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La Nota del Día
Un festival por la paz montado por los bélicos

Las carnicerías que asuelan el Medio Oriente, como las guerras en Centro-América durante la Década de los Ochenta, son y fueron resultado de creencias fundamentalistas e ideologías totalitarias

Publicada 26 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Los comunistas han organizado una jornada por la paz, lo que le viene como bálsamo y respiro después de matar a dos policías indefensos el cinco de julio pasado, el infame J-5 de nuestra historia reciente. Pero esa es la inveterada costumbre roja desde Lenín; todas las carnicerías que perpetran finalizan con actos en favor de la paz; Picasso dibujó su famosa Paloma de la Paz después de la masacre húngara perpetrada con tanques soviéticos en 1956.

Enmanuel Kant, el universal filósofo de Koenigsberg, tituló uno de sus libros “A la paz perpetua”, nombre que le sugirió la frase tallada en la lápida de un sepulcro. Y la paz perpetua es lo que Stalin recetó a más de cuarenta millones de sus connacionales y Mao a más de sesenta

Los ahora amantes de la paz y dispensadores de esa otra paz, la perpetua, siguen fielmente los pasos de sus mentores; después de las mortandades hay que cantar loas a la paz. Es por milagro que no fueran dos sino veinte los policías que estarían ahora en el sueño eterno de la paz que el efemelenista Belloso les quiso regalar el J-5. Belloso, según se dice, es ahora un militante bolivariano, con nueva identidad.

La cuestión, en todo caso, queda: ¿Cómo es posible alcanzar una paz distinta a la de los sepulcros, a la de las cárceles o a la de los gigantescos campos de concentración que son siempre las dictaduras comunistas como Cuba y Corea del Norte? Hay una respuesta y es que los ciudadanos de muchas naciones viven en paz, coexisten pacificamente con otras tendencias políticas y otras maneras de ser, están en paz con sus vecinos aunque profesen distinta religión a la suya y alberguen diferentes anhelos.

Es esa la paz de las grandes y consolidadas democracias, la paz de los pueblos bajo el Orden de Derecho, la paz que surge en los países y regiones donde la gente es libre y las sociedades se estructuran a partir de la coexistencia sin rabia, sin envidia, sin complejos sociales, sin acusar al otro de las desventuras propias.

Con AK-47 contra agentes indefensos

Desde hace más de un siglo, nunca se dio una guerra entre dos estados democráticos; los conflictos han resultado de la agresión de una dictadura a un país democrático, o entre dos dictaduras. Tampoco, en lo interno, se dan conmociones civiles cuando los diversos sectores, en particular los movimientos políticos, se rigen por la regla democrática y acatan el Estado de Derecho y el Orden Moral. Las carnicerías que asuelan el Medio Oriente, como las guerras en Centro-América durante la Década de los Ochenta, son y fueron resultado de creencias fundamentalistas e ideologías totalitarias. Las guerras son el asqueroso parto de fanáticos, de enloquecidos por dogmas y supersticiones.

No se puede esperar nada de positivo y prometedor de lobos disfrazados con piel de oveja. Si nuestros lectores lo recuerdan, la matanza del J-5 fue perpetrada por un individuo, el nexo entre “el partido” y el régimen bolivariano, que iba detrás de unas pancartas portadas por universitarios de la UES y mareros; el ataque se produjo cuando los manifestantes llegaron a los portones de la UES, se corrió la cortina de las pancartas y el francotirador comenzó a disparar contra el grupo de agentes desarmados de la UMO.

 

 

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