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Seguridad
El difícil reto de cada día

El Salvador sufrió las consecuencias de los ataques y desarrolló una serie de medidas de prevención. Lo primero fue garantizar estrictamente el perímetro de la embajada de Estados Unidos, el tráfico aéreo y la inteligencia policial y militar.


Publicada 10 de septiembre de 2006 , El Diario de Hoy

Los controles fueron redoblados en el aeropuerto y en la embajada de EE.UU. Foto EDH
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La búsqueda de Bin Laden

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Cada día las autoridades salvadoreñas afrontan nuevos retos para preservar la seguridad interna, pues no bastan los controles aéreos, terrestres y marítimos impuestos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva Yok.

Desde ese año la permanente vigilancia se ha vuelto el pan de cada día, sobre todo con grupos radicales celebrando en las calles los ataques cuatro días después de perpetrados, así como con paso libre en las fronteras y, tiempo después, siendo el país miembro de la coalición que invadió Iraq.

Ahora se prepara una ley antiterrorista, y la inteligencia tiene un papel preponderante para controlar a grupos radicales que incluso estarían armados, uno de cuyos miembros desbarató con fuego de fusilería un pelotón de antimotines y mató a dos de los agentes el pasado julio (5-J).

Por orden presidencial, en 2001 comenzó a funcionar el Consejo de Seguridad Nacional en el que fueron incluidos Policía, Fuerza Armada, el Organismo de Inteligencia del Estado, Migración y Cancillería.

Las fronteras terrestres y el aeropuerto internacional del país fueron militarizados y luego la policía tuvo que asumir la vigilancia que hasta entonces estaba en manos de personal del aeropuerto y migración.

“Quien no acate las normas de seguridad no puede viajar”
Héctor Mendoza Cordero
(Investigaciones PNC)

Grupos radicales de izquierda celebraron los atentados en 2001 Foto EDH

Equipajes, maletas y hasta los zapatos fueron revisados con minuciosidad para no dejar pasar a nadie que representara una amenaza los días siguientes a los atentados.

El aeropuerto dejó de ser custodiado por el personal de CEPA y migración y pasó a manos de más de 400 agentes de la División de Fronteras de la Policía Nacional Civil, quienes tomaron el mando en el chequeo de los pasajeros, la verificación de pasaportes y la revisión en rayos X como parte de una inspección exhaustiva antes de abordar. Incluso se adquirió equipo y detectores especiales.

Pero las inspecciones se endurecieron después del 10 de agosto de este año, cuando la policía de Inglaterra descubrió un plan para hacer explotar aviones en vuelo hacia EE.UU.

En las fronteras, la dirección de la policía impuso más control de vehículos y de documentación a los viajeros que transitaban entre los países centroamericanos.

“Cuando hemos tenido amenazas la alerta se activa”
René Figueroa
(Ministro de Gobernación)


Pero no fue hasta agosto de 2004 cuando un correo difundido a través de Internet por el grupo Brigadas Mohammed Atta Al Qaida Jihad puso en alerta máxima al país por ser el único de la región centroamericana en mantener a sus tropas militares en Iraq. Autoridades de Gobernación, inmediatamente ordenaron seguridad extrema en el aeropuerto mientras confirmaban la veracidad de los mensajes.

El Ministro de Gobernación, René Figueroa, asegura que desde esas amenazas el mecanismo se activa y el Consejo de Seguridad Nacional se reúne inmediatamente para coordinarse.

No obstante, reconoce que todavía hay mucho por hacer y que, para el caso del 5-J, ya tenían informes de que se preparaba este hecho, pero los autores se adelantaron para perpetrar la “emboscada”.

“Hemos pedido opinión de expertos para crear la ley antiterrorista”
Antonio Almendáriz
(Diputado del PCN)


Los atentados del 11 de septiembre también pusieron sobre la mesa de la Asamblea Legislativa el tema de la ley especial antiterrorista .

Dicha ley, en estudio por una comisión especial, tendría como objetivo no sólo crear los mecanismos legales en casos de atentados internacionales, sino también poner freno a actos de terrorismo como los del 5 de julio.

El diputado pecenista de la comisión de seguridad, Antonio Almendáriz, asegura que actualmente se ha pedido asesoría de expertos en el tema para que no sea letra muerta y su aplicación pueda ser efectiva.


Embajada aumentó los controles para visados

La Embajada de EE.UU. en el país fue la primera en emitir nuevas medidas de seguridad para quienes se acercaban a su edificio a tramitar sus visas. Una de ellas fue ampliar la información del solicitante en el formulario para aplicar a una visa estadounidense: se pidió una detalles del viajero y de las personas con quienes se reuniría en el país norteamericano así como una forma rápida de localizarlo.

Además, se eliminó por completo el trámite de buzón para las personas que tenían vencida su visa y se implementó la modalidad de citas con la que el aspirante estaría obligado a entrevistarse personalmente con el cónsul. El programa de Tránsito sin visa y Tránsito de conexión también fue eliminado por lo que el viajero tiene que pagar por una visa aún cuando sólo vaya de paso por ese país.

Las instalaciones de la embajada también tuvieron su restricción: No se le permite a solicitantes hacer fila en la acera del edificio y mucho menos permanecer allí después de las cuatro de la tarde.

Comentario
El perfil de un terrorista
No pocos analistas se refieren a los terroristas como grupos de enfermos mentales. Confunden a Osama Bin Laden con Jack “El Destripador” o el “Estrangulador de Boston”, que mataban por matar sin más propósito que ver correr la sangre. Esa apreciación es peligrosa y distorsiona la lucha antiterrorista.

Los terroristas son personas perfectamente cuerdas. Están convencidos de la nobleza de su causa: “La religión”, “la muerte de los infieles”, “la redención del proletariado”, “el nacionalismo a ultranza”, “tierra para quien la trabaja”. Cosas así: lapidarias, mesiánicas y radicales.

La verdadera tragedia está precisamente en que los terroristas no son locos. Su corazón es sereno aunque tremendamente helado. Los locos no saben lo que hacen. Los terroristas sí.
El terrorismo ha sido parte de todas las doctrinas extremas. Lo han utilizado los comunistas, los fascistas, los nacionalistas, los fundamentalistas religiosos de todas las creencias, los racistas, etc. El extremismo y la búsqueda de poder es el denominador común del terrorismo.

Usan el terror como estrategia política. Donde hay un pueblo ven masas a las que hay que “educar” o agitar. Más que un discurso político usan consignas incendiarias. Para ellos, la muerte de inocentes es sólo cuestión de estadísticas para evaluar costos y beneficios. A veces fingen disposición a negociar y moderación, aunque sólo estén ganando tiempo para el próximo baño de sangre.

Los terroristas casi siempre comienzan como jóvenes idealistas buscando la justicia y un mundo mejor y suelen terminar obsesionados con la sangre y el poder. Esa es verdaderamente su religión y su fanatismo. El terrorista ve en el terror un componente privilegiado para alcanzar sus objetivos. Osama bin Laden es, no cabe duda, el prototipo del terrorista.

Hijo de un acaudalado jeque de Arabia Saudita, pasó su infancia y su juventud en salones de oro codeándose con príncipes saudíes. Se educó con preceptores privados. Fue precisamente uno de ellos el que puso en su cabeza la semilla del fanatismo. Al joven Osama lo estremeció la brutalidad soviética en Afganistán y se hizo militante de la resistencia afgana.

El imperio soviético colapsó y Osama, afectado por la presencia de tropas estadounidenses en Arabia Saudita, durante la Guerra del Golfo en 1990 se llenó de odio contra sus antiguos aliados durante la resistencia afgana: Estados Unidos. Su alianza con EE.UU. era de conveniencia. Tenían un enemigo común: la Unión Soviética. En los 90, Osama alimentó su espíritu con lo peor del fundamentalismo.

Ese fundamentalismo que no tiene nada que ver con lo que predica el Corán. Que considera a todo aquel que tiene otras creencias religiosas un infiel al que hay que matar en el nombre de Dios.

Los combatientes de Al Qaeda están convencidos que después de cumplir una misión suicida se van directo al cielo. Para ellos matar personas inocentes, incluso niños, es sólo parte de la tarea. Los terroristas no matan por el placer de matar, como los sicópatas. Matan para conquistar sus objetivos. No están locos y esa es la tragedia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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