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Los secretos de Punta Chiquirín

Arqueólogos japoneses y salvadoreños realizan un proyecto que busca explicar quiénes eran y cómo vivían los habitantes prehispánicos de esta isla ubicada en el Golfo de Fonseca


Publicada 25 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Carmen Molina Tamacas
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

Incógnita. Poco se sabe de los habitantes prehispánicos de las islas del Golfo de Fonseca. Se investiga sobre ello. Foto EDH

Punta Chiquirín, en el extremo oriente del país, guarda un misterio en sus entrañas. Los habitantes preshispánicos de esta zona, que más tarde sería el departamento de La Unión, dejaron algunas huellas de sus costumbres culinarias, constructivas y comerciales.

Entre éstas figuran varios “concheros”, o depósitos subterráneos con restos de moluscos, ofrendas de cerámica y hasta vestigios humanos, de los cuales muy poco se sabe.

¿Qué grupo cultural habitaba esta región costera? ¿En qué consistía su dieta? ¿Cómo y con quiénes comerciaban?

Delimitar el terreno de un eventual centro domiciliar y ceremonial y responder estas preguntas son los principales objetivos de una investigación cuya primera etapa ya realizaron arqueólogos japoneses y salvadoreños en esta remota zona bañada por las aguas del Pacífico, en el Golfo de Fonseca.

La investigación es parte del “Proyecto Arqueológico de El Salvador de la Universidad de Nagoya”. La primera de cinco temporadas del trabajo (que abarcarán de 2006 a 2008) en Punta Chiquirín finalizó la semana pasada.

El estudio se realiza en el caserío Chiquirín, del cantón Agua Escondida. El terreno, aledaño a la playa, tiene aproximadamente dos manzanas de extensión y es propiedad del Ministerio de Defensa; pero los científicos hacen gestiones para poder ampliarlo ya que aspiran a poder extender la pesquisa en el extremo peninsular. Éste dista unos dos kilómetros de la isla Zacatillo.

Investigación. El estudio de las conchas podría ofrecer datos sobre costumbres alimenticias y comerciales. Foto EDH

De acuerdo con Noboyuki Ito, director del proyecto, arqueólogos y estudiantes japoneses y salvadoreños han participado en el proyecto.

Durante dos semanas trabajaron en el levantamiento topográfico que dio como resultado la ubicación de los concheros que serán investigados en la próxima temporada, es decir, en marzo del próximo año.

“Ya definimos dónde vamos a excavar. Además hemos encontrado series de piedras alineadas, aunque no sabemos de qué época”, indicó Ito.

El arqueólogo no se atrevió a especificar el número de concheros, pero se trata de por lo menos una decena. No obstante, confirmó el hallazgo de restos de cerámica, fragmentos de navajas de obsidiana y algunos objetos elaborados en piedra. Todos estos materiales serán estudiados en el laboratorio para precisar su origen y fechamiento.

Los antecedentes

Existen varios antecedentes importantes acerca de los estudios realizados en esta zona, aunque, en perspectiva, éstos aportan muy poca información sobre qué grupo cultural habitó en la zona y, mucho menos, cómo estaba organizado, qué idioma hablaba y cómo había establecido sus relaciones comerciales y costumbres culinarias o ceremoniales.

Una se remonta a los años 70, cuando fue encontrada una mascarilla de tumbaya, una aleación de cobre, bronce y oro, cuyo origen se remonta a la península de Yucatán y evidencia de posible intercambio comercial.

La otra ocurrió de finales de 2002 a inicios de 2003 cuando, a partir de un hallazgo fortuito en una propiedad privada, los arqueó logos Shione Shibata y Marlon Escamilla encontraron un cajón subterráneo hecho de piedra de canto rodado (de río) de cinco por tres metros, relleno de conchas de ostra y casco de burro antiguos.

Lugar. En la investigación participan profesionales y estudiantes. Foto EDH

“Se trata de pequeñas elevaciones formando cajones con conchas y un entierro”, precisó Shibata, quien funge como asesor del Departamento de Arqueología del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) y participa en el nuevo proyecto dirigido por Ito.

Por las características de la ofrenda cerámica y pruebas de carbono 14 practicadas a las conchas, se ha deducido que datan de entre 600 y 890 años antes de Cristo, es decir, del período Clásico Tardío.

El interés por realizar este estudio radica en que podría recolectarse mucha información sobre la vida cotidiana de los antepasados, como qué tipo de moluscos y otra fauna marina les servía de alimento y, posiblemente, para intercambio y comercio.

El jefe del Departamento de Arqueología, Fabricio Valdivieso, destacó que para establecer los límites comerciales del sitio se valdrán de la cerámica de uso y ceremonial que pueda hallarse. Asimismo, el denominado “sector funcional” es determinado por las estructuras, zonas habitacionales, ceremoniales, cívicos, explotación agrícola y actividades culturales.

El proceso para descubrir el pasado de Punta Chiquirín apenas comienza. ¿Y los resultados? “Todo depende de la excavación”, puntualizó.

“Proyecto Arqueológico de El Salvador de la Universidad de Nagoya”
Participantes
Naoto Yamamoto, director del Departamento de Arqueología, Universidad de Nagoya.
Director del proyecto: Noboyuki Ito, profesor adjunto, Universidad de Nagoya
Codirector: Fabricio Valdivieso, Concultura.
Arqueólogos: Marlon Escamilla, Naoto Yamamoto (Universidad de Nagoya), Hiroshi Minami (Curaduría, Museo de Kyoto), Shione Shibata (asesor), Toshiya Matsui (Universidad de Tsukuba), Shigeru Kitamara (Universidad de Hirosakigakuin).
Estudiantes: siete japoneses, un húngaro y tres de la Universidad Tecnológica de El Salvador.

Requisitos para los expertos foráneos

El Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) se apresta a emitir una resolución interna que establecerá los requisitos legales para que arqueólogos extranjeros realicen investigaciones en El Salvador.

La encargada del Departamento Jurídico del ente estatal, Yanira Soundy, confirmó que la normativa ya fue desarrollada y estará lista antes de noviembre.

La funcionaria explicó que el cuerpo legal está amparado en las exigencias que plantea la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural; esto a pesar que el Concultura carece de un reglamento interno desde que fue creado a inicios de los años 90.

De acuerdo con el jefe del Departamento de Arqueología, Fabricio Valdivieso, los profesionales extranjeros deben estar acreditados en esa dependencia, para lo cual deben presentar documentos académicos certificados y su hoja de vida profesional. Allí se someterá a análisis las propuestas de investigación que presenten ellos o las instituciones que representan (universidades o fundaciones).

“El Departamento emitirá observaciones y deberán solventarlas. Luego se asignará un supervisor del proyecto”, indicó el arqueólogo salvadoreño. Mientras la normativa está en proceso, los proyectos requieren la firma de un convenio de cooperación donde se establecen los compromisos en materia de protección o los procedimientos y el manejo del patrimonio cultural salvadoreño analizado o descubierto en una excavación.

Los materiales serán documentados y los informes y bitácoras pasarán a la custodia del Departamento de Arqueología, que tiene como sede la Casa de las Academias. No obstante, en el caso de las piezas, se ha ponderado la posibilidad de que pasen a formar parte de colecciones de museos locales.

“Estas son las nuevas reglas del juego. Si los científicos faltan a ellas se enfrentan a la eliminación de su acreditación” y, por ende, no podrán investigar en el país, subrayó el funcionario de Concultura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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