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| Al fin. El director de Aduanas (de frente), con
el paquete. Foto EDH |
Eugenia V./ Sonia B./J.R.
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El culebrón del Glivec, un paquete de medicinas valorado en $378
mil para el tratamiento de la leucemia, donado por la firma Novartis y
extraviado durante varias semanas en la Aduana Terrestre de San Bartolo,
toca a su fin con los resultados del examen especial de la Corte de Cuentas.
La investigación identifica vacíos en el trabajo y control
de los empleados a la hora del manejo de la mercadería, de acuerdo
a las leyes y reglamentos aduaneros.
Gracias a este producto o, mejor dicho, a la supuesta pérdida de
este costoso lote de medicinas dirigido a los enfermos del Hospital Rosales,
muchos de esos vicios salieron a la luz pública antes de su hallazgo,
y hoy vuelven a aparecer en el informe del ente contralor.
En el primero de los cuatro apartados, el informe da cuenta del inadecuado
proceso seguido para la destrucción del insumo (al final no ocurrió
tal cosa). “Verificamos que el medicamento Glivec (...) enviado
a la bodega 4 de mercancías en abandono, ubicada en San Bartolo
y, posteriormente sin antes considerar las opciones de subasta o donación,
fue incluido por el guardalmacén en la mercancía en abandono
para su destrucción...”, cita el informe.
El caso pasó a un juicio de cuentas que se ventila en la Cámara
Segunda de la Primera Instancia del propio ente contralor.
Según el reglamento del Código Aduanero Uniforme Centroamericano
(Recauca), aquellas mercancías no adjudicadas podrán venderse
a las instituciones estatales que pudieran aprovecharlas, donarlas a instancias
de beneficiencia y, como tercera opción, ser destruidas.
Todo indica que Aduanas optó por esta última sin barajar
las anteriores, a sabiendas que, según los informes, se trata de
un lote de medicinas de última generación.
“La Dirección General de Aduanas no realizó ningún
procedimiento interno (...) para verificar si el proceso de destrucción
estaba apegado a lo legal”, concluye el informe.
En cualquier caso, de haberse eliminado, también se hubiera infringido
la ley medioambiental en tanto este tipo de sustancias son consideradas
peligrosas y requieren de un tratamiento especial. En ese proceso, los
responsables de la institución dieron fe, con documentación
incluida, de que los insumos habían sido llevados hasta el relleno
de la empresa Mides, en el municipio de Nejapa.
En esa documentación, sin embargo, aparece todo tipo de incongruencias
en las fechas y las horas. Además, en el acta de destrucción
Nº. 6/2006 de fecha 30 de mayo de 2006, no menciona que esté el
medicamento. Todo ello, a pesar de que un informe de Aduanas así
lo contradice, además de las palabras del propio director, recogidas
el 14 de julio de este año.
“Vinieron a alertar de que era algo de Salud hasta que el producto
estaba destruido, aparte de los 20 días se le dieron ocho más”,
aseveró Gustavo Villatoro, director de Aduanas en aquella ocasión
para justificar el retraso en el reclamo del lote por parte de las autoridades
de Salud Pública.
En aquel entonces, las declaraciones y la información escrita “chocaron”
con lo que decía la empresa Mides, adonde se decía que habían
llevado las medicinas. Jaime Ávila, director ejecutivo de Mides,
negó en ese entonces que los insumos se hubiesen quemado en el
relleno, como así fue, pese a lo dicho por Aduanas.
Con detalle
Esas incongruencias no pasaron inadvertidas para la Corte, quien en sus
conclusiones indica que “la documentación presentada por
la Dirección de Aduanas no detalla toda la mercadería que
se va a destruir”. Un aspecto del que tomó nota la institución
señalada y, en el informe, el director de Aduanas se compromete
a que “se incluya el detalle de toda la mercadería que se
va a destruir”.
El examen especial cita, en una de sus conclusiones, la falta de “procedimientos
internos”. Una carencia que llevó a que el paquete de Glivec
pudiera haber desaparecido y aparecido en Aduanas en cuestión de
una semana.
Pruebas de las irregurlaridades
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- Fechas distintas
La parte superior del acta de destrucción indica el 30
de mayo. Sin embargo, en el texto de la misma, aparece que se
realizó el 6 de abril.
- Los responsables
Por las incoherencias en las actas y versiones, la Aduana destituyó
a las tres personas que aparecen firmando el informe de destrucción.
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- No fue destruido
Los agentes aduanales levantaron un listado donde aparecía
que el Glivec había sido destruido en Mides, algo que
nunca ocurrió.
- Sin comprobante
Mides entregó una boleta de pesaje por el tratamiento de
7,900 libras de productos. La firma negó que las medicinas
estuvieran incluidas en ella.
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- Fueron avisados
La carta que Salud Pública envió un día antes
de que el medicamento se presumiera destruido reveló otra
falla más de este proceso.
- Negaron conocerla
Los agentes aduanales se escudaron en que el Glivec se mandó
a destruir porque Salud Pública nunca avisó que
reclamaría el paquete.
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- Hallazgos de la corte. Básicamente,
el ente contralor hace énfasis en la necesidad de mejorar
los sistemas de control de mercancías en todo el proceso
que se sigue en la aduana.
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El medicamento que mantiene la leucemia a raya
Tras la tempestad, volvió la calma. Los 64 pacientes con leucemia
mieloide crónica que utilizan el Glivec siguen su tratamiento con
normalidad. Mario Henríquez, de 48 años, quien padece la
enfermedad desde hace 11 años, confirma que la época de
“vacas flacas” está superada. Durante un tiempo sólo
les dieron la mitad de la dosis por culpa de la “desaparición”
del insumo durante varias semanas.
Los pacientes llegan a su consulta habitual al Rosales. Henríquez
estuvo el 16 de agosto y le dieron las pastillas para los dos próximos
meses. El paciente afirma que “mi vida ha mejorado” con el
medicamento. De la fatiga, los dolores musculares, las naúseas
y la caída del cabello, por citar algunos efectos secundarios de
su tratamiento anterior, ni se acuerda desde hace dos años y medio
cuando empezó a tomar la medicina actual.
Miembro de la Asociación Amor a la Vida, este migueleño
reconoce que el tratamiento alivia muchos problemas, pero no todos. Hoy
está a la espera de reunir los fondos para realizarse un estudio
médico de células madre que determine el efecto real del
medicamento. Este tipo de examen sólo se realiza en Estados Unidos
o Colombia, de ahí las dificultades. Hay que recordar que esta
medicina es nueva, apenas lleva cinco años en uso.
La supuesta pérdida del medicamento en Aduanas y la notoriedad
del caso provocaron que más enfermos con leucemia se presentaran
a las instalaciones del Rosales, preguntando por ese producto. Cada uno
requiere un careotipo, un estudio del cromosoma “filadelfia”.
Su costo es de $200 y se hace sólo en un laboratorio privado de
San Salvador. “Nos hacen falta muchos recursos, entre ellos, una
computadora para llevar los registros de las actividades y del estado
de salud de los enfermos”, explica Henríquez, quien espera
que la asociación obtenga la personería jurídica
cuanto antes.

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