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La Nota del Día
Tenemos al enemigo en medio de nosotros

Frente a la mortal agresión las naciones oponen muy poca resistencia, tratan de apaciguar la fiera con el diálogo, retroceden ante los ataques y rehúsan reconocer la magnitud del peligro que afrontan

Publicada 18 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

El enemigo está “decidido a eliminarnos físicamente… a destruir nuestros principios y valores, aniquilar nuestra civilización. Desde hace cuatro años hablo del nazismo islámico, de la guerra contra Occidente, del culto a la muerte, del suicidio de Europa”, dijo Oriana Fallaci, la gran cronista italiana, poco antes de morir de cáncer hace cuatro días. Y frente a la mortal agresión las naciones ponen muy poca resistencia, tratan de apaciguar la fiera con el diálogo, retroceden ante los ataques y rehusan reconocer la magnitud del peligro que afrontan.

Nuestras ciudades, señala Fallaci, encierran otras ciudades habitadas por grupos humanos que no sólo se niegan a integrarse a las culturas que les acogen, sino que conspiran para atacarlas, someterlas y forzarlas a aceptar sus creencias y sus leyes. En ningún momento los musulmanes están dispuestos a revisar sus dogmas, a adaptarse a las nuevas realidades del mundo y a buscar un camino intermedio. Lo que buscan es la victoria total aunque ésta se logre aniquilando al que consideran su enemigo, al infiel por profesar otra religión.

En las ciudadelas dentro de Europa, las ciudadelas del fanatismo y la intolerancia, hablan su propia lengua, siguen vistiendo sus ropajes seculares, mantienen en la servidumbre a sus mujeres y son capaces de asesinar a sus hijas o hermanas por el solo hecho de que éstas mantengan alguna relación, aunque sea la de simple amigo, con un no musulmán. En esas ciudadelas los terroristas circulan libremente tramando mortandades de gente inocente, al mismo tiempo que proclaman, dice Fallaci, la tolerancia y la naturaleza pacífica del islam, alegando que se trata de una religión misericordiosa, “como si Mahoma hubiera llegado al mundo con un ramo de olivo en la boca y luego crucificado como Jesucristo”.

Pero estos grupos “llenos de misericordia y tolerancia ya revelaron su calaña; la mostraron el 11 de septiembre en Nueva York, el 11 de marzo en Madrid y en ese mismo año, en Beslán, Rusia”, donde perpetraron una carnicería de niños escolares a los que disparaban y mataban al correr aterrorizados.

Son asimismo los autores de los atentados en Londres, los que quisieron volar un avión en pleno vuelo detonando una bomba dentro del zapato de un convertido al islam, los que dinamitaron una discoteca en Bali, los que están exterminando a los negros en Darfur para establecer una “República Islámica”.

A la letanía se suman otros centenares de horrores, incluida la carnicería perpetrada por el jordano Zarqawi en una recepción de bodas en Amán, además de asesinatos, atentados y matanzas en poblaciones árabes. En Iraq, los musulmanes chiitas están degollando y masacrando sunitas, y a la inversa; la locura no conoce límites.

Quieren dialogar con las fieras

Oriana, la gran escritora, se asombra de la reacción de Occidente frente a la embestida islámica: complacencia, la búsqueda de entendimientos, la protección de los predicadores del odio, diez mil intentos por apaciguar a la fiera. Las mezquitas que los fanáticos musulmanes están convirtiendo en campos de entrenamiento para terroristas y centros donde se propaga el odio, gozan de la protección de las leyes. Los magistrados no vacilaron en procesar a Oriana por expresar opiniones polémicas, pero se valen de cualquier resquicio legal para liberar a sospechosos de conspiraciones contra los países que les han dado casa y trabajo.

 

 

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