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Definiendo
¿Qué significa decoro?


2 El comportamiento de muchos diputados, que convierten el recinto del primer poder del Estado en un verdadero mercado, es un índice que no tienen idea de lo que es decoro

Publicada 24 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Recientemente los periódicos informaron que el recién conformado Comité de Ética de la Asamblea Legisla-tiva, había sostenido sus dos primeras reuniones en las cuales sus miembros acordaron documentarse sobre el trabajo que realizan otros comités de ética en América Latina. Los legisladores que integran dicho comité han expresado su interés en solicitar una consultoría internacional para que los guíe, ya que no cuentan con conocimientos ni experiencia en el área del decoro. Se consultará a expertos académicos de universidades locales.

De acuerdo al reglamento de la Asamblea, la función del Comité de Ética es recibir las denuncias de “faltas de ética” de los legisladores contra otros diputados, e indagar sobre las validez de las mismas, así como promover el respeto entre los padres de la Patria.

Es sorprendente y al mismo tiempo admirable la humildad de los señores diputados de reconocer su desconocimiento del significado de la palabra decoro (que no es la primera persona del verbo decorar), por lo que sería útil recurrir a las definiciones que nos da la Real Academia: Decoro es sinónimo de honor, pureza, honestidad, recato, circunspección, gravedad, honra, estimación. Es el respeto debido a una persona; corresponder con actos o palabras a su estimación o merecimiento; comportarse con arreglo a la propia condición.

En resumen, es poner en práctica los principios y valores fundamentales que toda persona bien nacida aprendió en su hogar, de labios de sus padres. Es el conjunto de reglas indispensables para la convivencia armoniosa, para hacer felices a los demás. En base a la regla de oro de “No hagas a otro lo que no quieras que hagan contigo”, desde niños aprendimos a escuchar al que hablaba, a no interrumpirle, a no decir palabras soeces, a respetar la opinión ajena, a callarnos los comentarios que pudieran herir u ofender al otro.

En la mesa se nos enseñó a no hablar con la boca llena, a servirnos con moderación para que la comida alcanzara para todos; a usar adecuadamente los cubiertos, la servilleta y los vasos. A no tomar la comida con los dedos, a no llevarnos los dedos a la boca, a comer todo lo que nos servimos, a no hacer comentarios que pudieran provocar asco o desagrado a los comensales.

Maneras correctas de hablar, evitar poner apodos o hacer comentarios ofensivos. Respetar la opinión ajena, aunque no concordaba con la nuestra para llegar a dominar el difícil arte del debate, de la sana discusión, en que se escucha con moderación y mesura, sin dar lugar al apasionamiento, buscando los argumentos adecuados para rebatir los planteamientos contrarios, evitando el insulto.

Es evidente en el mundo en que vivimos, que todo lo anterior se ha olvidado, ya que la desintegración de las familias, la falta de raíces y de pertenencia, no han permitido la transmisión de estos valores. De aquí la falta de respeto hacia el derecho ajeno, el desconocimiento de los propios deberes, el uso de la violencia como argumento supremo para exigir sin haber aportado nada y sobre todo el abuso de la libertad que se manifiesta en comportamientos groseros, irrespeto a la autoridad y a las instituciones del Estado.

El comportamiento de muchos diputados, que convierten el recinto del primer poder del Estado en un verdadero mercado, es un índice que no tienen idea de lo que es decoro. Pero da vergüenza que pretendan buscar asesoría internacional para que les enseñe algo tan elemental, que si no lo aprendieron en su casa y de adultos no ven la necesidad de practicarlo, no servirá de nada más que como despilfarro de fondos públicos.

Es mejor que recuerden que representan al pueblo y deben responder a la confianza en ellos depositada, despojándose de antipatías, rencores y odios partidarios para dedicarse a trabajar. Pero lo que es vital es elegir para esos cargos a personas dignas que puedan comportarse de acuerdo a su propia condición.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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