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| Descarado saqueo de fauna Quienes ofrecen aves exóticas y huevos de tortuga en el oriente del país reconocen que éstos deben ser encargados a sus proveedores en Honduras o Nicaragua. En julio, una salvadoreña fue sorprendida en Choluteca con 10 loras y una guara rumbo a El Salvador.
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Investigaciones El Diario de Hoy nacional@elsalvador.com Parecen vacías. Son 10 jaulas, entre pequeñas y grandes.
Están a un costado de la Calle El Delirio, vía de acceso
a San Miguel desde la carretera del Litoral. Pero al bajar la velocidad
y estacionarse, las jaulas revelan su contenido. No hay nada exótico.
En una revolotean pericos australianos, mientras en otra reposa algo diferente.
Al ver el interés del posible comprador, el vendedor afirma: Por una pareja de estas palomas el comprador paga $ 15 . Pero si pregunta
por “algo más exótico”, el vendedor también
tiene qué ofrecer: Si se dice estar interesado, el único requisito es anotar nombre y teléfono en un cuaderno, para que el vendedor avise cuando la mercancía esté ya en el país. Minutos después, al enterarse de que en San Salvador ofrecen una guara por $700, él vendedor de El Delirio mejora la oferta: por una pareja cobrará $600. La lora nuca amarilla está en la lista de especies en peligro en El Salvador, Honduras y Nicaragua. Sin embargo, tanto las autoridades hondureñas como la policía ambiental salvadoreña tienen evidencias de que esos ejemplares se introducen a El Salvador por puntos ciegos o por pasos fronterizos ya detectados. El 26 de julio pasado, la policía de fronteras de Honduras detuvo un vehículo de placas salvadoreñas. Al preguntarle a la conductora sobre el contenido de un costal en la parte trasera del automóvil, ella dijo llevar una lora. Cuando los policías revisaron el costal encontraron 10 loras y una guara. La salvadoreña fue llevada ante el juez quien, a sugerencia de la defensa y con la aprobación de la Fiscalía, le otorgó “criterio de oportunidad” (Perdón por la colaboración con la policía) y la dejó en libertad tras pagar una multa de tres mil lempiras. La cadena del tráfico Entre los últimos decomisos que ha realizado están 169 tortugas golfinas de un mes de nacidas que eran transportadas en cubetas y 49 loras que eran introducidas a Honduras por El Guasaule. Según Molina: “Se trafica mucho con loras, pericos y guaras” y el tráfico lo realizan nicaragüenses que tienen contactos en El Salvador. Él dice ser testigo de lo fácil que es comprar estos animales en la carretera que de Managua conduce a la frontera de El Espino. No obstante, según una nota de El Nuevo Diario de Nicaragua publicada en marzo de 2005, los especímenes que se venden en los mercados y carreteras de ese país son “la milésima parte de un contrabando mucho mayor”. Según declaraciones que dio a ese periódico el Presidente de la Asociación de Criadores y Exportadores de fauna silvestre de Nicaragua, Juan José Quesada, las loras amarillas de la reserva natural del volcán Cosigüina, cercana a Puerto Potosí, son trasladadas en canastos a El Salvador. Parece que las aguas del Golfo de Fonseca también sirven para el contrabando de fauna hacia El Salvador. La Fiscalía de Medio Ambiente realizaba un recorrido en la zona pesquera de Guapinol cuando encontraron cinco mamíferos amarrados a una carreta: dos monos caras blancas y tres monos arañas. Los especímenes fueron decomisados y enviados al centro de rescate que las autoridades hondureñas tienen en la isla de Zacate Grande. La Fiscalía hondureña sospecha que los animales iban a ser trasladados por vía marítima a El Salvador. Recientemente, el dueño del circo Zuari, que estuvo de gira por nuestro país, reclamó los monos y dijo haberlos comprado en el mercado de León, Nicaragua. Pero el técnico y el fiscal que investigan el caso creen que esta declaración es sólo una mala coartada. Paradójicamente, quien reclama los monos no será procesado porque no estaba en el lugar donde se decomisaron los animales. El Salvador aún tiene familias de monos arañas pero no de monos cara blanca. Sin embargo, en el Marcado Central ofrecen —muy discretamente— conseguir ese especimen. Basta adelantar $100 de un total de $250. Ese es el valor que para los traficantes de animales tiene una especie amenazada en Honduras y Nicaragua. Y exótica —ajena— en El Salvador. El Calvario de los reptiles El país exporta reptiles reproducidos en granjas autorizadas. Sin embargo, en las carreteras del oriente se ofrecen iguanas y garrobos extraídos de su hábitat:
DEL MALTRATO DE Traficantes Y Compradores A UN REFUGIO SEGURO.
Un mapache de dos meses, una iguana verde joven, un garrobo adulto y una pareja de palomas peteneras. Esos son los especímenes que durante un recorrido por el oriente del país compró un equipo de periodistas de este diario. El día de la adquisición, la Fundación Zoológica de El Salvador (Funzel) recibió los animales. Esta institución tiene acuerdos con las oficinas CITES (MAG) y Patrimonio Natural (MARN) para recibir y atender los especímenes que son decomisados o localizados por la División de Medio Ambiente de la PNC. Los animales recibieron atención médica y alimento hasta que se determinó que podían ser liberados en un refugio. El mapache, un omnívoro que no está amenazado, fue alimentado con leche hasta que empezó a comer alimento sólido. Entonces, los voluntarios de Funzel lo liberaron en la finca cafetalera San Ernesto, una propiedad privada ubicada en Comasagua donde la caza es prohibida. Ahí también se liberó a los reptiles. La pareja de palomas peteneras fue trasladada a un albergue en Zapotitán donde hay más palomas de su misma especie. Las peteneras no son nativas de El Salvador y en su país de origen, Honduras, no están en peligro ni amenazadas. Quienes laboran en Funzel sostienen que extraer un animal silvestre de su hábitat es condenarlo a depender de los humanos. La cultura de tener animales de compañía y de comprar especímenes exóticos —no propios de nuestro país— es un mal que sólo se puede combatir con un programa de manejo de vida silvestre, educando a la población y creando un Reglamento de Conservación de Vida Silvestre.
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