueza de manera
equivocada. Su pregunta es compleja.
Por cierto, está en el centro de un debate actualmente en curso
sobre la propiedad de las corporaciones o, dicho de manera más
amplia, sobre quien tiene la “voz”.
El debate sobre la voz es complejo y polémico. De hecho, ahora
mismo podemos escuchar a los “políticamente correctos”
poniendo en marcha sus motores. Larazón es que muchos grupos de
activistas quieren tener el derecho a opinar en una empresa, y a fijar
su política.
Por ejemplo, los líderes laborales le dirán que los negocios
no pueden funcionar sin sus empleados, y sin embargo ellos ganan menos
que los ejecutivos. ¿No tendrían los trabajadores que conseguir
algo más para corregir la desigualdad?
Los funcionarios electos hablarán sobre los efectos de la empresa
en los residentes locales, y mencionarán el tráfico, la
contaminación o la disminución del valor de sus casas.
¿No tendría la comunidad que conseguir alguna forma de reparación
por el daño que se le ha hecho? Los activistas sociales citarán
la responsabilidad de los fuertes y poderosos para ayudar a los débiles
y menos afortunados.
¿No debería una empresa cumplir con ese código moral?
Sí, sí y sí -- en principio. Pero el problema es
que muchas de los que abogan por la voz, incluso con suscomponentes legítimos,
tienen agendas secretas por debajo de las que proclaman, y con frecuencia
tienen muy poco que ver con la realidad de lo que la empresa hace.
Los organizadores de los sindicatos claman de manera rutinaria en contra
de las empresas, sin tener en cuenta sus verdaderas prácticas laborales,
como parte de una campaña que nunca se termina para aumentar su
número de miembros, y de este modo sus fondos.
Respecto a los políticos, envilecer a quien parece ser un enemigo
grande, rico, puede ser un método rápido para conseguir
publicidad y apoyo popular, incluso si sucede que ese enemigo grande y
rico está creando empleos y aportando gran cantidad de impuestos
a la comunidad.
Los activistas sociales suelen apuntar a las empresas para llamar la atención
y para juntar dinero destinado a sus causas usando lo que probablemente
es el método más barato.
A los medios de comunicación de masas les encanta un buen altercado
en una reunión de accionistas, incluso si los que están
generando todo el sonido y la furia son solamente uno o dos activistas
profesionales que son dueños de unas pocas acciones.
Con todas esas agendas girando alrededor de ellas, las empresas pueden
quedarse atascadas en un verdadero desorden si comienzan a responder a
la variedad de accionistas que quieren una parte de la empresa.
Esto no significa que deban desoír a esos grupos. Las empresas
viven o mueren por obra de los empleados comprometidos con ella y de los
clientes satisfechos. Obviamente, tienen que escuchar a ambos.
Responsabilidad
Las empresas residen en comunidades y deben actuar como cualquier buen
vecino lo haría. Finalmente, forman parte de una sociedad y deben
aceptar las responsabilidades de esa ciudadanía.
Lo que pasa es que el capitalismo con sus dueños accionistas refuerza
todo eso. ¿Por qué? Porque el capitalismo está basado
en el principio de que los accionistas quieren que sus empresas ganen;
ellos quieren una ganancia sostenida.
Y una ganancia sostenida hace aparecer exactamente el tipo de resultados
que acabamos de mencionar: clientes satisfechos, empleados comprometidos
con sus trabajos, comunidades prósperas y sociedades sanas.
Ahora bien, a los críticos del capitalismo les gusta señalar
que a algunas empresas no les importa nada el mayor principio del capitalismo.
Afirman que la gerencia quiere el máximo de reembolso para hoy
-- olvídense lo que ocurrirá dentro de 10 años. Y
en consecuencia exprimen la vida de sus empleados o destruyen el medio
ambiente (o cometen cualquier cantidad de otros crímenes sociales)
a fin de conseguir fuertes ganancias con rapidez.
Para empeorar las cosas, dicen, muchas empresas pagan a sus ejecutivos
sumas ridículas para que consigan resultados a corto plazo o, aún
peor, con pobres rendimientos.
En resumidas cuentas, sostienen los críticos, la avaricia humana
es un poderoso defecto del sistema capitalista.
Otra destacada crítica al capitalismo se refiere a la creciente
tendencia de los accionistas a comprar acciones y jugar con ellas.
Se dice que a este sector, constituido por fondos de inversiones de todos
los tipos, no le importa nada el crecimiento y las ganancias a largo plazo.
Esos inversionistas, por cierto, no solamente irritan a los activistas.
Las empresas también los denuncian; miren el actual debate sobre
si debería haber un período de espera definido antes de
que se otorgue el derecho de voto.
Un período de espera podría realmente acallar algo de la
crítica en este frente particular, pero siempre habrá grupos
que clamarán en contra el capitalismo. Mire, el capitalismo tiene
sus defectos.
Pero también tiene la virtud de que esos mismos críticos,
con sus propósitos ocultos y abiertos, consiguen que se oigan sus
voces en el mercado y (fuertes y claras) en los medios de comunicación
de masas.
Pero tener la voz no es ser propietario; es tener influencia. Así
que resulta que las respuestas legales y filosóficas a su pregunta
son una y la misma.
Una empresa existe para servir a la gente que elige al consejo directivo,
quien a su vez elije a la gerencia que manejará a la empresa. Una
empresa existe para sus dueños.
(Jack y Suzy Welch son autores del libro “Winning”, un gran
éxito de venta a nivel internacional. Ustedes pueden enviarles
preguntas por correo electrónico a Winning (at) nytimes.com. Por
favor, incluya su nombre, su ocupación, su ciudad y su país).
—Welch es Presidente de Jack Welch, LLC. Asesora directores y presidentes
de empresas Fortune 500. Fue Chairman y CEO de General Electric, convirtiéndola
en la corporación más valiosa del mundo. —
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