Por
Jack y Suzy Welch
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Pregunta: Yo respaldo la diversidad. Clasifico a los
empleados en categorías de rendimiento del 20 por ciento más
alto, el 70 por ciento mediano y el más bajo del 10 por ciento,
y luego administro la empresa de acuerdo con esto. Pero, ¿no hay
peligro de enfrentar toda clase de resistencia cuando una empresa pretende
implementar este sistema?
Yoshihisa Tanizawa, Kuala Lumpur, Malasia
Respuesta: ¡”Resistencia” puede ser
una palabra demasiado suave!
Sí, la diferenciación tiene sus defensores e incluso sus
devotos pero ninguna otra práctica administrativa sobre la que
nosotros hablamos o escribimos enciende la misma controversia. Así
que, gracias por preguntar sobre eso. Su pregunta nos da la oportunidad
para distinguir entre el mito y la realidad. Si se la hace de manera correcta,
la diferenciación no es una cuestión de echar gente una
vez por año. Tampoco es cruel, ni afectada por el favoritismo o
culturalmente inapropiada. Entonces, ¿qué es? Muy simplemente,
la diferenciación está basada en el principio de que el
equipo con los mejores jugadores es el que gana.
Si no está de acuerdo con eso, entonces la diferenciación
nunca tendrá para usted sentido alguno. Pero si está de
acuerdo, entonces la diferenciación provee una metodología
para hacer que el principio cobre vida.
¿Cómo? Recompensando a los mejores empleados en sus espíritus
y en sus billeteras, a fin de retenerlos y darles energía. Luego,
al desarrollar activamente a los “70 medianos” con entrenamiento.
Y finalmente, al despedir a quienes están en la parte inferior
de la escala. De ese modo, pueden ser reemplazados con mejores talentos.
Básicamente, la diferenciación es un modo de construir meritocracias
y de subir continuamente la barra. De esa manera, puede incrementar cada
vez más la competitividad de la empresa. Entonces, ¿por
qué eso genera “toda clase de resistencias”, como usted
tan certeramente sugiere? Al parecer, la razón más común
que se esgrime es que la diferenciación es cruel. Pero nosotros
señalamos exactamente lo opuesto. Mire las cosas de esta manera.
A causa de las evaluaciones de desempeño, la gente siempre sabe
dónde está parada. Tal vez las noticias no son siempre buenas,
pero les permite controlar sus destinos.
Compare esto con las empresas donde los gerentes, en nombre de la amabilidad,
permiten a los empleados, y especialmente a los menos calificados, seguir
en la compañía durante años, dándoles una
palmada en la espalda. Luego se registra una caída en la empresa.
Los empleados menos calificados, de edad mediana, por supuesto, son los
primeros en ser convocados por el gerente para una conversación
que usualmente se desarrolla en estos términos:
“Joe, me temo que usted tendrá que irse”.
“¿Qué? ¿Por qué yo?”
“Bueno... usted nunca fue muy bueno”.
“He estado aquí 20 años. ¿Por qué usted
nunca me lo dijo?”
Realmente, ¿por qué no? El empleado, años antes,
podría haber sido capaz de encontrar un trabajo con cierto futuro.
Ahora, a los 45 o 50 años de edad,tiene que entrar en un mercado
de trabajo más competitivo que nunca. Y eso sí es cruel.
Ahora el mito de la diferenciacion es que el 10 por ciento que está
al fondo de la escala es despedido sumariamente. En realidad, eso es raro.
Lo que ocurre es que cuando una persona ha estado en el 10 por ciento
inferior por un período de tiempo sostenido, su superior comienza
a hablar sobre su alejamiento. Por supuesto, en ocasiones, los malos empleados
se niegan a ser despedidos. Pero, al observar la fría realidad
de cómo los ve la empresa, la mayoría de ellos se van por
su cuenta. Y con frecuencia terminan en empresas donde sus destrezas encajan
mejor y donde son más apreciados.
En cuanto a la segunda razón de la resistencia es esta: la diferenciación
genera favoritismo. Se dice que el 20 por ciento que figura en el tope
siempre estará en buenas migas con los jefes. A lo cual nosotros
respondemos: es posible. Pero el favoritismo es un riesgo en cualquier
sistema de evaluación. Al menos hay otra fuerza que actúa
para compensar: los exámenes cualitativos de desempeño.
Una tercera crítica común a la diferenciación es
que la continua eliminación del 10 por ciento que está en
la parte inferior de la escala obliga a los gerentes a presionar a empleados
buenos. Y, de este modo, enfrenta a los empleados entre sí. Pero
si esa idea es correcta, ¿por qué los equipos campeones
reemplazan cada año a los peores jugadores? Porque las mejores
organizaciones, tanto en los negocios como en los deportes, creen que
el rendimiento siempre puede perfeccionarse. Y todos saben que el trabajo
de equipo es lo que hace de alguien una estrella.
La razón final por la cual muchos se resisten a la diferenciación
es que, incluso cuando comprenden su atractivo, creen que no funcionará
en la cultura única de su empresa. Y, ¿qué cultura
es esa? Bueno, hemos escuchado esta objeción en empresas pequeñas
y grandes, en empresas japonesas, suecas y mexicanas, en empresas que
estaban creciendo y también en otras que se estaban achicando.
Pero en realidad, hemos visto implementar en todas partes la diferenciación.
En algunas situaciones, simplemente requiere más tiempo o, a raíz
de las leyes laborales, cuesta más hacer que la gente se vaya.
Pero de todos modos la diferenciación nunca debería ser
apresurada. La implementación no puede y no debe ocurrir hasta
que un sistema de evaluación haya estado funcionando alrededor
de tres años.
La gente se tiene que acostumbrar a una franca retroalimentación
y al concepto de pago por el rendimiento. Ahora bien, nosotros no decimos
que la diferenciación es perfecta. Cualquier práctica de
gerencia tiene sus fallas. Pero no conocemos un método mejor que
el de la diferenciación para que las empresas puedan construir
grandes equipos de trabajo.
—Welch es Presidente de Jack Welch, LLC. Asesora directores y presidentes
de empresas Fortune 500. Fue Chairman y CEO de General Electric, convirtiéndola
en la corporación más valiosa del mundo. —
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