Jorge Garcia
El
Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Rodrigo Larín se define como un chef moderno, al que le gusta experimentar. Confiesa que no le agrada hacer postres. Pero ama la cocina mediterránea y la asiática.
Su pasión por el arte culinario surgió cuando estudiaba Administración de Empresas en Washington. Durante esa época debía prepararse su propia comida. Vivía con su primo y un amigo. “O cocinábamos o nos moríamos de hambre”, expresa.
A medida que avanzaba en su carrera, se daba cuenta de que su interés por ella iba decayendo, mientras que la cocina iba cobrando protagonismo. Fue así que luego de año y medio de estudios, cambió los libros de administración por los de cocina.
En un inicio, su decisión no fue bien recibida por sus padres, sobre todo porque en la casa no lo veían cocinar a menudo, pero al final, lo apoyaron.
Luego de practicar 6 meses en el Hotel Real Intercontinental, se fue a a la Escuela de Hostelería Haufmann, en Barcelona.
“Era una escuela-restaurante. Todos los platos, excepto los postres, los hacían los alumnos”, detalla. “Es un lugar bien conocido en la ciudad. Llegaban los jugadores del Barcelona”, comenta.
A pesar de ser estudiantes, la presión era grande. Todo debía ser perfecto. “El cliente pagaba 35 euros por el plato. Nada podía salir mal”, indica. Para alcanzar un alto grado de calidad, los estudiantes debían pasar 8 horas en la cocina, aparte de las clases teóricas.
Luego de una formación de dos años y medio, Rodrigo regresó a tierras salvadoreñas en 2004, con el sueño de abrir su propio restaurante. Sin embargo, antes de aventurarse en ello, optó por adquirir más experiencia.
Eso lo llevó a laborar en Dolce Fierro 6 meses y en Mai Thai, año y medio. A pesar de haber estado trabajando bajo presión durante varios meses, sintió la diferencia del ambiente en la escuela. “Ahí si uno cometía un error, le podían pegar su gritada, pero en la vida real, la responsabilidad crece”, indica.
En la práctica, Rodrigo descubrió lo demandante que era su profesión. Para él, no existían los feriados, ni las salidas temprano. Disponía de un día de descanso. Se sentía tan cansado que prefería dormir a salir. A sus 26 años, su vida social y familiar se vio afectada. La falta de tiempo le ocasionó problemas con sus padres, novia y amigos.
Ese panorama lo hizo reflexionar. “En España, la profesión de cocinero, aunque no sea chef, es bien pagada, pero aquí, en El Salvador, no”, indica. Aunque Rodrigo no ha perdido la esperanza de abrir su restaurante, por el momento, ha decidido permanecer como chef privado. Da clases de cocina y prepara platillos para reuniones pequeñas.
Su talento lo ha convertido en una de las nuevas promesas del arte culinario nacional. Desde hace un año, es uno de los chefs invitados de “Viva la Mañana”, un espacio que -asegura- le sirve para relajarse.
Rodrigo apenas empieza a escribir su historia. Seguro que oiremos más sobre él.
 |
PUNTERÍA
Cocina: Uuuy, sin límites Viva la mañana: Divertido Saramago: No sé quién es El Diario de Hoy: Desayuno
Color favorito: Negro Platillo favorito: La pizza |

|