Marlon Beltrán
El
Diario de Hoy
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Curiosidad. Turistas nacionales y extranjeros observan los quelonios dentro de los recipientes donde han permanecido durante tres días, sin alimento. Foto
EDH
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Un regalo para la fauna marina y las aguas del Océano Pacífico hicieron los miembros de la Asociación Barra de Santiago, en el cantón del mismo nombre, jurisdicción de Jujutla, el sábado pasado.
Esta entidad, encabezada por Daniel Guttfreund, vicepresidente, liberó 80 tortugas, recién nacidas, de la especie Golfina, tras reproducirlas a la orilla de la playa.
Durante casi dos meses, en lugar de devorar los huevos, como otros lo harían, decidieron reproducirlos en los criaderos, mediante técnicas sencillas.
Guttfreund explicó que esta actividad es parte de un programa de rescate de los quelonios, especialmente de la especie Golfina que está en peligro de extinción.
Hay extranjeros, como el argentino Gabriel Berditchevsky, que apadrinan el plan; al igual que las familias de la zona, a quienes les pagan cinco dólares por docena de tortugas liberadas.
El hallazgo de casi mil tortugas muertas, a principios del año, y cuyos cuerpos fueron localizados en playas del Oriente y Occidente del país, los motivó a continuar esta labor.
La Barra de Santiago no es la excepción. Allí, recientemente, hallaron otras 18, entre el 10 y el 31 de agosto.
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Primer contacto.
Momento en que los asistentes introducen las tortuguitas a la playa. Es el primer encuentro de estas criaturas con su nuevo hábitat natural. Foto EDH
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Colaboran
A las 4:00 p.m., decenas de residentes se reunieron a la orilla de la costa para ayudar a liberar las tortugas.
Una a una fueron soltadas en la arena, ante los aplausos de los presentes.
De forma natural movieron sus pies hacia las aguas saladas. Una vez eran tocadas por las olas, eran apresadas nuevamente.
Luego las llevaron ocho millas mar adentro, ahí las liberaron en su nuevo hábitat.
Desde su fundación en 2004 la Asociación Barra de Santiago ha liberado 2,000 quelonios recién nacidos. Técnica de reproducción es muy sencilla
Los vecinos de la Barra de Santiago contribuyen a conservar a las tortugas, en especial a la Golfina, desde hace dos años.
Daniel Guttfreund, vice presidente de la Asociación Barra de Santiago, dijo que el biólogo Carlos Hasbún, les da asesoría.
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Hasta los pequeños.
Una niña coloca cuidadosamente un ejemplar de la especie Golfina en la arena. Posteriormente, lancheros las llevarán lejos del oleaje. Foto EDH
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Éste último explicó que la técnica de reproducción es sencilla y puede ser practicada por cualquier persona con acceso a la playa y, sobre todo, el deseo de proteger las especies en peligro de extinción.
Tras recoger los huevos frescos en el “tortuguero”, se debe excavar un agujero en la arena, a 10 metros del mar, para que el agua salada no los alcance durante mareas altas.
El hueco, de unos 30 centímetros, se hace en forma de cántaro.
Ahí colocan 100 huevos máximo. Se cubren con arena y se protegen con malla metálica fina, para evitar la entrada de depredadores.
Además se les coloca una pequeña “ramada” para evitar el sol.
En término de 45 ó 47 día nacerán las nuevas criaturas. Al nacer se ponen en grupos de 10 en recipientes con agua salada. A los tres días, sin alimentarles, están listas para ser liberadas.
Tras ser tocados por la primera ola, se recogen y se depositan ocho millas mar adentro, explicó.
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