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Palabras
El crédulo incrédulo
No sólo basta creer. Hay que actuar, conforme lo que creemos, dentro del conocido axioma popular de: “Ayúdate que te ayudaré”, que relata la parábola de los bueyeros en la vida de Jesús.
Publicada 12 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy
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| Carlos Balaguer
editorial@ elsalvador.com
La conclusión es, pues, poner un poco de nuestra parte y no sólo depender de los favores de Dios. Al respecto, esta oportuna anécdota:
Estaba un hombre en medio de un diluvio. Había logrado ponerse a salvo, subiendo al techo de su casa. El agua le llegaba ya a los pies. Pasaron dos barcas con gente que huía y le gritaron al hombre que subiera con ellos para salvarse. Aquel --empecinado en no abandonar su sumergido hogar-- les dijo que su fe era grande en el Señor y que siguieran de paso.
Cuando el agua le llegaba a la cintura pasó un helicóptero de rescate y con altavoces le dijeron que abordara la nave para salvar su vida. El empecinado hombre rechazó la oferta, diciéndoles que su fe era grande y que se fueran “hombres de poca fe”. Más tarde el agua le llegó al cuello. Estaba a punto de perecer y entonces rogó a Dios:
-¡Padre, salva mi vida por misericordia!
Jesús, enfadado con el náufrago super crédulo, respondió:
-¡Te he enviado dos barcas y un helicóptero! ¿Qué más quieres?
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a día
Revolución de reagan
Hace veinticinco años como lo recuerda el Wall Street Journal, el ex Presidente Ronald Reagan firmó la Ley de impuestos para la recuperación, reduciendo de manera sustancial las altas tasas impositivas que se venían aplicando en Estados Unidos y que provocaron la crisis económica de ese entonces.
La ley redujo en un 25% los impuestos de renta y bajó los impuestos a las empresas, permitiendo además que las tasas fueran ajustadas a los índices inflacionarios. La “revolución fiscal de Reagan” marcó el inicio de una prosperidad sin precedentes en la historia reciente de los Estados Unidos.

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