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Alza. La cifra de conductores de autos de alquiler
crece.
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Yanci Pérez
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
No es fácil ganarse la confianza de un taxista; todos están
herméticos por la ola de crímenes que desde hace varios
meses afecta al gremio.
César (nombre ficticio) trabaja en un vehículo de alquiler
y vive preocupado por el riesgo de ser asesinado. Está abatido
y espera que “pronto alguien solucione las cosas”.
Antes de hablar del tema, pide que no le hagan fotos ni le identifiquen.
“Usted sube al taxi como cliente y conversamos”, agrega, mientras
ve hacia todos lados en busca de “controladores”, como llaman
a los pandilleros que verifican el trabajo que realiza cada día.
Pide la credencial del periodista para asegurarse de que no es un imostor,
el número del Documento Único de Identidad y reitera que
no quiere que se le identifique, porque “estas cosas que le voy
a contar me pueden costar la vida”.
César sostiene que varios de los crímenes de los últimos
días se deben a que muchos taxistas están hartos de pagar
un impuesto a los pandilleros, y agrega que “los matan” porque
han dejado de cancelar.
En su opinión, no todos los homicidios del sector transporte obedecen
a esa causa (el chantaje), y admite que muchos de los ultimados “andaban
metidos en cosas chuecas”.
Asegura que ni él ni sus colegas confían en la PNC. “Ellos
también tienen miedo (PNC). Uno de mis clientes trabaja ahí,
es jefe de una área. Él me contó que algunos agentes
que tienen tienditas o negocios también pagan para no meterse en
problemas”, explica.
Afrontar el problema
Dice que taxistas y empleados del transporte público deben unirse
y hacer frente a los pandilleros.
“No debemos dejar que nos ganen el valor”, dice al indicar
que muchos piensan en tomar sus propias medidas de seguridad.
Para él, la idea nace por instinto de supervivencia, y “hay
compañeros que están dispuestos a lo que sea, con tal de
trabajar en paz”.
Agrega que cuando sale de su casa no le queda más que persignarse
y rezar: “De la muerte, líbranos Señor”.
César dejó de vender discos piratas por acoso de la policía
y pidió ayuda a familiares para comprar un taxi.
“Antes los policías me jodían por vender discos (piratas);
ahora que he buscado una forma legal para dar de comer a mis hijos, no
me dan seguridad. Si algo me pasa le pido a Dios que mis cipotes no sufran”,
dice y se estaciona. Me bajo y él se retira.
Ocho hombres que trabajaban como taxistas han sido el blanco de la violencia,
atribuida, por lo general, a miembros de pandillas que operan en San Miguel.
Pese a que en la delegación migueleña de la policía,
optaron por negar la información de los homicidios, las estadísticas
muestran que los taxistas se han convertido en un blanco de presuntos
pandilleros que buscan el pago de extorsiones.
En menos de una semana asesinaros a tres de ellos. Dimas Membreño
fue ultimado de un tiro en la entrada de un centro comercial. El asesino
abordó un microbús de la Ruta 13 que circula de la colonia
Palo Blanco a la colonia Aurora.
El sujeto cambió de microbús más adelante, por la
Avenida José Simeón Cañas, a la altura de la 15a.
Calle Oriente, abordó otro vehículo similar.
La Fiscalía informó que José Rivera, de 37 años,
y Luis Ochoa, fueron citados en vías de investigación.
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