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Aduana
Corte detecta fallas en controles

El caso Glivec. El cúmulo de desaciertos que siguió a la pérdida del medicamento en la Aduana Terrestre hizo posible que éste desapareciera y, una semana después, apareciera en una bodega contigua. El ente contralor señala errores en la recepción y la destrucción de las mercancías no solicitadas.


Publicada 10 de septiembre de 2006 , El Diario de Hoy

Al fin. El director de Aduanas (de frente), con el paquete. Foto EDH
Eugenia V./ Sonia B./J.R.
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El culebrón del Glivec, un paquete de medicinas valorado en $378 mil para el tratamiento de la leucemia, donado por la firma Novartis y extraviado durante varias semanas en la Aduana Terrestre de San Bartolo, toca a su fin con los resultados del examen especial de la Corte de Cuentas.

La investigación identifica vacíos en el trabajo y control de los empleados a la hora del manejo de la mercadería, de acuerdo a las leyes y reglamentos aduaneros.

Gracias a este producto o, mejor dicho, a la supuesta pérdida de este costoso lote de medicinas dirigido a los enfermos del Hospital Rosales, muchos de esos vicios salieron a la luz pública antes de su hallazgo, y hoy vuelven a aparecer en el informe del ente contralor.

En el primero de los cuatro apartados, el informe da cuenta del inadecuado proceso seguido para la destrucción del insumo (al final no ocurrió tal cosa). “Verificamos que el medicamento Glivec (...) enviado a la bodega 4 de mercancías en abandono, ubicada en San Bartolo y, posteriormente sin antes considerar las opciones de subasta o donación, fue incluido por el guardalmacén en la mercancía en abandono para su destrucción...”, cita el informe.

El caso pasó a un juicio de cuentas que se ventila en la Cámara Segunda de la Primera Instancia del propio ente contralor.

Según el reglamento del Código Aduanero Uniforme Centroamericano (Recauca), aquellas mercancías no adjudicadas podrán venderse a las instituciones estatales que pudieran aprovecharlas, donarlas a instancias de beneficiencia y, como tercera opción, ser destruidas.

Todo indica que Aduanas optó por esta última sin barajar las anteriores, a sabiendas que, según los informes, se trata de un lote de medicinas de última generación.

“La Dirección General de Aduanas no realizó ningún procedimiento interno (...) para verificar si el proceso de destrucción estaba apegado a lo legal”, concluye el informe.

En cualquier caso, de haberse eliminado, también se hubiera infringido la ley medioambiental en tanto este tipo de sustancias son consideradas peligrosas y requieren de un tratamiento especial. En ese proceso, los responsables de la institución dieron fe, con documentación incluida, de que los insumos habían sido llevados hasta el relleno de la empresa Mides, en el municipio de Nejapa.

En esa documentación, sin embargo, aparece todo tipo de incongruencias en las fechas y las horas. Además, en el acta de destrucción Nº. 6/2006 de fecha 30 de mayo de 2006, no menciona que esté el medicamento. Todo ello, a pesar de que un informe de Aduanas así lo contradice, además de las palabras del propio director, recogidas el 14 de julio de este año.

“Vinieron a alertar de que era algo de Salud hasta que el producto estaba destruido, aparte de los 20 días se le dieron ocho más”, aseveró Gustavo Villatoro, director de Aduanas en aquella ocasión para justificar el retraso en el reclamo del lote por parte de las autoridades de Salud Pública.

En aquel entonces, las declaraciones y la información escrita “chocaron” con lo que decía la empresa Mides, adonde se decía que habían llevado las medicinas. Jaime Ávila, director ejecutivo de Mides, negó en ese entonces que los insumos se hubiesen quemado en el relleno, como así fue, pese a lo dicho por Aduanas.

Con detalle

Esas incongruencias no pasaron inadvertidas para la Corte, quien en sus conclusiones indica que “la documentación presentada por la Dirección de Aduanas no detalla toda la mercadería que se va a destruir”. Un aspecto del que tomó nota la institución señalada y, en el informe, el director de Aduanas se compromete a que “se incluya el detalle de toda la mercadería que se va a destruir”.

El examen especial cita, en una de sus conclusiones, la falta de “procedimientos internos”. Una carencia que llevó a que el paquete de Glivec pudiera haber desaparecido y aparecido en Aduanas en cuestión de una semana.

Pruebas de las irregurlaridades

  • Fechas distintas
    La parte superior del acta de destrucción indica el 30 de mayo. Sin embargo, en el texto de la misma, aparece que se realizó el 6 de abril.
  • Los responsables
    Por las incoherencias en las actas y versiones, la Aduana destituyó a las tres personas que aparecen firmando el informe de destrucción.
  • No fue destruido
    Los agentes aduanales levantaron un listado donde aparecía que el Glivec había sido destruido en Mides, algo que nunca ocurrió.
  • Sin comprobante
    Mides entregó una boleta de pesaje por el tratamiento de 7,900 libras de productos. La firma negó que las medicinas estuvieran incluidas en ella.
  • Fueron avisados
    La carta que Salud Pública envió un día antes de que el medicamento se presumiera destruido reveló otra falla más de este proceso.
  • Negaron conocerla
    Los agentes aduanales se escudaron en que el Glivec se mandó a destruir porque Salud Pública nunca avisó que reclamaría el paquete.
  • Hallazgos de la corte. Básicamente, el ente contralor hace énfasis en la necesidad de mejorar los sistemas de control de mercancías en todo el proceso que se sigue en la aduana.

El medicamento que mantiene la leucemia a raya

Tras la tempestad, volvió la calma. Los 64 pacientes con leucemia mieloide crónica que utilizan el Glivec siguen su tratamiento con normalidad. Mario Henríquez, de 48 años, quien padece la enfermedad desde hace 11 años, confirma que la época de “vacas flacas” está superada. Durante un tiempo sólo les dieron la mitad de la dosis por culpa de la “desaparición” del insumo durante varias semanas.

Los pacientes llegan a su consulta habitual al Rosales. Henríquez estuvo el 16 de agosto y le dieron las pastillas para los dos próximos meses. El paciente afirma que “mi vida ha mejorado” con el medicamento. De la fatiga, los dolores musculares, las naúseas y la caída del cabello, por citar algunos efectos secundarios de su tratamiento anterior, ni se acuerda desde hace dos años y medio cuando empezó a tomar la medicina actual.

Miembro de la Asociación Amor a la Vida, este migueleño reconoce que el tratamiento alivia muchos problemas, pero no todos. Hoy está a la espera de reunir los fondos para realizarse un estudio médico de células madre que determine el efecto real del medicamento. Este tipo de examen sólo se realiza en Estados Unidos o Colombia, de ahí las dificultades. Hay que recordar que esta medicina es nueva, apenas lleva cinco años en uso.

La supuesta pérdida del medicamento en Aduanas y la notoriedad del caso provocaron que más enfermos con leucemia se presentaran a las instalaciones del Rosales, preguntando por ese producto. Cada uno requiere un careotipo, un estudio del cromosoma “filadelfia”. Su costo es de $200 y se hace sólo en un laboratorio privado de San Salvador. “Nos hacen falta muchos recursos, entre ellos, una computadora para llevar los registros de las actividades y del estado de salud de los enfermos”, explica Henríquez, quien espera que la asociación obtenga la personería jurídica cuanto antes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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