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Reconociendo méritos
Gloria de Kriete y solidaridad

Las instituciones que la Fundación Gloria de Kriete premió son, realmente, “escuelas de ciudadanía”. Son lugares donde distintos grupos de salvadoreños se entrenan en los valores de civismo

Publicada 19 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Rodrigo Chávez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Con aproximadamente el 50% de su población viviendo con menos de dos dólares por día, El Salvador es un país con múltiples necesidades sociales y económicas. Sin embargo, la recaudación fiscal del país se vuelve insuficiente para hacer frente a los distintos problemas.

Por lo tanto, el único sector capaz de darle soluciones a las múltiples necesidades del país es el privado. Por ello, el programa “ Ayudando a quienes ayudan”, de la Fundación Gloria de Kriete, es un ejemplo muy importante de cómo los empresarios pueden aportar a las soluciones de los problemas de El Salvador.

Dicho programa otorgó más de $300,000 dólares a distintas fundaciones y organizaciones sin fines de lucro, en julio de este año. Los principales ganadores de dichos fondos fueron la Asociación Agua Viva, la Institución Carme-litana y la Fundación Carisma-Hogar Crea María Auxiliadora. Uno de los elementos más importantes de este programa es que representa un ejemplo de la promoción de la solidaridad en una sociedad con grandes limitaciones de cooperación y capital social. Según el politólogo, Robert Putnam, el capital social se puede definir como el grado de confianza y cooperación en una sociedad.

En el caso de El Salvador, el capital social se da internamente en los distintos grupos del país. La solidaridad y la confianza se observa entre los distintos grupos empresariales, entre las distintas gremiales y entre las múltiples asociaciones de profesionales. Es decir, los miembros de un determinado grupo social practican la confianza y la solidaridad entre los miembros de su mismo grupo. Sin embargo, esta confianza y solidaridad no se extiende al resto de la sociedad.

Las maras son un ejemplo claro de esto. Los mareros defienden a sus compañeros y los protegen de sus enemigos externos. Por lo tanto, tienen altos niveles de capital social y solidaridad. Sin embargo, estos niveles de capital social no los transmiten al resto del país.
Por el contrario, al resto de salvadoreños les expresan violencia y furia. Por ende, el capital social y la solidaridad son, en el fondo, bienes públicos. Son “bienes” que todos queremos, pero cuyo precio no estamos dispuestos a pagar.

Por consiguiente, el esfuerzo de la Fundación Gloria de Kriete por recompensar el esfuerzo de aquellas entidades que han luchado por promover la solidaridad y la confianza entre los salvadoreños es tan inusual como esperanzador. Esfuerzos como este promueven abiertamente la cooperación y el capital social, sin distinción de ideología, posición social, afiliación política y capacidad económica.

Las instituciones que la Fun-dación Gloria de Kriete premió son, realmente, “escuelas de ciudadanía”. Son lugares donde distintos grupos de salvadoreños se entrenan en los valores de civismo e interés por el bien común. El historiador de la democracia americana, Alexis de Tocquevi-lle, llamaba a este tipo de organizaciones “asociaciones civiles”.

Según Tocqueville, la fortaleza de la democracia americana se basaba en su capacidad de crear este tipo de asociaciones. En su obra “El viejo régimen y la revolución francesa”, Tocqueville argumentaba que las asociaciones civiles son una receta en contra del excesivo individualismo, que las democracias liberales muchas veces promueven.

En términos sociológicos, este es el siguiente desafío de la transición democrática salvadoreña: Crear asociaciones civiles y convertirlas en “escuelas de ciudadanía”, donde la solidaridad sea un valor central.

El desafío de la democracia salvadoreña no consiste en sólo organizar mejores y más frecuentes eventos electorales, sino en crear una nueva “cultura cívica”. Los Acuerdos de Paz fueron el primer gran paso en esa dirección. Sin embargo, se necesita promover esta “cultura cívica” en los distintos ámbitos de la sociedad: Universidades, ONG, empresas, etc.

Por ello, las organizaciones civiles que participaron en el programa “Ayudando a quienes ayudan”, como el Centro Integral de Desarrollo Comunitario (CIDECO) y la Asociación Agua Viva, las cuales se esfuerzan diaramente en promover los nuevos valores de El Salvador, merecen todo el apoyo y reconocimiento posible. Como dijo el historiador Ernest Gheller: “Sin sociedad civil no hay democracia”.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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