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Sobre la píldora del día después
¡Por favor, dejen de mentir!

Por todo esto, comprobado en numerosos estudios y experiencias científicas, es falso decir que la concepción y el ser humano comienzan cuando el “óvulo fecundado” se anida en el endometrio.

Publicada 25 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Con tristeza e indignación me veo de nuevo en la obligación moral, como médico y como periodista, de informar de la verdad sobre la “píldora del día después”, ante la serie de mentiras y confusionismo que de nuevo han salido en los medios informativos.

Hay muchos intereses de todo tipo en presentar “la píldora del día después” como un anticonceptivo. Pero la dura realidad, archicomprobada científicamente, es que tales productos son verdaderos abortivos, porque impiden que el embrión humano de pocos días se implante en la matriz materna y por lo tanto impiden que siga viviendo.

Se manipula la realidad cambiando las palabras así:
Primera mentira. Una vez fecundado el óvulo femenino por el espermatozoide masculino, se silencia la formación del cigoto y al embrión humano que va bajando desde la trompa uterina a la cavidad endometrial, se le sigue llamando, falsamente, “óvulo fecundado”.

Segunda mentira. Aunque se suele admitir que en ese viaje ese ser se ha ido modificando, por divisiones celulares, constituyendo primero una mórula y después un blastocisto, se silencian las características de esas divisiones y lo que supone ser un blastocisto y se escribe que al anidarse el “óvulo fecundado” en el endometrio es cuando comienza el embarazo. Para remachar, escriben, que así lo admiten los científicos.

Primera verdad. Sólo se podría hablar de “óvulo fecundado” en ese brevísimo tiempo en el que el espermatozoide ya entró dentro del óvulo y aún no se han unido ambos. Pero lo que ocurre muy pronto, una vez fecundado el óvulo, es que se forma un cigoto humano.

Segunda verdad. ¿Por qué un nuevo ser humano comienza en el cigoto.? Porque al unirse y mezclarse la dotación cromosómica del óvulo y del espermatozoide, se adquieren 46 cromosomas que es lo que define científicamente, genéticamente, al ser humano. Ningún otro ser vivo tiene esa dotación cromosómica. Pero además, el cigoto tiene todas las propiedades individuales, ya es distinto a cualquier otro ser humano, ya es único en el mundo y YA TIENE TODO EL PODER PARA IR CONSTRUYÉNDOSE A SÍ MISMO.

Tercera verdad. Cuando una simple célula se divide, lo hace resultando dos células iguales y cada vez que esas se vuelvan a dividir siempre serán iguales, como “fotocopias” de la célula original. El cigoto no se divide así. En su primera división en dos células, llamadas blastómeros, cada una de ellas es distinta y comienza a desarrollar funciones distintas.

En otras palabras: “Cigoto es un individuo porque posee la capacidad de iniciar la emisión de un programa, o sucesión ordenada de mensajes genéticos que van consiguiendo la construcción embrionaria. Cada individuo es uno y único en cuanto que su existencia es una emisión de un mensaje genético y una autoconstrucción propia y única en el mundo.

Sus divisiones asimétricas, desde la primera división del cigoto en dos blastómeros, y la organización polarizada según un eje del viviente cigoto, es lo que permite un crecimiento diferencial y ordenado”, doctora Natalia López Moratalla, catedrática de Biología).

Es decir, desde el primer momento el cigoto ya tiene fijados los ejes; es decir “ya sabe” lo que va a ser arriba y abajo, delante y detrás, derecha e izquierda: existe un orden en esa construcción desde el comienzo; no es un montón informe de células sino una maravillosa y complicadísima construcción de todo un “edificio vivo”, envidia de cualquier arquitecto.

Cuarta verdad. Además, antes de implantarse en el endometrio ya hay un intercambio de señales biológicas, moleculares, entre el embrión y su madre para que ésta no rechace lo que de ajeno a ella hay en ese hijo suyo: lo que es del padre. Por eso, la implantación y desarrollo de los embriones fecundados in vitro es más difícil y fracasa con mucha frecuencia, porque no han tenido ese intercambio de señales entre madre e hijo previos a la implantación.

Por todo esto, comprobado en numerosos estudios y experiencias científicas, es falso decir que la concepción y el ser humano comienzan cuando el “óvulo fecundado” se anida en el endometrio y es falso también decir o escribir que así lo aseguran los científicos. No, los verdaderos y honestos científicos suscriben lo escrito más arriba. O con palabras más rotundas: “En la primera división celular ya existe memoria de nuestra vida; no es por lo tanto serio ni ético alimentar dudas al respecto del comienzo de la vida humana”, doctora Zernicka-Goetz, W. Cancer Research, Cambridge).

Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.
lfcuervo@telemovil.net

 

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