Karina Garcia
El
Diario de Hoy
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Cinta filosófica G Said, como todos alguna vez, reflexiona sobre el rumbo que lleva su vida. Foto
EDH
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Y qué pasa después? -pregunta Said al líder del grupo-, llevando en su cuerpo una bomba que detonará en Tel Aviv en unos momentos. “Dos ángeles llegan por ustedes”, le responde.
Lejos de presentar escenas violentas y crudas, “Paraíso ahora” proyecta emociones. Aborda las últimas horas de dos jóvenes palestinos que están dispuestos a morir por sus creencias.
Los roles son interpretados por los actores Kais Nashef y Ali Suliman, quienes dan vida a Said y Khaled, dos amigos que se quieren como hermanos. Nominada al Óscar como mejor película extranjera y ganadora de un Golden Globe en esa categoría, el film atrapa desde la primera escena.
El silencio se apodera de la pantalla. El primer diálogo se hace con miradas. Suha es recibida por un soldado que le revisa su cartera con esmero, introduciendo al espectador en la realidad de Nablus, una ciudad palestina golpeada por la guerra.
Said y Khaled se ganan la vida como mecánicos. Como todos, tienen días buenos y días malos. Bromean, comparten con sus familias, tienen sueños y amores.
Siendo palestinos, están en contra de la ocupación israelí. La oportunidad de hacer algo por su patria se presenta. Ninguno titubea -al menos verbalmente- cuando aceptan la misión.
Se les encomienda viajar a la capital de Israel, con explosivos pegados en su tórax, para que los detonen en un lugar donde halla bastantes soldados judíos. Se les explica que con ello serán héroes y que alcanzarán el paraíso.
Mientras uno avanza seguro, el otro duda. Un conflicto interno inicia. Confluye el compromiso adquirido, el miedo y la incertidumbre. Surgen los cuestionamientos. ¿Existirá el cielo? ¿Está bien lo que voy a hacer? ¿Qué pasará con mi familia?
El director de la cinta, quien también colaboró con el guión, Hany Abu-Assad, logra que el espectador se desprenda de la imagen del militante palestino fanático que se suele tener con las noticias y contemple a un ser humano. Más que retratar héroes, Abu-Assad retrata hombres.
El avance de la cámara hacia primerísimos planos sorprende como un recurso poco recurrente en las cintas actuales, haciendo cruciales sus exposiciones. La luz tenue que acompaña a las escenas y los giros inesperados de la historia mantienen la atención hasta el silencio que llega con el final.

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