|
Palabras
El patio de la rosa imaginaria
Atrás de la casucha del abuelo Alfonso --que aún sobrevive a los inviernos de la cumbre-- está el patio claro e imaginario donde creció mi madre, gozosa y feliz entre los bosques de bálsamo, que perfumaban el aire y la leyenda.
Publicada 3 de octubre de 2006, El Diario de Hoy
|
| Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Aun está el patio de la orquídea y la antigua casa. Lo demás no está. Fue sólo un sueño. El drama perdido de una ilusión o de la fugacidad del mundo. Nadie cree en los enamorados fantasmas que regresan en las noches de luna.
Sólo yo sé del patio de la rosa imaginaria al otro lado del aire. En aquel lejano lugar enclavado en una cumbre, donde a veces vuelven los lobos azules de la leyenda a beberse el agua fresca de los escondidos manantiales. Donde a veces vuelve mi corazón, como un rojo lobo de mi nostalgia, a buscar el perfume de una perdida primavera.
Allá vuelvo a encontrar cuando niña a mi madre, con su gato blanco, enroscado en sus piernas como una nubecilla blanca y con bigotes. El gato murió en un incendio y la niña de pelito corto y un mirar de estrellas, se fue por un senderito a buscar el día lejano del amor.
Es el patio de la rosa imaginaria que a veces encuentro cuando cierro los ojos o al abrir la puerta del frío muro del adiós...
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a día
Riqueza y pobreza
“Para que haya ricos tiene que haber pobres y para que haya pobres tiene que haber ricos”, dijo un “analista político”, en un programa televisivo reciente, barbaridad que desde hace dos siglos contradice la realidad. Afirmarlo es el equivalente a creer que la causa de las enfermedades son los embrujos.
Hay casos, ciertamente, en que la riqueza de uno es la pobreza de otro, como al repartir el botín obtenido de un secuestro y dejar fuera a algunos de la banda. En los organismos estatales, dada la naturaleza limitada de los presupuestos públicos, lo que se da de más a un ministerio por fuerza reduce las disponibilidades del resto.

|