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Economía para todos
Impuesto “flat”, y ... Hall & Oates

En economías menos desarrolladas como la de Estonia, existen mínimos no imponibles altos, que liberan del pago de impuestos a los más pobres, siendo en consecuencia la tasa impositiva algo superior a la de Hong Kong

Publicada 26 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Los impuestos son obligaciones de pago que los contribuyentes tenemos con el Estado, y que cumplimos mediante la entrega (no voluntaria, obvio) de dinero.

Claro, a eso que todos ya sabemos lo analiza de forma muy clara el economista Osvaldo Schenone en una excelente monografía llamada “Las tres G: Gobernar es Gravar para Gastar”, que muy gentilmente me envió hace unos días Rafael Barraza.

Viendo el título del trabajo, mi mente futbolera me llevó a pensar que se trataba de “las tres G” más famosas de ese deporte: Ganar, Gustar y Golear (versión rioplatense del “jogo bonito”, que le pone mayor énfasis al arco de enfrente).

Siguiendo con los impuestos, porque la columna no es de fútbol, es sabido que a fin de recaudar los recursos que el Estado necesita para funcionar, los gobernantes se hacen las siguientes preguntas: ¿A quién le puedo cobrar impuestos?, y ¿hasta cuánto puedo aumentarles la tasa impositiva sin que baje la recaudación?

Estos temas fueron materia de análisis durante la década de los 80s, y derivaron en dos trabajos muy reconocidos en el ámbito académico: La “curva Laffer”, y la propuesta de “Flat tax” (dejémoslo en inglés, porque “impuesto plano” suena a zapato ortopédico).

Al Dr. Arthur Laffer se le reconoce haber explicado de manera clara y simple la relación entre la tasa impositiva que el Estado fija, y la recaudación que obtiene.

En efecto, la “curva Laffer” muestra la relación entre tasas impositivas y recaudación total, permitiendo ver que si se va incrementando un impuesto, la recaudación total aumentará…, hasta un punto en el cual ¡comenzará a disminuir!

Y no es sólo por evasión, sino también por el impacto negativo que tiene en la actividad gravada el impuesto: si, por ejemplo, todos los días se incrementa el impuesto al cigarro, llegará un punto en que la gente fumará menos, y el monto total recaudado se reducirá.

El concepto del “Flat tax”, por su parte, fue desarrollado en 1985 por el profesor Robert Hall (no confundir con Daryl, el de Hall & Oates, que ese año estaba ocupado cantando “Every time you go away”), y se basa en una única tasa impositiva para todas las fuentes de ingresos, siendo en verdad una propuesta radicalmente novedosa.

El “Flat tax” tiene una sencillez extrema, razón por la cual es muy posible que a más de un gobernante no le guste…, ya que dejaría en evidencia la nada inocente complejidad de tributos, que en diferentes jurisdicciones gravan el ingreso, el consumo o la propiedad.

¡Ah!, en un país sudamericano (que conozco bien…), se grava hasta la emisión de cheques. (¡Calláte che!, no des malas ideas).

El “Flat tax” ha sido implementado con gran éxito en la última década en Estonia, Lituania, Latvia, Rusia, Serbia, Ucrania y Eslovaquia.

Además, y aunque en una variante preliminar a la desarrollada por Hall, se viene aplicando desde 1947 en Hong Kong, economía que no casualmente es la que más ha crecido en el último medio siglo.

Ocurre que la gran mayoría de los siete millones de habitantes de Hong Kong paga un 16% de “Flat tax” sobre sus ingresos brutos, lo cual además simplifica notablemente el proceso recaudatorio.

En economías menos desarrolladas como la de Estonia, existen mínimos no imponibles altos, que liberan del pago de impuestos a los más pobres, siendo en consecuencia la tasa impositiva algo superior a la de Hong Kong.

Este tipo de reformas, que simplifican las normas y eliminan la multiplicidad de imposiciones (lo que cobra Hacienda, lo que cobra la Alcaldía, lo que cobra Juan, y lo que cobra Pedro), suele encontrar tres tipos de opositores. ¿Quiénes?

El primero es el propio Estado, pues en caso de implementarlas ya “no se podrá inventar” nuevos impuestos (¡oops!).

También ponen resistencia los grupos sectoriales que gozan de privilegios fiscales (¡doble oops!), pues suelen ser incompatibles con un sistema de “Flat tax”.

Finalmente, suelen también oponerse, pero por las razones equivocadas y en contra de sus propios intereses, los grupos que dicen representar a los más pobres, pues éstos serían los principales beneficiados por tal esquema.

Es que tal como cantaban Hall & Oates, hay muchos que necesitan “Adult education” en materia económica.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

 

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