Por
Jack y Suzy Welch
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Pregunta: Olvidando la política, ¿por
cuánto tiempo continuarían ustedes empleando a Donald Rumsfeld,
el secretario de Defensa de Estados Unidos? Parece que hizo un trabajo
flojo al planear y ejecutar la estrategia de guerra, y evidentemente ha
perdido el respeto de la gente que trabaja para él. Desde una perspectiva
de administración ¿cómo ven ustedes esto?
Jeff Moskow, Las Vegas, Nevada
Respuesta: Usted no puede olvidarse de la política
en este caso, porque los nombramientos de altos funcionarios en la Casa
Blanca tienen que ver con la política.
De hecho, usted no puede evaluar realmente esta situación desde
una perspectiva estricta de administración, aunque es perfectamente
natural que una persona de negocios quiera hacerlo. El gobierno no es
solamente una cuestión de negocios, especialmente cuando se tratar
de manejar temas de desempeño.
Para entender lo que queremos decir, piense en la reciente avalancha de
partidas de alto nivel en varias corporaciones. William Clay Ford Jr.
básicamente se echó a sí mismo como presidente del
directorio, renunciando a la empresa de familia que había manejado
durante cinco años. Después de más de dos décadas
de estrecha colaboración Sumner Redstone, fundador y presidente
de Viacom, le pidió al presidente del directorio Thomas E. Freston
que se fuera. Y, en un escenario opuesto, David L. Calhoun, un vicepresidente
de General Electric, fue contratado para que manejara la empresa privada
holandesa VNU Group.
Ese tipo de desplazamientos causaron desde reacciones de sorpresa hasta
de desilusión -- la de Freston fue bastante inesperada. Sin embargo,
se registraron sin incidentes. Es decir, las transiciones fueron veloces
y tranquilas.
Ford, que continuará sus labores como presidente, anunció
su renuncia a la presidencia de la junta directiva al mismo tiempo que
nombraba a su sucesor, el ejecutivo de Boeing, Alan R. Mulally. Freston
fue reemplazado inmediatamente por Philippe P. Dauman. un asesor de larga
data de Redstone. El puesto de Calhoun fue inmediatamente ocupado por
otro fuerte ejecutivo de GE, John G. Rice.
Ahora, imagine qué pasaría si el presidente George W. Bush
aceptara la carta de renuncia que el propio Rumsfeld dice que le ha ofrecido
en varias ocasiones.
Olvídese de algo veloz y tranquilo. Habría disputas políticas,
culminando en las audiencias de confirmación del candidato propuesto
por Bush. Seguramente durarían meses. Tanto republicanos como demócratas
las usarían como una buena oportunidad para cuestionar a través
de los medios de comunicación no sólo la política
de Estados Unidos en Afganistán e Irak, sino también la
total presidencia de Bush.
¿Quién manejaría la guerra de Irak durante ese interregno?
Todo el mundo -- y nadie. Eso derivaría en un peligroso desorden.
Por supuesto que los negocios también tienen su política,
pero en el marco de una empresa retener a la gente o dejar que se vaya
-- simplemente no presenta el mismo tipo de peligro o complejidad.
En realidad, como lo muestran las tres recientes partidas, la gente en
el tope puede irse con un mínimo de convulsiones, especialmente
cuando sus empresas ponen a los sucesores en su lugar de manera inmediata.
Esto mantiene a la máquina funcionando, y ofrece un importante
mensaje: ningún individuo es indispensable o más importante
que la organización. En las mejores situaciones, los puestos se
vuelven a ocupar dentro de las ocho horas.
Prácticamente nada en el gobierno ocurre en ocho horas. Así
que olvídese de la situación de Rumsfeld desde una perspectiva
de administración. Ella sólo puede analizarse si pone un
filtro político en sus lentes.
Pregunta: ¿Cómo puede un empleado de bajo
nivel iniciar cambios en una organización que se ha quedado pegada
al status quo por un largo tiempo?
Nombre retenido, Nairobi, Kenia
Respuesta: Usted no puede. O, el 99 por ciento del tiempo, puede morir
en el intento.
Mire, en estos días, la mayoría de las organizaciones entienden
la necesidad de un cambio continuo. Aceptan el hecho de que si las estructuras
no mejoran el modo en que hacen las cosas, perderán con la competencia.
También saben que generalmente los empleados se resisten al cambio
y tienen que ser acicateados por un apasionado agente de transformación.
Pero es muy raro que una empresa desee que el impulso provenga de un ejecutivo
de bajo rango carente de experiencia.
Es por eso que en la mayoría de las empresas las iniciativas de
cambio son dirigidas desde arriba, o al menos, por gerentes de rango mediano
que han ganado sus galones con años de muy buenos resultados.
Así que si usted quiere cambiar su organización, siga su
ejemplo. Su tarea, a nivel de contribuyente individual, no es solamente
entregar. Excédase en la entrega. Haga lo que esperan de usted,
y aún más. Trabaje duro para hacer más inteligente
a su jefe y su vida más fácil y para que el desempeño
de todo su equipo luzca mejor que nunca.
Puede llevar algo de tiempo, pero finalmente usted será recompensado
con un equipo propio. Usted puede luego convertirlo en un modelo del tipo
de cambio que desea para su empresa. Y si ese esfuerzo tiene éxito,
finalmente usted se ganará el respeto, la autoridad y la posición
de alto rango que necesita para iniciar el tipo de cambios a gran escala
que desea.
Si nuestra respuesta “trabaje-y-espere” lo deja frustrado,
entonces tal vez usted necesita irse a otra compañía. La
próxima vez, sin embargo, ingrese en una empresa que a usted le
guste como es, no en una que usted desee reformar, especialmente desde
abajo hacia arriba.
—Welch es Presidente de Jack Welch, LLC. Asesora directores y presidentes
de empresas Fortune 500. Fue Chairman y CEO de General Electric, convirtiéndola
en la corporación más valiosa del mundo. —
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