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Diario de Hoy
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“El espectáculo se ha vuelto común: rabiosas exigencias
de disculpas, motines, amenazas, violencia. Cualquier cosa puede desatar
la furia islámica, sea una novela escrita por un hindú británico,
caricaturas en un periódico escandinavo o una conferencia sobre
teología pronunciada por la cabeza de la Iglesia Católica
Romana”, dice el Wall Street Journal sobre la última explosión
de furia de los musulmanes.
“En su discurso sobre “Fe y Razón” que sostuvo
en la Universidad de Regensburg (Ratisbona), prosigue el periódico,
el Papa Benedicto citó la frase de uno de los últimos emperadores
bizantinos, Manuel II Paleologus: “Dígame lo que Mahoma haya
propuesto de nuevo y sólo encontrará cosas malvadas e inhumanas,
como la orden de propagar por la espada la fe que profesa”, haciendo
énfasis en la sorprendente rudeza del emperador. Más adelante
en su discurso, el Papa enfatizó en que Dios no puede vincularse
en ninguna forma al derramamiento de sangre.
Pero lo esencial del discurso no fue la cita, sino la insistencia en que
la fe, cualquier fe, no puede darse divorciada de la razón. Fe
y razón son como las dos caras de una moneda, inseparables. “Al
no existir un balance correcto entre ambas, fe y razón, la humanidad
está condenada a las patologías y las enfermedades mortales
asociadas a la razón y la fe”, es decir, prosigue el periódico,
los fanatismos religiosos y políticos.
El fanatismo es siempre la negación de la razón, de la lógica,
de aquello que la experiencia y la vida ponen frente a nuestros ojos.
El fanático niega la realidad, niega el pensamiento y cae bajo
el dominio de las ideas y supersticiones que le rellenan la cabeza. El
señalamiento se dirige por igual a los fanáticos religiosos
como a los fanáticos políticos, de los cuales destacan en
primera línea los comunistas.
Condenen sus excesos y su terrorismo
“En el cristianismo, Dios es inseparable de la razón: al
principio estaba la Palabra, se lee en el Evangelio de San Juan; Dios
actúa con el logos, y logos comprende la razón y la Palabra.
La unión entre la fe bíblica y la búsqueda filosófica
de los griegos fue un suceso de trascendental importancia no sólo
religioso sino histórico… la convergencia (del cristianismo
con la filosofía griega) sumada al posterior enriquecimiento de
las instituciones romanas, crearon Europa”.
Para el Papa, señala el periódico, la precondición
para cualquier debate entre distintas confesiones es un credo templado
por la razón. “Es a este gran logos, a esta dimensión
de la razón, que invitamos a un diálogo entre las culturas”,
concluyó el Papa.
El llamado no es para repetir las mesas redondas en las que no se toca
nada medular, sino una invitación al diálogo donde los participantes
rechacen la irracionalidad de la violencia religiosa, manteniéndose
dentro de los límites impuestos por la sensatez y la moral. Con
ello el Papa no vilipendia al Islam, sino que —anota el periódico—
lo invita a abrirse a la modernidad.
Pero con la violencia desatada muchos dirigentes musulmanes demuestran
tener un problema con la modernidad que sólo puede solucionarse
entre ellos, examinando los fundamentos del Islam para adaptarlo a los
nuevos tiempos. Y así como tantos musulmanes critican las palabras
del Papa, deberían condenar más los excesos de criminalidad
y demencia en que han caído.

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