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| Palabras “Mi tumba estará donde el viento del norte pueda cubrirla de rosas deshojadas”, escribía el poeta persa Omar Khayyam. Publicada 25 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy |
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| Carlos Balaguer En Londres, Alemania y otras naciones inmensas y desarrolladas, es alto el número de personas que anualmente se fugan de sus hogares. La mayoría son jóvenes que van en busca de su propio destino, pero también están los viejos que se fugan y van a parar a sus remotos pueblos de origen, buscando un refugio en la aldea natal, porque no quieren morir en la soledad de la ciudad y sin recuerdos. Los jóvenes son generalmente incomprendidos y deciden mejor huir en busca de sí mismos y conquistar el mundo --cada vez más ancho y promisorio-- con sus propias manos. Es un desesperado ir en busca de la libertad y los anhelos. Un apremiante ir en busca del vellocino de oro. Los ancianos, en cambio, son como las viejas águilas que retornan a morir a las altas montañas del origen. Las altas montañas del recuerdo --del recuerdo de sí mismos-- que el bullicio de la ciudad y el silencio hace olvidar. Así, vuelven a la aldea natal para morir con la felicidad del recuerdo. Es un volver al Paraíso perdido, un volver al Padre, un volver a la vida, a sí mismos... palabrasbalaguer@gmail.com Día a día ¿De dónde la impunidad? Las reformas penales de hace diez años, en su momento denunciadas en este Diario como nefastas, fueron un punto de partida, pues permitió al crimen organizado montar la estructura básica de las maras. Casi de inmediato una parte del Poder Judicial cayó en manos de jueces vinculados a la extrema izquerda, los mismos que vienen de manera sistemática liberando delincuentes casi tan pronto llegan a las puertas de los tribunales. A esto hay que sumar el tratamiento que esos jueces dan a los testigos de cargo contra los criminales, llegando al extremo de forzarlos a descubrir sus rostros frente a la gavilla de facinerosos presente en la sala..
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