elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

La Nota del Día
Hay competitividad con licitaciones claras

Un comercio que abuse de su dominio en los mercados casi de inmediato genera fuerzas contrarias, mientras el corrupto va refinando con el tiempo formas para excluir a sus competidores

Publicada 19 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

P ara acabar con la corrupción vinculada a las licitaciones públicas (en las que se cargan los dados a favor de unos y en detrimento de otros) el gobierno boliviano estableció hace años una entidad independiente encargada de vigilar los procesos y perseguir el tráfico de influencias. Los bolivianos recibieron asistencia de las Naciones Unidas y se esforzaron por alcanzar la máxima transparencia, estableciendo un modelo de mucho éxito que debe ser el ejemplo a seguir para nuestros países.

En la actualidad con la Internet se logra lo que en aquellos tiempos sólo con grandes dificultades se conseguía: informar minuciosamente al público de lo que hacen los gobiernos, para que sea la gente la que detecte anomalías y las denuncie. Las bases de las licitaciones, el historial de los ofertantes, los precios que se ponen sobre la mesa, los criterios que llevan a las adjudicaciones y los reclamos que se hacen. Por añadidura, los que se sienten burlados siempre pueden hacer públicas sus quejas y argumentos. Cuando las cosas se efectúan a la luz del día, los gananciosos son todos los pobladores.

En un país como el nuestro que se enorgullece de apoyar la economía de mercado, la claridad en los actos de gobierno y la fiscalización ciudadana aseguran la competitividad y la eficiencia. Lo que no se acaba de comprender es que mientras los mecanismos de la oferta y la demanda corrigen con rapidez la mayoría de distorsiones que puedan atribuirse a actos indebidos de parte de empresas y comercios, en el caso de las licitaciones sucede lo opuesto: con el tiempo se arraigan vicios y se acumulan regulaciones contra la libre competitividad. Un comercio que abuse de su dominio en los mercados casi de inmediato genera fuerzas contrarias, mientras el corrupto va refinando con el tiempo formas para excluir a sus competidores.

Acortan plazos y suben fianzas

Vamos a poner algunos ejemplos.
En la esfera privada, cuando se contratan servicios se establecen plazos que permitan al que suministra amortizar los equipamientos, digamos camiones que debe comprar para transporte. En esa manera el precio es menor para ambas partes, lo que no impide que cada año, o de manera regular, se revisen calidades, puntualidad y otros factores y se planteen mejoras o hasta revisiones en los precios.

En los entes públicos sucede lo contrario; para excluir al que no está en la jugada, los plazos se acortan, lo que le obliga a adquirir equipos y armar planteles sin saber si se podrá amortizarlos en un breve tiempo. Pero como el otro es parte de la maniobra y sabe que gozará de una fraterna actitud, cotiza a la baja y, por regla general, gana la licitación. El más asombroso caso que conocemos es el de un organismo público que cada cuatro meses licita, sin duda esperando a que llegue el momento en que se den fallas, se descalifique al intruso y el paquete llegue al bien amado.

Otro recurso es exigir fianzas al contado, incrementar el monto de las mismas, rechazar garantías bancarias y buscar el más mínimo pretexto para cobrar multas del dinero que está allí, contante y sonante. En ciertos entes, la fianza se elevó del cinco al treinta por ciento y del treinta al cien por ciento, sin que valiera un respaldo bancario. En otro, se descalificó la institución financiera como “desconocida”. De esto volveremos a escribir.

 

 

elsalvador.com WWW