Primera entrega
Jorge Ávalos
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Esta investigación se inició por una llamada anónima:
un importante caso en la lucha contra la explotación sexual comercial
de niñas y niños corre el peligro de quedar impune.
De acuerdo con el informante, el caso merece una mayor vigilancia por
parte de la sociedad porque existe una alta probabilidad de que los imputados
estén buscando la manera de sobornar a las autoridades para garantizar
su libertad.
El caso en cuestión llegó a ser conocido como el de la banda
de “Los Pilotos”, en referencia a cuatro hombres, estudiantes
de aviación, acusados del tráfico y la trata de tres adolescentes
nicaragüenses.
Los imputados, José Miguel Clará Uriarte, Óscar Ernesto
Rodríguez Pérez y Jorge Armando Sorto Rodríguez,
fueron capturados el 27 de enero de 2006 por la División de Fronteras
de la Policía Nacional Civil (PNC). Un hombre más, Roberto
Carlos Melgar Suria, fue acusado por la Fiscalía General de la
República en ausencia.
Antecedentes
El caso de “Los Pilotos” es clave porque reúne todas
las variantes de explotación sexual de menores: tráfico,
trata, prostitución de personas ajenas y, según el testimonio
de las víctimas, la producción, posesión y distribución
de pornografía infantil.
Debido a la minuciosa investigación de la División de Fronteras,
a los fuertes testimonios de las tres adolescentes de 14, 15 y 16 años
de edad, y al conjunto de peritajes, los dos fiscales asignados al caso
nunca dudaron de que lograrían la judicialización y la condena
de los explotadores.
Pero en un inesperado revés, el primero de febrero, el Juez Segundo
de Paz de Santa Tecla, Eduardo Tenorio, ordenó sobreseimiento o
exoneración provisional de cargos para los imputados por dos razones:
porque las niñas habían venido al país por su propia
voluntad y porque el tiempo que pasaron fue muy corto para que los implicados
generaran ingresos “de tal situación” (la prostitución).
De acuerdo con el Código Penal de El Salvador, el consentimiento
de las víctimas no cuenta en casos de tráfico o trata si
éstas son menores de edad. Al contrario, cuando hay niños
o niñas en condición de explotación, las penas se
incrementan por la gravedad del caso.
Tampoco es un criterio legal el margen de ganancia de los proxenetas.
De hecho, no hay ningún otro precedente legal en la historia judicial
del país en el que un juez se haya apiadado de los explotadores
porque no hicieron suficientes ganancias de sus víctimas.
La decisión del juez Tenorio no sólo ignoró las normativas
nacionales. El Salvador ha firmado un total de 28 convenios internacionales
con el fin de proteger a la niñez y prevenir y eliminar la explotación
sexual comercial de niños, niñas y adolescentes. Con su
decisión, el juez Tenorio violó, de un solo golpe, 26 de
estos convenios.
Pero los fiscales asignados al caso no cedieron. El 6 de febrero presentaron
ante el Juzgado Segundo de Instrucción de Santa Tecla una solicitud
de reapertura del proceso. Esta vez consiguieron pasar la causa a la fase
de “instrucción formal sin detención”, en otras
palabras, a pesar de ser acusados de delitos muy graves, los cuatro imputados
están libres.
A pesar de esta libertad condicionada, todavía pesa sobre ellos
la acusación de tres graves delitos: tráfico ilegal de personas,
trata de personas y agrupaciones ilícitas.
La sombra de una duda
La decisión inicial del juez Tenorio generó alarma entre
los aplicadores de la ley y en los representantes de las instituciones
que luchan contra la explotación sexual comercial de niños,
niñas y adolescentes.
“No se trata en este caso de condenar a un inocente. Se trata de
primas a primeras de soltar a personas que ni siquiera se habían
investigado lo suficiente o con criterios que son realmente bastante discutibles”,
expresó Ítalo Cardona, Coordinador Nacional del Programa
Contra el Trabajo Infantil de la Organización Internacional del
Trabajo.
Para la Unidad de Trata de la División de Fronteras de la PNC,
que había logrado con éxito la rápida investigación
y captura de los tres imputados, la decisión del juez Tenorio les
causó frustración, pero no los sorprendió. ¿Por
qué?
Según el sargento José Noé Ayala, jefe de sección
de Trata de Personas, sólo hay dos opciones por considerar: “El
juez, o desconocía la disposición (legal) o realmente había
otra cosa”.
Una fuente anónima de la Fiscalía General de la República
asegura que es imposible que el juez Tenorio haya desconocido los protocolos
y las normativas sobre la explotación sexual de niños, niñas
y adolescentes, porque “no es la primera vez que él resolvía
este tipo de casos. Es un juez con mucha experiencia”.
La cuestión a considerar es si los aplicadores de la ley enfrentan
en este caso algo más que malas decisiones judiciales.
Vínculos
Hay un dato en particular que llamó la atención de los investigadores
y los hizo considerar el grado de poder y de conexiones con que cuentan
los imputados.
Días antes de las capturas, se realizaron cateos en las casas de
citas de Santa Tecla donde las niñas nicaragüenses eran explotadas
junto a otras dos salvadoreñas. Pero cuando los agentes llegaron
no encontraron a ninguna menor de edad. Previamente, Jorge Sorto y Oscar
Rodríguez habrían recibido una llamada de alerta de un amigo
de ellos que trabaja en la Dirección General de Migración
y Extranjería del Ministerio de Gobernación de El Salvador,
según las fuentes.
Las niñas fueron llevadas a un hotel, donde, de acuerdo con un
testimonio, Óscar violó a la menor de 14 años, quien
ahora está embarazada.
La llamada de advertencia que vino de Migración no fue la única.
Los imputados también se enteraron de que la Unidad de Trata los
investigaba y fue así como decidieron llevar a las tres nicaragüenses
a Santa Rosa de Lima, La Unión, donde también fueron prostituidas
en una cervecería, utilizando para ese fin un cuarto oculto tras
una puerta falsa.
Al final, la Unidad de Trata logró detener a los imputados, a quienes
les decomisaron cuatro vehículos. De estos, el juez Tenorio ordenó
que se les regresaran a los imputados los dos vehículos utilizados
para el tráfico desde Nicaragua y para el transporte para fines
de trata dentro de El Salvador. Los otros dos vehículos, los que
no fueron utilizados en los delitos, todavía permanecen en manos
de la División de Fronteras.
Dado que las niñas indicaron que fueron fotografiadas desnudas
para una página de Internet, la Unidad de Trata también
decomisó equipo informático: dos computadoras, un quemador
de discos compactos y 30 CD.
Cuando la Fiscalía solicitó el peritaje técnico de
este equipo se llevaron una sorpresa: el especialista del laboratorio
de la Policía Técnica Científica de la Policía
se recusó. Él no podía hacer el peritaje, sostuvo,
porque era íntimo amigo de uno de los imputados.
Ese no es el único vínculo que los acusados tienen con personas
que trabajan en las instituciones aplicadoras de la ley.
Casi inmediatamente después de las capturas se descubrió
que José Miguel Clará Uriarte es hijo de una subcomisionada
de la Policía Nacional Civil. Otro de los imputados es hijo de
una auxiliar de la Procuraduría General de la República.
El tercero es hijo de un empresario.
Irregularidades
Después de que los dos fiscales originalmente asignados al caso
obtuvieron la instrucción formal para los imputados, fueron reemplazados
por otro.
El nuevo fiscal ha enfrentado en los últimos meses medidas dilatorias
por parte de la defensa y acciones que varias fuentes coinciden en llamar
“inhumanas”, porque han llevado a la revictimización
de las niñas nicaragüenses.
Entre estas medidas se cuentan la prolongada estadía de las víctimas
en El Salvador para un reconocimiento que nunca se llevó a cabo,
debido a la ausencia de los imputados. Aunque se frustró tres veces,
al final la Fiscalía logró un anticipo de prueba con los
testimonios de las víctimas.
En más de una ocasión durante esta etapa de instrucción,
debido a las ausencias injustificadas, el juez tuvo la oportunidad de
cambiar la medida sustitutiva de los imputados (la libertad condicional)
por una medida privativa (detención), pero nunca ejerció
esa opción.
Según el sargento Ayala, este es un caso “de crimen organizado,
por lo tanto no deberían haberse aplicado medidas sustitutivas.
El juez debería privarlos de su libertad para que no tengan la
oportunidad de escapar del país”.
Aún más serio es el hecho de que los imputados han tenido
acceso directo a las víctimas, presuntamente para intentar que
cambien sus testimonios.
A pesar de que la producción, posesión y distribución
de pornografía infantil podría significar por sí
sola una fuerte condena para cada uno de los tres imputados, la Fiscalía
no ha realizado ningún esfuerzo en los siete meses desde las capturas
para obtener un peritaje técnico de las computadoras decomisadas.
Mientras tanto, las víctimas esperan. Viviendo aún en condiciones
paupérrimas en su natal Nicaragua, ellas no saben que sus historias
se han convertido en un caso tan importante para el futuro de la justicia
en El Salvador porque, para bien o para mal, su resolución sentará
un precedente.
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1)
Nicaragua 15/12/2005
Los imputados establecieron contacto con las tres víctimas,
que vivían en condiciones paupérrimas en Chinandega,
y les prometieron trabajo en El Salvador. |
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2)
Rescate 19/01/2006
Las víctimas entraron al país por un punto ciego de
la frontera El Amatillo, y de ahí fueron llevadas a Santa Rosa
de Lima, de donde también fueron rescatadas. |
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3)
Captura 27/01/2006
Las víctimas fueron prostituidas en Santa Tecla y en Santa
Rosa de Lima (donde está este cuarto tras una puerta falsa).
La investigación llevó a la captura de tres hombres. |
Cuando llegaron los policías que les seguían la pista,
ya no encontraron a ninguno de los sospechosos. Un amigo, empleado de
Migración, los había alertado
Los acusados tienen vínculos de amistad y familiares con técnicos
y oficiales de la policía y con auxIliares de la procuraduría
general de la república

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