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Analizando
La nueva sociedad salvadoreña

Otros denominadores comunes de los miembros de esa nueva comunidad son el comportamiento instintivo casi selvático, egoísmo desmedido, ausencia de valores y bajo umbral para reaccionar con violencia

Publicada 18 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Hace todavía unos cuarenta años era posible detectar en el país una sociedad que con altibajos permanecía estable, dentro de lo que cabe cumplidora de las normas de convivencia, en cierta forma respetuosa de los valores universales y muy dada a sus costumbres y tradiciones.

Ahora en el Siglo XXI, encontramos que la anterior cada día se ha vuelto más pequeña y otra nueva que ha venido creciendo gradualmente, con más intensidad a partir del postconflicto, alimentada periódicamente con nutridos contingentes de delincuentes deportados de los Estados Unidos.

Esta última es una especie de subsociedad que había venido creciendo en las rendijas, al menos al principio, del tejido social, ahora lo hace a la luz del día en cualquier espacio, inclusive se abre paso por a fuerza, asfixiando y subyugando a la primera.

La neosociedad está integrada por una gran variedad de grupos de individuos en los que se detectan con facilidad denominadores comunes de comportamiento. Lo más visible es su adicción al dinero fácil y fanatismo por “la cachada”, irrespetando todas las reglas del juego que impone la civilización. Comprende desde el crimen organizado y corrupción de cuello blanco hasta los chantajistas, vendedores de artículos pirateados y extorsionistas.

El dinero fácil, rápido y sin fregarse mucho, lo vemos en su máxima expresión en los cerca de 20,000 pandilleros que en la actualidad mantienen de rodillas a la población.

Como no existe un patrón para predecir este tipo de violencia, la gente se siente desamparada y vulnerable. En efecto, le tema más a la inseguridad que a los precios de la gasolina y las periódicas embestidas tributarias. Por un lado los facinerosos asesinan a los que no pagan “la renta” y por otro lado la ciudadanía se mantiene atada a la esperanza de que la denuncia alivie la situación.

Otra característica de la nueva sociedad es el rechazo sistemático al Estado de Derecho, que tantos sacrificios ha costado a la nación. El comercio callejero informal desobedece constantemente las disposiciones municipales en todas las ciudades del país. Pese a las requisas que realizan las autoridades correspondientes, los reclusos siempre se las ingenian para contar con televisores, teléfonos celulares, drogas, armas hechizas, granadas, etc.

En otro nivel, existen diputados que a sabiendas que los buses chatarra envenenan el medio ambiente y causan enfermedad y muerte a las personas, consideran como “un triunfo” el prorrogar la aplicación de las normativas, además de que son insensibles a las desgracias personales e incendios que causan las coheterías, aun cuando juraron cumplir y hacer cumplir la ley.

En ese orden de ideas, no son pocos los miembros de la PNC expulsados por corrupción o participación en hechos delictivos, a pesar de que recibieron capacitación sobre derechos humanos y fueron preparados a conciencia para servir y proteger a la comunidad.

Otros denominadores comunes de los miembros de esa nueva comunidad son el comportamiento instintivo casi selvático, egoísmo desmedido, ausencia de valores y bajo umbral para reaccionar con violencia ante cualquier estímulo. Este comportamiento psicopatológico lo observamos en los grupos de protesta, en lugar de utilizar los mecanismos establecidos en cualquier país democrático, recurren al vandalismo, paralizar el tráfico, quemar llantas, insultar y lanzar piedras.

Las rencillas y diferencias personales y familiares las resuelven con agresiones físicas, incluyendo el homicidio. La reacción hostil y desproporcionada la percibimos por todos lados y basta citar el ejemplo de los conductores que en arterias importantes van comprando flores, periódicos, frutas, macetas, aceite, etc., sin salirse de la columna de vehículos y sin estacionarse para dedicarse a esos menesteres, pero cuando alguien les reclama que están obstruyendo el paso, reaccionan iracundos con insultos y amenazas.

*Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.

 

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