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| Reposo. El médico Jorge Alberto Cerén, de 47 años, permanece ingresado en el Hospital Médico Quirúrgico. Foto: EDH |
Mirella Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La vida da vuelcos al punto de convertir a un médico en un paciente en cuestión de segundos.
Desde su formación como médico y durante su trayectoria laboral, Jorge Alberto Cerén se acostumbró a salvar vidas y muchas veces le tocaba lo que se conoce como “resucitar un corazón”.
Hace ocho años, el suyo propio le falló y sintió lo que creía que sentían otros: opresión en el pecho, dolor en el cuello, adormecimiento en brazo izquierdo.
“Me había familiarizado tanto con estos episodios en otros pacientes que uno llega a creer que eso no le va a pasar a uno”, dice el médico migueleño mientras guarda reposo absoluto en una cama del Hospital Médico Quirúrgico del ISSS.
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“La rehabilitación física integral de los pacientes infartados tardan entre 12 y 14 semanas. Cuesta cambiar la actitud de las personas”
Dr. Ricardo Flores Salazar
Prog. Rehabilitación ISSS |
No es diabético ni hipertenso. Tampoco tiene antecedentes genéticos, los factores que más determinan un accidente cardiovascular. En Jorge, los factores de riesgo no se cumplieron y una noche, mientras iba en su vehículo para su casa, su corazón dijo “no más”.
“Fue algo repentino, yo siempre me chequeaba, llevaba una vida normal, pero creo que tuvo mucho que ver mi sedentarismo y el estrés del trabajo”, comenta mientras se recupera de un segundo infarto sufrido hace dos semanas.
Jorge reconoce que la primera vez no le causó un impacto emocional ni laboral, aunque sí transformó su dieta cumplidos los 37 años de vida. “Me cambió la forma de comer, aumenté el consumo de vegetales, ya no como dos carbohidratos a la vez y evité en un 70 % la comida rápida. Lo que no cumplí fue el ejercicio”, apunta Cerén.
La obstrucción de una arteria impide el paso de sangre a una parte del corazón. Esa zona resiente la falta de oxígeno y deja de funcionar. Es el temido infarto.
Después de un episodio de este tipo, el paciente escucha el consejo de la necesidad de “un cambio de vida”, un concepto que repiten médicos, sicólogos y nutricionistas para evitar que se repita una situación similar.
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| Terapia. Juan J. Villalta hace ejercicio diario en la máquina. Foto: EDH |
Jorge, en lo que cabe, ha tenido suerte. El médico fisiatra Ricardo Flores Salazar dice que sólo un 40% de asegurados logra superar un infarto. Su vida no vuelve a ser la misma.
“Genera un cambio brusco, les resta seguridad, creen que ya no sirven para nada y que en cualquier momento pueden morir. Les preocupa que será de sus familias”.
Estar a la puerta de la muerte y saber que pueden regresar a ese punto provoca distintas reacciones.
“Un porcentaje menor toma una actitud positiva y decide cuidarse más, pero la gran mayoría entra en un estado ansioso, se deprimen y se sienten inútiles”, comenta la sicóloga Alba de Rodríguez, del Programa de Rehabilitación Cardiovascular del ISSS.
Juan José Villalta, un carpintero de 65 años, entra en ese grupo. Aún no puede olvidar la agonía que vivió durante el segundo infarto, el 14 de abril, un mes y medio después del primero. “Es duro escuchar a los médicos cuando dicen que el corazón de uno no responde después de una hora y media”.
Jorge Cerén es más práctico. Sabe que pronto volverá al consultorio y que su corazón puede sorprenderlo de nuevo. “Que no me hagan resucitación. Es una parte de mi vida que he aceptado, es un proceso natural”, asevera el paciente.

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