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La Nota del Día
El Gran San Salvador, el gran basurero

“Los rojos van ahora a tirar la basura a menos de cuatro kilómetros del aeropuerto, poniendo en peligro las aeronaves e incumpliendo la ley

Publicada 25 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Después de vanagloriarse durante años de haber resuelto de manera ejemplar el problema de los eufemísticamente llamados desechos sólidos, las alcaldías rojas del gran San Salvador han convertido sus municipios en los grandes basureros. Basura, promontorios impresionantes de basura, se encuentran por todas partes; a esto se agrega que los camioncitos chinos que compraron no dan abasto y en cosa de meses serán triste chatarra.

Del higiénico y eficiente botadero, “un modelo, ‘el más mejor’ en Centro-América”, tal vez del mundo, los rojos van ahora a tirar la basura a menos de cuatro kilómetros del aeropuerto, poniendo en peligro las aeronaves e incumpliendo la ley. Pero eso de incumplir la ley tiene sin cuidado a las bandas al frente de los municipios. No la cumplen y al hacer sus contrataciones, no la cumplen y se niegan a ser auditados, no la cumplen en todo lo habido y por haber. Los camaradas concejales (ahora se llaman a sí mismos “compañeros”) estiran y encogen o anulan las leyes a su conveniencia y sin previo aviso. El principio rector no es el bien público, o el desarrollo de la nación, o actuar con honestidad y ética, sino las chirilicas, lo que les reporta más chirilicas, lo que les forra las billeteras a los cabecillas. Como son la encarnación de “el pueblo” y la voluntad del pueblo es la voluntad de Dios, le entran a todo con ganas, con ganas de hacer muchas chirilicas.

Hay que volver sobre la historia reciente. Al llegar don Héctor a la alcaldía, cerró el gran vacío que tenían los comunistas: no tener tratos con la mafia de Norteamérica. Ellos se relacionaban con criminales, traficantes y terroristas de los cuatro confines del globo, desde etarras, sandinistas, palestinos enloquecidos, norcoreanos y brigadistas rojos, hasta los fraternos narcoterroristas colombianos. Pero estaba fuera la mafia norteamericana. Es obvio que a don Héctor le agobiaba esa injusta discriminación (¡Delincuentes de todo el mundo, uníos!) y procedió a hacer trato con la mafia canadiense, una filial de la familia Bonnano de Nueva York. En cosa de semanas el arreglo fue hecho, de seguro se pactaron hermosas señales de cariño y así nació el basurero modelo, para lo cual anularon un ventajoso contrato con una empresa que les ha ganado varios juicios en la demanda. El pago de la demanda, después de que la Corte de Cuentas baje el dedo como el venerado San Juan, correrá a cargo de los vecinos de la ciudad capital, tú y yo.

Los impuestos sostienen activistas rojos

Pero sea porque dejaron de ser simpáticos, sea porque cheros más cheros operaban otros basureros, el botadero modelo dejó de ser modelo, el visionario trabajo de don Héctor quedó de lado y se ha caído en la guerra de las mafias. Las consecuencias las sufrimos, como ya señalamos, tú y yo, que somos los que pagamos esa chatarra con ruedas que son los camiones fabricados en China roja, negocio que sin duda se ha hecho por lo simpáticos que son esos chinitos.

La interrogante surge: ¿Por qué no pueden los concejales de las Repúblicas Socialistas Populares del Gran San Salvador dar un medio decente servicio de recolección de basura? La respuesta es muy simple: porque se gastan la mayor parte del dinero nuestro sosteniendo activistas políticos.

*Editorialista del El Diario de Hoy

 

 

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