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| Los controles fueron redoblados en el aeropuerto
y en la embajada de EE.UU. Foto EDH |
| Lea
además |
La
búsqueda de Bin Laden

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El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Cada día las autoridades salvadoreñas afrontan nuevos retos
para preservar la seguridad interna, pues no bastan los controles aéreos,
terrestres y marítimos impuestos tras los atentados del 11 de septiembre
de 2001 en Washington y Nueva Yok.
Desde ese año la permanente vigilancia se ha vuelto el pan de cada
día, sobre todo con grupos radicales celebrando en las calles los
ataques cuatro días después de perpetrados, así como
con paso libre en las fronteras y, tiempo después, siendo el país
miembro de la coalición que invadió Iraq.
Ahora se prepara una ley antiterrorista, y la inteligencia tiene un papel
preponderante para controlar a grupos radicales que incluso estarían
armados, uno de cuyos miembros desbarató con fuego de fusilería
un pelotón de antimotines y mató a dos de los agentes el
pasado julio (5-J).
Por orden presidencial, en 2001 comenzó a funcionar el Consejo
de Seguridad Nacional en el que fueron incluidos Policía, Fuerza
Armada, el Organismo de Inteligencia del Estado, Migración y Cancillería.
Las fronteras terrestres y el aeropuerto internacional del país
fueron militarizados y luego la policía tuvo que asumir la vigilancia
que hasta entonces estaba en manos de personal del aeropuerto y migración.
“Quien no acate las normas de
seguridad no puede viajar”
Héctor Mendoza Cordero
(Investigaciones PNC)
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| Grupos radicales de izquierda celebraron los
atentados en 2001 Foto EDH |
Equipajes, maletas y hasta los zapatos fueron revisados con minuciosidad
para no dejar pasar a nadie que representara una amenaza los días
siguientes a los atentados.
El aeropuerto dejó de ser custodiado por el personal de CEPA y
migración y pasó a manos de más de 400 agentes de
la División de Fronteras de la Policía Nacional Civil, quienes
tomaron el mando en el chequeo de los pasajeros, la verificación
de pasaportes y la revisión en rayos X como parte de una inspección
exhaustiva antes de abordar. Incluso se adquirió equipo y detectores
especiales.
Pero las inspecciones se endurecieron después del 10 de agosto
de este año, cuando la policía de Inglaterra descubrió
un plan para hacer explotar aviones en vuelo hacia EE.UU.
En las fronteras, la dirección de la policía impuso más
control de vehículos y de documentación a los viajeros que
transitaban entre los países centroamericanos.
“Cuando hemos tenido amenazas
la alerta se activa”
René Figueroa
(Ministro de Gobernación)
Pero no fue hasta agosto de 2004 cuando un correo difundido a través
de Internet por el grupo Brigadas Mohammed Atta Al Qaida Jihad puso en
alerta máxima al país por ser el único de la región
centroamericana en mantener a sus tropas militares en Iraq. Autoridades
de Gobernación, inmediatamente ordenaron seguridad extrema en el
aeropuerto mientras confirmaban la veracidad de los mensajes.
El Ministro de Gobernación, René Figueroa, asegura que desde
esas amenazas el mecanismo se activa y el Consejo de Seguridad Nacional
se reúne inmediatamente para coordinarse.
No obstante, reconoce que todavía hay mucho por hacer y que, para
el caso del 5-J, ya tenían informes de que se preparaba este hecho,
pero los autores se adelantaron para perpetrar la “emboscada”.
“Hemos pedido opinión
de expertos para crear la ley antiterrorista”
Antonio Almendáriz
(Diputado del PCN)
Los atentados del 11 de septiembre también pusieron sobre la mesa
de la Asamblea Legislativa el tema de la ley especial antiterrorista .
Dicha ley, en estudio por una comisión especial, tendría
como objetivo no sólo crear los mecanismos legales en casos de
atentados internacionales, sino también poner freno a actos de
terrorismo como los del 5 de julio.
El diputado pecenista de la comisión de seguridad, Antonio Almendáriz,
asegura que actualmente se ha pedido asesoría de expertos en el
tema para que no sea letra muerta y su aplicación pueda ser efectiva.
Embajada aumentó los controles para visados
La Embajada de EE.UU. en el país fue la primera en emitir nuevas
medidas de seguridad para quienes se acercaban a su edificio a tramitar
sus visas. Una de ellas fue ampliar la información del solicitante
en el formulario para aplicar a una visa estadounidense: se pidió
una detalles del viajero y de las personas con quienes se reuniría
en el país norteamericano así como una forma rápida
de localizarlo.
Además, se eliminó por completo el trámite de buzón
para las personas que tenían vencida su visa y se implementó
la modalidad de citas con la que el aspirante estaría obligado
a entrevistarse personalmente con el cónsul. El programa de Tránsito
sin visa y Tránsito de conexión también fue eliminado
por lo que el viajero tiene que pagar por una visa aún cuando sólo
vaya de paso por ese país.
Las instalaciones de la embajada también tuvieron su restricción:
No se le permite a solicitantes hacer fila en la acera del edificio y
mucho menos permanecer allí después de las cuatro de la
tarde.
| Comentario |
| El perfil
de un terrorista |
No pocos analistas se refieren a los terroristas
como grupos de enfermos mentales. Confunden a Osama Bin Laden con
Jack “El Destripador” o el “Estrangulador de Boston”,
que mataban por matar sin más propósito que ver correr
la sangre. Esa apreciación es peligrosa y distorsiona la lucha
antiterrorista.
Los terroristas son personas perfectamente cuerdas. Están convencidos
de la nobleza de su causa: “La religión”, “la
muerte de los infieles”, “la redención del proletariado”,
“el nacionalismo a ultranza”, “tierra para quien
la trabaja”. Cosas así: lapidarias, mesiánicas
y radicales.
La verdadera tragedia está precisamente en que los terroristas
no son locos. Su corazón es sereno aunque tremendamente helado.
Los locos no saben lo que hacen. Los terroristas sí.
El terrorismo ha sido parte de todas las doctrinas extremas. Lo han
utilizado los comunistas, los fascistas, los nacionalistas, los fundamentalistas
religiosos de todas las creencias, los racistas, etc. El extremismo
y la búsqueda de poder es el denominador común del terrorismo.
Usan el terror como estrategia política. Donde hay un pueblo
ven masas a las que hay que “educar” o agitar. Más
que un discurso político usan consignas incendiarias. Para
ellos, la muerte de inocentes es sólo cuestión de estadísticas
para evaluar costos y beneficios. A veces fingen disposición
a negociar y moderación, aunque sólo estén ganando
tiempo para el próximo baño de sangre.
Los terroristas casi siempre comienzan como jóvenes idealistas
buscando la justicia y un mundo mejor y suelen terminar obsesionados
con la sangre y el poder. Esa es verdaderamente su religión
y su fanatismo. El terrorista ve en el terror un componente privilegiado
para alcanzar sus objetivos. Osama bin Laden es, no cabe duda, el
prototipo del terrorista.
Hijo de un acaudalado jeque de Arabia Saudita, pasó su infancia
y su juventud en salones de oro codeándose con príncipes
saudíes. Se educó con preceptores privados. Fue precisamente
uno de ellos el que puso en su cabeza la semilla del fanatismo. Al
joven Osama lo estremeció la brutalidad soviética en
Afganistán y se hizo militante de la resistencia afgana.
El imperio soviético colapsó y Osama, afectado por la
presencia de tropas estadounidenses en Arabia Saudita, durante la
Guerra del Golfo en 1990 se llenó de odio contra sus antiguos
aliados durante la resistencia afgana: Estados Unidos. Su alianza
con EE.UU. era de conveniencia. Tenían un enemigo común:
la Unión Soviética. En los 90, Osama alimentó
su espíritu con lo peor del fundamentalismo.
Ese fundamentalismo que no tiene nada que ver con lo que predica el
Corán. Que considera a todo aquel que tiene otras creencias
religiosas un infiel al que hay que matar en el nombre de Dios.
Los combatientes de Al Qaeda están convencidos que después
de cumplir una misión suicida se van directo al cielo. Para
ellos matar personas inocentes, incluso niños, es sólo
parte de la tarea. Los terroristas no matan por el placer de matar,
como los sicópatas. Matan para conquistar sus objetivos. No
están locos y esa es la tragedia. |

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