elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Guerra contra la delincuencia
Unidos pueblo y PNC

No es retórico afirmar que la delincuencia sólo puede detenerse en un plazo mediano si en este mismo momento se plantea su combate como una auténtica guerra contra el crimen

Publicada 19 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Debiera convertirse en lema a nivel nacional, así como antes fue “unidos pueblo y fuerza armada”, esta guerra contra la delincuencia necesita esa unión “como pez en el agua”, que es el fermento básico de un correcto alineamiento de fuerzas. Es una idea-fuerza ganadora.

No es retórico afirmar que la delincuencia sólo puede detenerse en un plazo mediano si en este mismo momento se plantea su combate como una auténtica guerra contra el crimen.

La misma guerra llamada “convencional” tiene teatros de operaciones, “armas” y ponderaciones muy variadas. Comparemos si no la diferencia entre la guerra de trincheras, el combate aéreo, la guerra de blindados, la blitzkrieg o guerra relámpago, la de guerrillas, la naval, etc.

Una complicación adicional es plantearse la guerra revolucionaria, que no es como muchos creen, la misma guerra de guerrillas (este es un componente entre varios más de aquella). Y ahora, aunque no por primera vez en la historia, tenemos que hacer frente a una verdadera agresión perpetrada por delincuentes.

Pese a las diferencias de este cuadro con el del reciente conflicto armado, es importante revisar los puntos en común y las debilidades que aún tenemos.

Si bien no existe una idea política a perseguir, sí existe una esperanza material: el rápido enriquecimiento. Se les tiene igual o más terror que a los otros. Sus estructuras no son únicas, porque tiene que lidiarse con maras, con pandillas organizadas de distinto nivel, con bandas individuales, con aliados encubiertos (incluyendo elementos de relevancia social y autoridades) y con la desmoralización poblacional, comprendiendo el encubrimiento, la complicidad y el miedo.

Se evidencia la necesidad absoluta de tener la mayor cantidad de información constantemente, para poder con ella elaborar una correcta estrategia (en este caso serían múltiples) de la que puedan deducirse tácticas precisas, que sean llevadas a cabo por operativos exitosos. Sin una colaboración de la ciudadanía el combate se prolongará mucho más de lo que fuera necesario.

Durante la llamada guerra civil uno de los fallos más grandes del Estado fue no involucrar lo suficiente a sus ciudadanos (lo que se hizo fue pálido y localizado), quiénes podían y debían haber sido movilizados masivamente para enfrentar al agresor.

Las presiones políticas externas fueron imposibles de tolerar para la dirigencia, no juzguemos, pero ahora sí hay que decir que en estos momentos, aunque existan las presiones, estas son tolerables y deben ser resistidas, combatidas y vencidas. ¡Debe acelerarse el triunfo contra el crimen involucrando masivamente a todo el pueblo!
¡No a los grupos de exterminio!

El Gobierno está claro en esto y lo está repitiendo, muy bien. Pero apoyaré lo dicho brindando más razones que las estrictamente legales, que de por sí son valiosas. Escúchenme bien compatriotas: un mal no se deshace con otro mal, no apoyes estos grupos porque son negativos. No porque matan, si exterminaran a los malvados con eficiencia no serían sino una bendición para el agobio, pero esto no ocurre así, déjenme decirles por qué.

Un escuadrón, “sombra negra”, “mano blanca”, o cualquier denominación o color que se quiera, por bien intencionado y disciplinado que sea está destinado a mediano plazo a degenerar, a convertirse en un brazo de poder (político, económico o de venganzas y pasiones personales), revolviéndose contra todos y convirtiéndose en una nueva amenaza social, en otro peligro más. En su oportunidad combatí todo lo posible la mera sugerencia de semejantes prácticas, buscando, eso sí, que el mismo Gobierno, que el Estado realizare la acción directa, fuerte y eficaz que se necesita.

El rechazo decidido al grupo de exterminio y, en contrapartida, mostrar una fuerte y decidida actuación, unida a una serie de medidas que involucren formal y orgánicamente a la población, es lo que debemos preparar. Prerre-quisito de todo ello es lograr un mínimo de confianza en el pueblo. Para ello es fundamental crear, divulgar y accionar los mecanismos prácticos para que la población esté segura de que el Gobierno los protegerá y no va a “quemarlos” ni por cómplices ni por torpes.

*Lic. en Ciencias Políticas.

 

elsalvador.com WWW