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Economía para todos
Tecnología,¿culpable de las crisis?

Los “ciclos económicos” son fluctuaciones violentas experimentadas por las economías de ciertos países, que pasan rápidamente de períodos de gran crecimiento a otros de profunda recesión (ciclo…tímicos)

Publicada 3 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Suele fijarse el inicio de “la era de las computadoras” en 1971, en California, cuando Bob Noyce y Gordon Moore pudieron comercializar el primer microprocesador.

Los hitos históricos como el mencionado son siempre convencionales, y usualmente están más relacionados con la fecha de su impacto económico (¡siempre el vil metal!...), que con la de su irrupción como novedad científica.

Porque las computadoras ya existían desde antes de 1971, pero su desarrollo comercial sólo fue posible con los microchips.

Y no fue sino hasta varios años después que el mundo pudo entrar a la “era de la conectividad”, muy bien caracterizada por Manuel Hinds como “el resultado del matrimonio entre las computadoras y las comunicaciones”.

Claro que las revoluciones (hablo las tecnológicas, ¿eh?...), habían comenzado mucho antes, y puede hablarse hasta la fecha de cinco de ellas, acerca de lo cual la académica venezolana Carlota Pérez, profesora de la “very british” Universidad de Sussex, ha escrito un libro muy interesante llamado “Revoluciones tecnológicas y capital financiero”.

Sabiendo que la exactitud en las fechas es puro convencionalismo, la profesora Pérez sitúa en 1771 el inicio de la primera revolución tecnológica, también conocida como “la revolución industrial”, y vinculada con la mecanización de la actividad textil en Gran Bretaña.

A la segunda revolución tecnológica le pone fecha de nacimiento en 1829, y la relaciona con la también británica industria de los ferrocarriles, iniciada con la línea férrea desde Liverpool (antes de los Beatles) hasta Man-chester. Había nacido el transporte masivo.

La tercera revolución ya se dio del otro lado del océano (donde hacen los billetes con la cara de Washington), porque fue en Braddock, Penn-sylvania, donde Andrew Car- negie desarrolló el convertidor Bessemer, padre de la industria siderúrgica. Había comenzado la era del acero, y con ella la industria pesada.

Henry Ford, con su modelo T de bajo precio, fue el responsable de la cuarta revolución tecnológica en 1908, que dio nacimiento no sólo a la industria automotriz, sino también a la producción masiva en líneas de montaje: todo un símbolo del Siglo XX.

Y la quinta revolución es la mencionada “era de las computadoras”, posteriormente devenida en “era de la conectividad”.

El libro de la profesora Pérez no se queda en la simple descripción de las cinco revoluciones tecnológicas, sino que señala que todas estuvieron vinculadas con alguna crisis de “ciclo económico”, siendo la candidata a llevarse la culpa “la revolución tecnológica”. ¿Será? (mhhh…, aquí hay gato encerrado).

Los “ciclos económicos” son fluctuaciones violentas experimentadas por las economías de ciertos países, que pasan rápidamente de períodos de gran crecimiento a otros de profunda recesión (ciclo…tímicos).

Siempre habrá leves fluctuaciones en la actividad económica, resultantes no sólo de los avances tecnológicos, sino también de cambios en el gusto de los consumidores, de variaciones en la disponibilidad de recursos naturales, o de eventos internacionales.

Pero cuando hay crisis…, a las causas no hay que buscarlas en “las nuevas tecnologías”, sino en las manipulaciones monetarias que los gobiernos hacen para “incentivar las inversiones relacionadas con tales nuevas tecnologías”.

Todo comienza con el “boom” del ciclo económico, cuando las autoridades monetarias manipulan la tasa de interés para que baje, porque “consideran que está muy alta” (¿con respecto a qué?...).

El efecto inmediato será similar a que existiera más ahorro disponible para hacer nuevas inversiones, las cuales recibirán en consecuencia un gran impulso..., artificial (¡oops!).

Dado que muchas personas dejarán de ahorrar frente a la existencia de tasas más bajas, al poco tiempo estas nuevas inversiones serán “mal-inversiones”, porque en los bancos no habrá fondos suficientes para seguir financiándolas.

Reaparecen entonces las autoridades monetarias, ahora considerando “que la tasa de interés está muy baja” (¿en qué quedamos?, papito...), y provocan su aumento, mandando a la quiebra a muchos de esos proyectos artificiales, que se tornan inviables con estas nuevas tasas de interés más altas.

Es por ello que, a diferencia de lo que cantaba Howard Jones, “No one is to blame”, algo así como “Nadie es culpable”, en el caso de las crisis siempre hay culpables (obvio), pero lo usual es acusar a un inocente…, como es la tecnología, de forma que quede libre de culpa y cargo la nada inocente manipulación monetaria.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

 

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