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Hogar, dulce hogar

Algo recelosos, pero receptivos para las visitas, los marchistas abrieron su hogar para El Diario de Hoy y mostraron su vida en la Casa del Atleta


Publicada 2 de octubre de 2006, El Diario de Hoy

Los marchistas leen la Biblia con su entrenador. Foto: EDH

Tomás Romero
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Todos la describen como lo mejor que les pudo pasar. Ahora la consideran su hogar.

áubicada en un lugar estratégico y eso les permite tener la oportunidad de contar con acceso rápido al estadio y aprovechar al máximo el tiempo para entrenar, hacer sus tareas escolares o simplemente descansar.

En febrero de este año, el Instituto Nacional de los Deportes de El Salvador(INDES), la Secretaría de la Juventud, y el Comité Olímpico de El Salvador (COES), dieron vida a un proyecto: la Casa del Atleta.

Creada en un inicio para 16 deportistas, independientemente de la especialidad que compitan, la casa se ha convertido en una exclusividad de los marchistas, que dicen no tener nada de qué quejarse.

“Quizá se podría decir que es hasta muy grande la casa sólo para nosotros, aquí tenemos lo necesario para descansar”, comentó Walter Sandoval, quien con Verónica Colindres, Salvador Mira, Víctor Hugo Reyes, Ricardo Reyes y Emerson Snal, son los inquilinos de un proyecto del que están muy agradecidos.

Comida. Ricardo Reyes y Verónica Colindres en el almuerzo. Foto: EDH

“Primeramente le doy gracias a Dios por haber encontrado gente que nos ha apoyado: con César Funes que es quien hizo toda la gestión de la casa; el INDES, que es el que les da la comida; la Federación; el Comité Olímpico, Powerade...”, indicó Rigoberto Medina, el entrenador de los atletas, quien agregó que agradece “a tantas personas en este país, sinceramente. Pero primero le doy gracias a Dios por haberlas puesto en mi camino”.

Según el cubano, el que estén alojados en la casa “hace mejorar a los chicos una barbaridad, son de cuna humilde, hoy en día tienen una ayuda de la Powerade, algunos tienen ayuda del Comité Olímpico. Es maravilloso que tengan su comida garantizada y vivir a una cuadra de donde entrenamos”.
“Ahí desayunan, almuerzan, cenan, tienen lugar para descansar, televisor, refri, microondas.

Hace falta el teléfono, esperamos que se resuelva, se han dado grandes pasos, con cosas mejores”, agregó Medina, quien luego de reflexionar un poco, dice que “lo que me preocupa es que estén todo el día hablando por teléfono y va a salir muy caro...Es mejor que estén así como están”.

Mucha unión

Convivir más tiempo le ha ayudado al grupo a unirse, lo cual ha redundado en beneficio para el entrenador, quien considera que también es valioso el que todos sean cristianos.

“Lo más lindo que hay en la casa es que todos los chicos son cristianos, todos han aceptado a Cristo como su salvador personal y para mí1 eso es algo maravilloso. Todos se congregan en la iglesia”, explicó el cubano, quien comentó que “en la casa hay una gran hermandad, una gran unión”.

Los atletas están distribuidos dos por habitación. “Verónica y Cristina, Ricardo y Walter, Emerson y Chamba, y Víctor y Marcos, yo a cada ratito los muevo”, añadió Medina, quien explicó que la situación era diferente cuando estaban en la Villa Centroamericana, pues eso no les ayudaba.

“Cuando estaban en la Villa, Víctor, Ricardo y Verónica venían a pie para el estadio (Jorge González), porque a esa hora no hay buses y no había transporte”

“Esta casa nos ha ayudado bastante, antes me tocaba levantarme a las cuatro lo más tarde, agarrar el bus a las 5:00 de la mañana, y era bien peligroso, cuando yo venía ya todos habían comenzado”, recordó Víctor.

“Antes éramos unidos, pero siempre hubo un alejamiento entre nosotros, siempre discutíamos, pero hoy que hemos conocido a Dios, por medio de Él nos hemos unido más”, completó Reyes.

Horario saturado

Walter Sandoval hace sus tareas escolares. Foto: EDH

Cuando tienen programado resistencia, los marchistas se levantan para entrenar a las 4:00 de la mañana, regresan a la casa entre 7:30 y 8:00 de la mañana. Luego de bañarse y desayunar, algunos van a clases en la Villa, de 9:30 a.m. a 12:00 meridiano.

Regresan a la Casa del Atleta como a las 12:30 o 1:00 de la tarde, almuerzan, descansan un poco y a las 3:00 o 3:30 p.m. entrenan otra vez.
Alrededor de las 5:00 p.m. están de nuevo en la casa, libres... pero para hacer sus tareas.

Entreno, descanso y ruidos misteriosos

La medallista de oro de los recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe, Cristina López, no vive en la casa, pero la usa como un lugar para reposar luego de los extenuantes entrenamientos.

“Yo no vivo aquí, en las tardes me voy para mi casa, pero me sirve para descansar. Entreno 20 kilómetros y termino supercansada. Vengo, desayuno, me acuesto a dormir, me levanto a las 12:00 m., veo televisión, si me siento cansada, me vuelvo a dormir, el descanso es el mejor amigo para el entrenamiento”, comentó la atleta.

Según López, la situación era totalmente diferente cuando no tenían un lugar disponible para poder relajarse, y sobre todo tan cerca del estadio Jorge González.

“Antes me tocaba superpesado, cuando terminaba el entreno me iba para la casa, cuidaba a la niña, me bañaba, a las dos ya venía para acá. No descansaba nada, era difícil, esto ha sido caído del cielo para nosotros, porque muchos vivimos muy lejos y teníamos que madrugar mucho”, explicó la marchista. Y reconoció que “nos ha servido de mucho, ha sido muy buena idea que nos hayan dado la casa”.

Relajado. Víctor Reyes aprovecha para descansar un poco y ver televisión un momento. Foto: EDH

Al ser cuestionada sobre qué aspectos se deben mejorar en la casa, y luego de pensarlo un poco, López dijo: “necesitamos computadoras, porque uno tiene deberes, pero hasta el momento estamos bien”.

En lo anterior coincide con Sandoval, quien menciona que a veces tenemos tareas que hacer, la computadora nos ayudaría a no descuidar lo académico”.

Sin embargo, ninguno mencionó lo que los dirigentes ofrecieron cuando fue inaugurada la Casa del Atleta: conexión a internet, la cual obviamente traía incluido, al menos, una computadora.

Pero aunque les es difícil encontrar quejas sobre su alojamiento, una casa amplia y con varias habitaciones se presta para muchas historias.

“A veces sentimos como que hay gente, pero es la misma onda de uno. Una vez uno oyó que como que andaban en el techo, pero como que era una ardilla, no sé. Pero nosotros estábamos afligidos porque pensamos que se estaban metiendo ladrones, y todos salimos con palos y toda onda, pero un animal era”, dijo Sandoval, entre risas.

“Mis compañeros son un poco miedosos, yo no. Sí, la casa se ve sola, pero a mí me gusta, es callado, tranquilo, me encanta”, finalizó Cristina.

Walter Sandoval
Marchista

“Estoy agradecido, porque sea como sea, no cualquiera tiene este tipo de apoyo”

Cristina López
Marchista
“La casa nos ha ayudado mucho, antes teníamos dificultades con la comida, gracias a Dios aquí la tenemos”

Rigoberto Medina
entrenador de marcha

“Para estar en buen estado hay que tener disciplina, lo principales tener a Cristo en su corazón”

VÍctor Reyes
Marchista

“Le hago un llamado a los jóvenes, esos que huelen pega: Que busquen a Dios, que Él les va a ayudar”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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